Salud pública

Cómo ir en bici por una ciudad contaminada y no morir en el intento

Consejos para huir de los malos humos: andar a entre dos y seis kilómetros por hora y desplazarse en bici a entre 12 y 20.

Una mujer anda en bicicleta por la ciudad

Una mujer anda en bicicleta por la ciudad Getty Images

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Además de esperar a que Manuela Carmena te diga cada noche si puedes coger el coche al día siguiente, hay algo que puedes hacer por tu propia salud los días en que la contaminación acecha: regular la velocidad a la que te desplazas como ciclista o peatón. Inhalar más o menos contaminación depende del tiempo que tardamos en realizar un recorrido, pero si lo hacemos muy rápido nuestros pulmones nos pedirán más aire y acabaremos tragando más humos. Es decir, que hay una velocidad ideal dependiendo de las características físicas de cada persona y su forma de desplazarte.

La contaminación en las grandes ciudades españolas, especialmente la ya famosa boina de Madrid, se convierte en noticia cada vez que se rebasan ciertos límites peligrosos para la salud. En particular, el dióxido de nitrógeno (NO2) comienza a ser un gas tristemente familiar. Procede sobre todo del tráfico rodado, puede irritar los pulmones, disminuir la función pulmonar y la resistencia a las enfermedades respiratorias, y es especialmente peligroso para niños, mayores y personas que ya sufren alguna enfermedad respiratoria.

Por eso, una de las medidas más habituales en momentos de crisis es reducir la velocidad a la que deben ir los vehículos. La teoría es sencilla: a menor velocidad se consume menos carburante y, por lo tanto, se reduce la emisión de contaminantes y sus efectos sobre la salud. Sin embargo, un estudio de la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver (Canadá) propone ahora una variable que pueden controlar las víctimas que no tienen más remedio que respirar la contaminación: su propia velocidad de desplazamiento como viandantes o usuarios de bicicleta. Los ciclistas deberían circular a una velocidad de entre 12 y 20 kilómetros por hora y los peatones, andar a entre dos y seis.

Dicho así no parecen cifras muy precisas para una investigación científica basada en datos de 10.000 personas, pero se trata de "un modelo realizado usando ecuaciones previamente desarrolladas a partir de datos sobre ciclistas en carretera y tasas de respiración de los peatones", explica a EL ESPAÑOL Alex Bigazzi, responsable del estudio.

Cuestión de sexo y edad

Al desmenuzar los datos, encontramos que, de media, los ciclistas menores de 20 años deberían desplazarse a 12,5 kilómetros por hora en una carretera plana. Sin embargo, los ciclistas masculinos de este mismo grupo de edad deberían hacerlo a 13,3 y la velocidad ideal para quienes tienen entre 20 y 60 años, agrupando hombres y mujeres, se sitúa entre los 13 y los 15 km/h. Es decir, que la edad y el sexo son factores fundamentales para realizar el cálculo.

Ocurre lo mismo con los peatones. Caminar a tres kilómetros por hora es ideal para los menores de 20 años de los dos sexos, mientras que los mayores de esta edad deberían desplazarse a un kilómetro por hora más rápido si desean respirar la menor cantidad de contaminación posible en un determinado trayecto, según los datos publicados en la revista International Journal of Sustainable Transportation.

Para Bigazzi, ingeniero y experto en transporte, la idea de realizar un estudio sobre cómo la velocidad de desplazamiento puede influir en la inhalación de contaminantes surgió de su propia experiencia personal, ya que utiliza la bici a diario. De hecho, lo más probable es que los resultados le hagan apretar el freno con más frecuencia, ya que si un ciclista viaja alrededor de 10 kilómetros por hora más rápido que la velocidad óptima, su inhalación de partículas contaminantes es significativamente mayor. "En trabajos anteriores, medimos los contaminantes absorbidos por los ciclistas durante un trayecto a través de una muestra de su aliento", explica el investigador, "lo cual es una forma indirecta de medir la cantidad de contaminación que finalmente llega a su torrente sanguíneo".

Las conclusiones no sólo proporcionan información a las personas sobre cómo la velocidad a la que se desplazan afecta a su salud, sino que además "proporciona datos útiles para comprender cómo el sistema de transporte afecta a la salud pública", afirma el autor del trabajo.

A pesar de que la contaminación es muy diferente en unas ciudades y en otras, en distintos punto de la misma ciudad y en diferentes momentos, los datos del estudio son independientes de la concentración de contaminantes en el aire, según los científicos.

A pesar de todo, hagan deporte

Por otra parte, los investigadores no quieren que su trabajo disuada a la gente de realizar ejercicio de forma intensa al aire libre, ya que los beneficios del deporte para la salud están más que contrastados. No obstante, algunos estudios indican que factores externos como la contaminación tienen una influencia importante. De hecho, otra investigación que acaba de salir a la luz apunta a que los aspectos positivos que tiene el ejercicio físico para las vías respiratorias se ven reducidos cuando la polución es alta.

En cualquier caso, los propios autores del estudio creen que no es necesario obsesionarse con la velocidad de desplazamiento, ya que tras analizar todos los datos se muestran optimistas: la velocidad ideal que han calculado para cada tipo de desplazamiento se acerca mucho a la velocidad real a la que se mueve la mayoría de la gente.