Virus Zika

Este hombre tiene la llave contra el Zika

Hablamos con el creador del primer test comercial para detectar el Zika, una infección que ya afecta a entre tres y cuatro millones de personas.

Bhatia, con su invención en primer plano.

Bhatia, con su invención en primer plano. Reuters

De los más de tres millones de casos del virus del Zika registrados en el mundo, la OMS cree que aproximadamente un millón y medio se han dado en Brasil. La cifra, sin embargo, es difícil de precisar porque existe mucha gente -un 80% de los casos- que, pese a contraer el virus, no desarrolla síntomas de enfermedad. El ministro de Sanidad brasileño, Marcelo Castro, declaró la semana pasada que se está luchando "como nunca antes contra el Aedes", es decir, la clase de mosquitos que transmite tanto el virus del Zika como el dengue o la fiebre amarilla.

Además, Castro anunció que el gobierno carioca está desarrollando un test de diagnóstico rápido que comenzará a utilizar durante las próximas semanas. Hasta el momento, tienen que conformarse importándolo de Europa.

La empresa de biotecnología Genekam, en Colonia, al norte de Alemania, se afana ahora en exportar a Brasil los tests contra el Zika que llevan desarrollando en los últimos meses. Su creador y CEO de la compañía, el virólogo Sudhir Bhatia, reconoce a EL ESPAÑOL que empezó a trabajar en el dengue, pero se centró posteriormente en el Zika "debido a la reciente epidemia" que comenzó en mayo de 2015. El de Genekam es el único test comercial en el mundo capaz de detectar el virus con gran fiabilidad. Antes, la única forma de saber si alguien estaba infectado era mediante pruebas de laboratorio como la PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa).

Una prueba del test contra el Zika de Genekam.

Una prueba del test contra el Zika de Genekam.

"El mayor problema en el diagnóstico del virus Zika es que no tenemos ningún test fiable", dice Bhatia. Los test rápidos, el ELISA (que emplea una enzima y un anticuerpo para detectar un antígeno contra el virus) y otras pruebas serológicas no tienen niveles altos de certidumbre, o bien necesitan a un paciente avanzado, casi con los primeros síntomas, para dar en el clavo. "El Zika es un virus muy parecido al dengue, es un flavivirus, sus genes consisten en una única cadena de ARN, lo que significa que si usas un test ELISA para buscar anticuerpos probablemente no obtengas el resultado correcto, necesitas otra tecnología".

Además, este científico advierte que los tests serológicos, los que buscan anticuerpos, pueden dar falsos positivos si a alguien se le ha administrado una vacuna contra, por ejemplo, la fiebre amarilla, debido a la similitud de ambos virus.

La prueba de Genekam, por contra, busca directamente el material genético del virus. "Nuestro test tarda entre dos y tres horas, pero una vez lo tienes, el resultado es muy, muy correcto", explica el virólogo alemán. "Pero, más importante aún, el test señala qué cantidad de virus hay en la sangre. Esto es muy importante, porque cuando alguien está enfermo es porque ésta es muy alta, pero si tiene poca carga viral no presenta síntomas, aunque igualmente tiene el Zika y puede transmitirlo".

Como sucede con todo brote epidémico en países en desarrollo, otro de los inconvenientes es la falta de personal médico especializado. En zonas rurales de Brasil, Guatemala o El Salvador, la falta de medios es un hándicap tan importante como el propio virus. A priori, para el test creado por Bhatia basta con poner un par de gotas de sangre en una tira de papel, lo que, a su juicio, es una de las grandes ventajas de esta tecnología. "Además, podemos conocer el vector y saber qué tipo de mosquito habita en un área en particular, añade".

Sin embargo, Bhatia advierte de que para usar su invento conviene que un enfermero o un médico anden cerca, no porque sean imprescindibles sino para "evitar errores" y no comprometer sus porcentajes de fiabilidad.

Los viales ya están surcando el Atlántico hacia Brasil a un precio de cinco euros por test, una cantidad sin duda accesible para un alemán, pero no tanto para los ciudadanos de un país que lleva meses hundiéndose en la recesión, con el paro en ascenso y el valor del real -la moneda nacional- en caída libre. "Cuando los pedidos aumenten podremos ir ajustando los precios", dice Bhatia, aunque confiesa que no trata con el gobierno de Dilma Roussef sino con mayoristas. "Trabajamos directamente con los distribuidores, los gobiernos están llenos de burocracia y este es un problema grave, hay que tratar con especialistas".