La Trinchera

De toros y toreros: un lugar para el aficionado en la boca del león.

Pedro Gutiérrez Moya, 'El Niño de la Capea', saluda al público en Bilbao.

Pedro Gutiérrez Moya, 'El Niño de la Capea', saluda al público en Bilbao. EFE

Taurino Go

En una reserva de algo más de un kilómetro, durante esta semana, el taurino estaba en Bilbao por todas partes. Las Corridas Generales dan lugar a un microclima excelente y florece todo tipo de fauna. No hay horas y el día se divide en coloquio, corrida y Ercilla. El Loro Park del aficionado. El kit de safari cambia el sombrero por algún motivo rosa esparcido entre el conjunto. Y los taurinos van de un lugar para otro por carriles en el asfalto, apurando ciegamente querencias, copas y comidas. La vida es nuestra.
'Taurino Go' sería perfecto en este tipo de ferias. Es imposible identificar a todos los que han salido alguna vez en el plus, que es nuestro Hall of fame cuqui. "¡Un apoderado salvaje apareció!". Y la afición alrededor observándolo, tirándole tuits en mayúsculas a ver si se mueve. 
-¿Por qué anda así aquel?
-Es un empresario tipo aire. 
Es recomendable la taurinoparada del Hotel Ercilla, un hervidero con el cebo de la cueva. El único sitio de la temporada donde pueden abrevar juntos matadores y aficionados. En el Carlton están los míticos. El monumental hotel marca la frontera imaginaria entre todo eso y el resto de la ciudad. Un muro.
Los toros ocupan tanto en Bilbao durante la feria que en realidad no se ven. Todo ese ambiente se va difuminando, las referencias se pierden en la cuesta abajo de la plaza Abando y si se alcanza el casco viejo, a esas alturas lo mismo ya se ha olvidado que existe una plaza de toros. Todo es radicalmente distinto. Varias pegatinas con el mítico toro negro desangrándose con ¡dos espadas! y unas cuantas banderillas sustituyen a los carteles y a los anuncios de coloquios. No queda nada taurino cerca del río. Alguna grito anti adorna una pared. Las Corridas Generales no se organizan para esa parte. 
La fractura, en el lugar donde más gente se mueve, con ríos de personas circulando entre museos, por los puentes, acumulados en la plaza de la Convivencia, en torno a la catedral, podría explicar muchas cosas. Miles de personas viven de espaldas a Vista Alegre sin la sensación de que les falte. La burbuja está ya desinflada, manoseada y agotada por los mismos de siempre, que somos todos. Apenas queda oxígeno dentro. Fuera brilla el sol. La vida sigue sin toros, como si ya no tuviera remedio ni vuelta atrás. El futuro, qué diría Cuartango, brilla delante virgen y verde.