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Mireia Belmonte: "Hay más medios en otros países, infinitamente más que aquí"

EL ESPAÑOL habla con la nadadora española, doble medallista de plata en Londres 2012, que se encuentra en plena preparación para los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Mireia Belmonte, una de las grandes esperanzas del olimpismo español en Río.

Mireia Belmonte, una de las grandes esperanzas del olimpismo español en Río. EFE

Mireia Belmonte (Badalona, 1990) ha sido reina bajo el agua, esperanza olímpica en lo terrenal y modelo para niñas que comparten su mismo hobby. La campeona mundial, europea y doble subcampeona en los Juegos de Londres recibe a EL ESPAÑOL entre la espartana y siempre exigente preparación para Río 2016 y el normal agobio por lo mucho que tiene que hacer hasta entonces. No habla mucho, pero sentencia. En cualquier caso, basta con que vuelva a tocar metal en Brasil.

¿Es muy complicado ser Mireia Belmonte? ¿Qué es lo que más le fastidia de ser nadadora profesional?

Para mí no es complicado. Soy una mujer que disfruta y vibra con la natación y no creo que haya nada negativo. Me ha dado mucho. Y, al final, es con lo que me identifico como persona a pesar de que conlleve una gran capacidad de sacrificio.

Cuando eres niño/a siempre hay una madre que grita: '¡Sal de la piscina, niño, que vas a arrugarte!'. ¿Se lo ha dicho alguien a usted? ¿Cómo se vive todo el día metido ahí dentro con asma y alergia al cloro?

De pequeña, recuerdo que alguna vez me dijeron: '¡Sal del agua que te van a salir escamas!'. Dicho esto, la alergia al cloro y la escoliosis me la diagnosticaron de pequeña, pero ya me voy acostumbrando. Es difícil nadar en piscinas donde hay mucho cloro o cuando la ventilación no es la adecuada. Tener esta alergia en muchas ocasiones me impide rendir al cien por cien y dificulta los entrenamientos. Aunque en esas ocasiones, no pienso en que no puedo respirar, sino en que entrenar en esas condiciones me hace más fuerte y me aproxima a mi objetivo.

¿Qué recuerda de cuando era niña y empezó con todo esto? ¿Por qué la natación y no, por ejemplo, la hípica?

Cuando tenía cuatro o cinco años me diagnosticaron una leve escoliosis, y la natación era la terapia para corregirla. De hecho, siempre me vienen recuerdos felices de esa época. Fue un tiempo muy feliz en mis primeros cursillos de natación. Más adelante, cuando empecé a competir y a ganar mis primeros títulos, vi en la natación una forma de vida. Me gustaba tanto nadar que no me importaba entrenar. De ahí que entienda que las pasiones por mi deporte han constituido parte sustancial de los resultados que he ido consiguiendo a lo largo de mi carrera deportiva.

En Río va a competir en 200 mariposa, 400 libres, 800 libres, 400 estilos, 200 estilos, 1.500 libres y va al Preolímpico de aguas bravas. Cansa de sólo decirlo. ¿Cómo se preparan tantas pruebas en tan sólo un año?

Mi preparación y la planificación de mis entrenamientos van enfocadas a competir en esas pruebas. Y cuando está el reto de unos Juegos Olímpicos por delante, que se preparan cada cuatro años, todo ello conforma parte de una única estrategia, la de competir, hacerlo al máximo nivel y optar a los mejores resultados. Obviamente, desde el compromiso y el esfuerzo diario de una planificación muy exigente y exhaustiva.

¿Cuál es su plan de entrenamientos de aquí a Río?

La disciplina de la natación requiere un entrenamiento constante, exigente y de muchas horas en la piscina. Podría afirmar que entre 18 y 20 kilómetros diarios, a lo que hay que unir el entrenamiento en el gimnasio. Son jornadas muy duras de trabajo intentando buscar los movimientos perfectos que nos hagan ser más eficaces y rápidos. Una precisión en lo que se entrena que, obviamente, hay que conjugar con el descanso, la nutrición y la recuperación.

Si nuestro cuerpo no se recupera bien del trabajo realizado durante el día, es imposible que el día siguiente pueda rendir al máximo. Por eso es importante prestar mucha atención a las horas de sueño, a los alimentos que comemos y hacer bien las pautas de recuperación y prevención con el fisioterapeuta.

Brigitte Yagüe dijo en su día, tras retirarse, que le daba algo si le decían que tenía que ir a los Juegos por lo exigente que es la preparación. ¿También le da algo a usted de vez en cuando?

No, para mí participar en los Juegos Olímpicos es el mayor privilegio al que se puede enfrentar una deportista. Siempre lo afronto con determinación, confianza y con la máxima concentración.

¿Cuánto sacrificio supone ganar unas décimas (o segundos)?

Las décimas son proporcionales a la capacidad de entrenamiento. Se necesita una gran capacidad de concentración.

Entrenar, comer, dormir… Lo suyo es casi una vida monacal… ¿Obsesionarse con lo que uno hace es necesario para llegar a estar en el podio?

Para mí la natación es una forma de vida. Tengo un compromiso con mi deporte, que es mi pasión.

Mireia Belmonte nada durante una competición.

Mireia Belmonte nada durante una competición. Getty Images

Imagino que la disciplina y el sacrificio son básicos para llegar a su nivel. ¿Se machaca mucho cuando no llegan los resultados? Aunque, a juzgar por sus números, se le resisten pocas cosas…

Al final, la clave de todo es tener una buena planificación en tu carrera. Hay que dejar lo menos posible a la improvisación.

Es una de las esperanzas de España en Río. ¿Siente la presión?

Mi compromiso es firme con hacer un buen papel. Es un privilegio, simplemente.

El vestuario, la piscina, el estadio olímpico... Nada, se cuelga la medalla... ¿Qué siente desde el primer momento y, en concreto, cuando está sobre el podio y está sonando el himno de España?

Es un momento mágico en el que sientes que el trabajo está bien hecho. Y, bueno, también, internamente, le agradeces mucho al grupo de personas que han estado contigo y te han ayudado. Y luego hay muchas personas que comparten tu felicidad y tienen derecho a sentirse partícipes del triunfo. Quizás, a veces, me gustaría celebrarlo de manera más efusiva, pero el resto de nadadoras merecen un respeto y tienes que reprimir las emociones en ese momento, pero siempre sale alguna lagrimilla [risas].

El deporte femenino en España, con usted a la cabeza, ha alcanzado cotas nunca vistas. ¿Cómo cataloga la evolución del deporte femenino en todo este tiempo, ha notado que el número de patrocinios y su repercusión han ido parejas a este fenómeno? ¿Se las valora como merecen?

Es cierto que cada día la mujer tiene un papel más relevante en todos los ámbitos de la vida, - ganado a pulso-, nadie nos regala nada. Cada día es más habitual leer noticias sobre cómo las mujeres optan por merecimientos propios a dirigir grandes empresas. De hecho, hay ejemplos significativos en el campo de los negocios, la cultura, la ciencia, la investigación...En cuanto al deporte, no deja de ser un ejemplo más del coraje y tenacidad que le ponemos las mujeres cuando decidimos cumplir nuestros sueños.

Los deportistas entrenamos duro cada día, dando lo mejor de nuestra juventud por la ilusión de mejorar nuestros límites. Esta ilusión hace que algunas federaciones dispongan de un buen presupuesto de las arcas públicas, que se reparte entre empleados técnicos y mantenimiento de algunas instalaciones -y que necesitamos-. Aunque he de reconocer que para los deportistas llega muy poco dinero. Hablando de mi deporte y de mi disciplina, hay muchos más medios en otros países, infinitamente más que en el nuestro.

¿A qué tiene miedo Mireia Belmonte (si tiene a algo) y a qué respeto?

Tengo todo el respeto a las compañeras que compiten contra mí y a su capacidad de ser grandes deportistas.

Tiene 25 años y cada vez se plantea nuevos retos (estudios incluidos en la UCAM). ¿Qué cosas raras (o no raras) le gustaría proponerse en todo lo que le queda de carrera?

Mis retos son las próximos Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020, y terminar mis estudios de Relaciones Públicas y Publicidad en la UCAM. A partir de ahí…

Por último, ¿qué sueño le queda por cumplir y cómo le gustaría que la recordasen?

Ahora mismo, mi sueño -y mi reto más inmediato- es mejorar los resultados que conseguí en los Juegos de Londres 2012. Y quizás permanecer en ese imaginario colectivo como una buena persona y una buena deportista. Eso estaría bien… [risas].