Marta Robles: “De mis personajes suelo decir que sé hasta en qué lado de la cama duermen”
La escritora presenta El anillo de Eloísa, Premio Ateneo de Sevilla, mientras continúa con la promoción de Amada Carlota, la dirección del Festival Literario Rosa y Negro y tantas otras actividades.
La escritora presenta El anillo de Eloísa, Premio Ateneo de Sevilla, mientras continúa con la promoción de Amada Carlota, la dirección del Festival Literario Rosa y Negro y tantas otras actividades.
“Rubia, alta, vistosa y risueña”, así es la protagonista de la última novela de Marta Robles (Madrid, 1963), El anillo de Eloísa (Ed. Almuzara), Premio Ateneo de Sevilla de novela 2026. Estará en librerías a partir del 6 de octubre.
La escritora confiesa cierto pudor con esta su obra más autobiográfica: “No porque la protagonista sea yo, ni mi familia esconda secretos extraordinarios, sino porque describe una época que yo he vivido y encierra mi mirada; pero insisto no es mi vida.”
Eloísa y Marta Robles comparten, además del físico, una actitud vital mediante la cual intentan comprender y no juzgar. Esa cualidad también se encuentra en su mítico personaje, el detective Toni Roures.
“Hay un momento- comenta la escritora- en el que descubres que, por encima de la inteligencia, de la belleza y de casi todos los atributos, está la bondad.”
No hay disputa entre la Marta periodista -fue la primera mujer en presentar el telediario de las 9- y la Marta escritora: “Creo que los periodistas, cuando se meten a novelistas tienen que sujetar las riendas, como con los caballos, porque si no, nos podemos pasar de contar cosas y romper el ritmo de la narración.”
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En marzo pasado, la escritora abandonó las tertulias en televisión tras muchos años. El motivo: una apretada agenda de producción literaria, periodística, conferencias y actos públicos. Pero también, porque ha cambiado la manera de hablar sobre política.
“Yo creo que mantener la independencia es algo muy importante en la vida de un periodista -explica a Magas. - Y ahora las tertulias piden a los contertulios que se signifiquen. Tú puedes tener una ideología, pero luego tienes que tratar de mantenerte lo más ecuánime.”
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Marta Robles se rebela contra prejuicios, sociales e ideológicos. Ha luchado desde joven para que no la encasillen- ni la rubia de la tele, ni la pija, ni la progre…-, y que la valoren por sí misma y su trabajo. En esto ha demostrado carácter, a pesar de la inseguridad que tiene desde niña y de la que ha hablado públicamente.
"Uno debe tener resistencia a la frustración. Saber que el éxito es un impostor, porque es simplemente la otra parada del fracaso. Y que a veces nos va bien, otras mal. Y no por eso somos necesariamente mejores o peores"- Marta Robles
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¿Cómo la ha ocultado?, pregunto viendo ante mí a una mujer simpática, entusiasta y tenaz: “Pues con unos tacones muy altos y una gran sonrisa - contesta riéndose-. Aprendes a domesticar la inseguridad y agradecerle algunos logros. La parte buena es que controla la arrogancia”.
“He tenido el carácter necesario para afrontar la vida y seguir adelante -continúa-. Antes, les decía a nuestras compañeras jovencitas que la vida son dientes de sierra. Uno debe tener resistencia a la frustración. Saber que el éxito es un impostor, porque es simplemente la otra parada del fracaso. Y que, a veces nos va bien, otras mal. Y no por eso somos necesariamente mejores o peores.”
La entrevista tiene lugar en el hotel Mercer de la calle Ruiz de Alarcón tras la sesión de fotos. Se despide de las compañeras del equipo de producción invitándolas a un concierto de The Boston Babies, grupo en el que canta su hijo. Los he googleleado y son muy buenos, cañeros con calidad. Ganaron el concurso de Rock&Roll Villa de Madrid.
La nueva novela de Marta Robles El anillo de Eloísa va a coincidir con la promoción de Amada Carlota, la cuarta de la saga del detective Roures, que ha tenido muy buena acogida entre los lectores.
El anillo de Eloísa narra la historia familiar de cuatro mujeres de distinta generación entre finales del siglo XIX y principios del XXI. A través de la protagonista, que nace en los 60 y es todavía una niña cuando muere Franco, la novela va mostrando el enorme cambio que ha experimentado la mujer y, con ella, el conjunto de la sociedad española.
“Es una novela compleja por su estructura- añade la escritora-, por la cantidad de personajes y por la vocación que tiene de cubrir unas décadas de la sociedad española que no han ocupado mucho espacio en nuestra literatura”.
El anillo de Eloísa es como un collar de cuentas con historias de personajes dispares que, de alguna manera, van configurando, quizá más que la personalidad de la protagonista, su manera de entender el mundo: la complejidad humana, sus contradicciones, los dramas, las miserias y alegrías…
Creo que tiene una estructura que pretende parecer autobiográfica, episódica y no lineal. Un poco al estilo de La vida exagerada de Martín Romaña, de Bryce Echenique, que fue una novela que me marco en la adolescencia.
Y, luego, me esmero mucho en construir cada uno de los personajes; no tanto su físico, salvo cuando me parece importante destacarlo por algún motivo concreto, como su manera de pensar, de sentir y de vivir. Me parece indispensable para que resulten creíbles. Suelo decir que sé hasta en qué lado de la cama duermen.
Hay personajes de la novela que usted ha conocido muy de cerca. ¿Alguno que le haya inspirado?
Mi abuela materna: le tenía una admiración y un respeto reverenciales. Pero, como siempre ocurre, cuando se pasan por el tamiz de la imaginación, una vez escritos, son otros.
Ella era una mujer de una clase social baja que se casó con un señorito. Aunque no estudió carrera, sacó unas oposiciones. Aprendió inglés, hacía traducciones, jugaba al tenis y montaba a caballo. Estuvo trabajando hasta el final. Tenía un carácter increíble. Sacó a sus dos hijas adelante sola porque a mi abuelo lo mataron en la guerra.
La novela muestra distintas maneras que han tenido las mujeres de afrontar el matrimonio. ¿Qué cree que influye más: la educación familiar, el carácter, la suerte…? Por supuesto, los avances sociales.
Los avances sociales han sido fundamentales para que muchas mujeres pudieran siquiera plantearse enfrentarse a las normas establecidas y rechazar prácticas que les han hecho mucho daño.
Por supuesto, la educación familiar, el carácter y la suerte determinan el camino. Pero cuando las normas exigen no abandonarlo, aunque sea aterrador, es muy difícil atreverse a hacerlo y siempre suele conllevar mucho dolor; incluso cuando se triunfa al final.
Hasta hace muy poquito, los derechos de las mujeres en España eran prácticamente inexistentes. E incluso ahora, en pleno siglo XXI, las mujeres que se enfrentan no ya a la legalidad, pero sí a los tabúes salen muy mal paradas. De esto hablaba también en Amada Carlota. Cuando las mujeres sufrían maltrato o abusos permanecían calladas porque ¿quién las iba a creer? Pero es que la honra en el siglo XXI sigue siendo cosa de mujeres.
Ese es el caso de Magdalena en Amada Carlota, ¿quién la va a creer?
¿Quién me va a creer? ¿Qué pasa con mis hijos? ¿Dónde me voy? ¿Tengo recursos? Curiosamente, esas mismas preguntas se las siguen haciendo ahora chicas jovencitas cuando sufren un abuso en la facultad y se expone contenido sexual suyo. Entonces se preguntan: ¿Cómo lo justifico? ¿Quién me va a creer? ¿Tendré alguna culpa? Y eso es de antes y de ahora. Todo esto aparece en Amada Carlota.
El desencuentro con el padre es un tema recurrente en su obra. El padre de Eloísa no apoya su decisión de estudiar Psicología ni reconoce el esfuerzo que supone para ella pagarse la carrera trabajando. Tampoco lo hizo el suyo, aunque usted estudió Periodismo. ¿Observar ese conflicto desde distintos ángulos cumple de alguna manera la función de exorcizar?
Yo creo que sí intento exorcizar ese episodio doloroso de mi vida y, de algún modo, también ofrecer herramientas a los lectores para que, si les parece oportuno, hagan lo mismo.
¿La desaprobación paterna se supera?
Fíjate, cuando murió mi padre, muchas personas recalcaron lo orgulloso que estaba de mí. Me hubiera gustado que me lo hubiera dicho. Eso me ha servido para saber decir a mis hijos lo orgullosa que estoy de ellos y lo mucho que los quiero.
Creo que la desaprobación te duele siempre. No sé si se supera o no. Incluso personas exitosísimas, cuando les ha faltado la aprobación de su padre o de su madre, también te cuentan que tienen ese dolor.
Decía usted que muchas historias pueden parecer exagereadas, pero son reales…
Yo creo, como Oscar Wilde, que la mejor herramienta para hablar de las cosas serias es el humor. El anillo de Eloísa está lleno de exageración y de humor. Y luego, obviamente, las historias reales ficcionadas están perfectamente mezcladas con las que son pura y dura ficción.
En sus novelas aparecen brevemente personalidades reales que ayudan a contextualizarlas. En El anillo de Eloísa son especialemte conmovedores la viuda de un policíal nacional asesinado por ETA delante de sus hijos pequeños, una víctima de abusos sexuales intrafamiliares y Cristina Almeida. ¿Por qué estos casos?
ETA tenía que aparecer en esta novela porque estaba muy presente en esa época y nos marcó a todos. Elegí ese episodio por la crudeza y porque fue incomprensible.
Luego, conocí a la víctima de abusos sexuales intrafamiliares cuando fui al Centro Norte a hacer un reportaje sobre los embarazos adolescentes estando de prácticas en la revista Tiempo. Me dejó muy tocada.
Por entonces, también, conocí a las dos Cristinas, Almeida y Alberdi. Quise homenajearlas por tanto que hicieron por las mujeres maltratadas en aquellos años en los que no había ley de violencia de género. Además, cuento que, en la época de los primeros divorcios, el nombre de Cristina Almeida era temido entre los maridos.
La promoción de El anillo de Eloísa va a coincidir con el Festival Literario Rosa y Negro que usted dirige y se celebrará del 19 al 21 de octubre. ¿Qué tienen en común ambos géneros?
El título del festival es un homenaje a esa grandísima obra de Stendhal que es Rojo y Negro y que nace, precisamente, de una crónica de tribunales, de un suceso de los que conforman habitualmente la crónica negra. ¡Y fíjate en lo que se convierte!
Curiosamente son los dos géneros más denostados y poco valorados de la historia y, sin embargo, los que más aceptación tienen en la actualidad. Ambos hablan de lo único importante en la vida: el amor y la muerte.
Me gustaba la idea de enfrentar los prejuicios de los escritores de las novelas romántica y negra. Y demostrar que tras los géneros -como tras los sexos- no hay literatura mayor o menos, sino solo literatura buena y mala.
“Siempre queremos pensar que el malvado tiene cara de malo. Nos inquieta mucho pensar que ese vecino alto, guapo, rubio, con tres perros, es un descuartizador de mujeres. También que el bien y el mal están dentro de nosotros”- Marta Robles
Si hay un género que no ha escrito Marta Robles, es el rosa. Por el negro siente pasión desde la infancia. Acaba de ganar con Amada Carlota el Premio Lloret Negre 2026 a la mejor novela negra publicada en español. Además, dirige la colección SinFicción (Editorial Alrevés): “A diferencia del true crime de Truman Capote, el contenido tiene que ser real y contrastado, incluso los diálogos, pero con estructura de novela negra. Es un trabajo de muchísimo rigor para el que contrato a grandes escritores.”
La novelista cree que la crónica negra nos interesa, no tanto por el morbo, sino porque necesitamos entender por qué se produce el mal: “Siempre queremos pensar que el malvado tiene cara de malo. Nos inquieta mucho pensar que ese vecino alto, guapo, rubio, con tres perros, es un descuartizador de mujeres. También que el bien y el mal están dentro de nosotros.”
¿Una cualidad que aprecie?
La bondad.
¿Algo que deteste?
La mala educación. Porque, además, creo que es de malas personas.
¿Un sueño por cumplir?
Tengo unos nietos maravillosos a los que adoro, pero me gustaría ver a los hijos de mis hijos, que no están en la carrera de casarse ni nada de momento.
Teniendo familia numerosa, ¿en su casa ha reinado el orden o ha sido un caos?
(Se ríe) A mí me cuesta mucho ser ordenada... Somos una familia reconstruida. Estas son siempre complejas, tardan su tiempo en acoplarse. Tengo la suerte de que todos mis hijos e hijastros son muy generosos y han conseguido un maravilloso equilibrio. Pero quizás mi máximo orgullo es pensar que todos son hermanos.
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