Sybilla abre su archivo fotográfico más íntimo: "La mirada que sigo buscando es la de una mujer gustándose frente al espejo"
La icónica diseñadora expone cuatro décadas de colaboraciones con fotógrafos como Pepe Lamarca, Miguel Oriola, Ouka Leele, Javier Vallhonrat, Juan Gatti o Félix Valiente.
Ricardo Labougle
Félix Valiente
Nieves Díaz
Ricardo Labougle
Félix Valiente
Nieves Díaz
Barrio de Malasaña. Madrid. Finales de junio de 2026. Treinta y seis —mil— grados centígrados caen sobre la cabeza de los transeúntes, que parecen pequeñas hormigas avanzando a toda prisa bajo una lupa gigantesca. El asfalto reverbera. El aire pesa.
Y, sin embargo, en una esquina de la calle Noviciado sucede algo capaz de refrescar —y revivir— a cualquiera. Los ojos rasgados de una mujer se clavan en quienes pasan por allí. Es una imagen fija, pero posee la intensidad de una escena en movimiento. La fuerza de una aparición.
Se trata de Carmen Xu, la modelo revelación de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid en febrero de 2013. En la cima de su carrera, cuando parecía destinada a ocupar todas las portadas, decidió desaparecer sin hacer ruido y convertirse casi en una leyenda. Va vestida de Sybilla. La fotografía es de Félix Valiente. Y en esa sola imagen se condensa un universo entero.
Pocos triunviratos son más reveladores para comprender la moda española contemporánea. La modelo que se marchó cuando todos la miraban. El fotógrafo capaz de convertir una prenda en una historia. Y la diseñadora que lleva cuatro décadas demostrando que su labor no termina en el patrón, ni en la costura, ni siquiera en la pasarela: culmina en la imagen y se corona en la mujer.
Con motivo de La Otra Mirada: Archivo Sybilla, la exposición que reúne en la Galería Plaza del Gato una selección de 97 fotografías —aunque inicialmente iban a ser apenas 60—, Magas conversa con Sybilla Sorondo (Nueva York, 1963). Ella es, nada menos, una de las creadoras más singulares y respetadas de nuestro país.
La muestra recorre cuatro décadas de complicidades artísticas junto a nombres como Ouka Leele, Pepe Lamarca, Javier Vallhonrat, Juan Gatti, Miguel Oriola, Félix Valiente. Un archivo que funciona como homenaje y declaración de principios.
“En algunas de estas fotos, quienes aparecen no eran modelos profesionales. Eran mujeres reales”, explica la diseñadora a esta revista. Al contemplar algunas de las instantáneas resulta inevitable pensar en la relación entre el cine y la moda.
Incluso se percibe cómo Almodóvar se ha inspirado en el universo de Sybilla para algunas escenas de sus películas: el rojo y el verde, por ejemplo, tan presentes en su último filme, Amarga Navidad. “Pedro ha utilizado algunas de mis piezas. Incluso unas sábanas acabaron apareciendo en una de sus películas”, recuerda.
Sybilla, ¿qué recuerda de esta fotografía?
Muchas cosas. Yo me había escapado de casa a los 16 años y terminé viviendo en ese lugar. Años después, cuando me propusieron hacer esta sesión, volví allí. Cogimos la ropa, improvisamos y la fotografiamos con turistas que había por ahí. Sentí algo muy fuerte, era exactamente el sitio donde había estado años antes: la confirmación de que era el lugar donde quería vivir. Así fue.
¿Y estos sombreros?
Los hacía Tito, un peluquero de la movida barcelonesa. Empezó siendo peluquero y acabó creando auténticas esculturas de pelo. Era un artista.
Da la sensación de que las personas que aparecen tienen una personalidad enorme.
Porque la tenían. Muchas eran a menudo amigas, artistas o mujeres con una identidad muy marcada. Cristina Barrera, por ejemplo, aparece en muchísimas fotografías. Está presente en imágenes de distintos fotógrafos y se convirtió en una figura fundamental dentro de este universo visual.
¿Cómo conoció a Javier Vallhonrat?
De una manera muy curiosa: nuestros perros eran amigos. Mi perra aparece en muchas fotografías. Javier era un maestro absoluto de la luz. Sabía trabajar con ella de una manera extraordinaria.
¿Y qué recuerda de estas otras imágenes? Hay algo muy poderoso en ellas. Parecen pertenecer a un universo propio.
Me encantaba jugar. Los zapatos con forma de pie, por ejemplo. O el vestido churro, que salió en mi primer desfile. También la corbata churro, que llegó a hacerse muy conocida en la noche madrileña. Muchas de estas pertenecen a mis primeras colecciones.
Da la sensación de que existe una continuidad entre generaciones.
Porque existía. Félix Valiente fue asistente en muchas de aquellas sesiones de Juan Gatti y después pude seguir trabajando con él. Julio Lima lo fue de Juan Gatti durante muchos años. Había una forma de hacer las cosas, de contar historias y de fotografiar las prendas que se fue transmitiendo: la perseverancia, la búsqueda de la magia. Para mí era muy importante encontrar fotógrafos capaces de mostrar no solo la forma de una pieza, sino también su textura, su carácter y aquello que escondía.
¿Cómo ha sido ver reunidos 40 años de trabajo?
Lo más difícil fue elegir las imágenes. Todos teníamos favoritas. Mi hermana me ayudó mucho. Si esta exposición pudiera tener otro título, probablemente sería El juego creativo, porque eso es lo que hay detrás de todas estas fotografías.
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¿A qué se refiere?
A que son el resultado de un trabajo colectivo. Éramos un equipo. Estaban los fotógrafos, los maquilladores, los peluqueros, los asistentes, la persona que planchaba la ropa. El ambiente en la sesión era fundamental. Había presión, pero mucha alegría. Cuando pienso en aquellas sesiones, recuerdo algunos de los momentos más felices de mi vida: las risas, los nervios y la emoción.
¿Tiene una fotografía favorita?
Hay una a la que vuelvo constantemente y que cuenta muchísimo mostrando muy poco. Me siento reflejada en ella y la sigo utilizando cuando tengo que representarme de alguna manera. Además, ha resistido muy bien el paso del tiempo.
¿Qué consejo daría a los jóvenes que quieren emprender en moda?
Siempre les digo lo mismo que la moda implica muchas horas de trabajo. Mi recomendación es que trabajen con personas a las que quieran, que conviertan a sus compañeros en amigos. El amor y la amistad son fundamentales. Estas imágenes son maravillosas, pero lo más importante que me ha dejado todo esto son los amigos con los que he compartido el camino.
Hay quien dice que amistad y trabajo no deben mezclarse.
Si yo no las hubiera mezclado habría sido profundamente desgraciada. De la amistad nacen algunos de los mejores proyectos.
“El ambiente que se crea en una sesión de fotos es fundamental: es un baile entre distintas disciplinas. Algunos de los mejores momentos de mi carrera los he vivido ahí”- Sybilla Sorondo
El título de la exposición es La Otra Mirada. ¿Cuál diría que es exactamente esa "otra" mirada: la de los fotógrafos, la suya o la que el paso del tiempo proyecta sobre esas imágenes?
“La Otra Mirada” se refiere a una manera distinta de ver la ropa: la prenda vista desde el ojo del fotógrafo. Y también a mi propia mirada, intentando contar lo que imaginé cuando concebí la pieza, algo que a menudo no se percibe a primera vista. Habla de la intención, del detalle, del guiño, del juego creativo.
¿Por qué 97 fotografías exactamente y no 50, 60 o 100?
Fue muy difícil elegir las que finalmente fueron seleccionadas. Pero el criterio, estando en el marco de PhotoEspaña, fue escoger aquellas que pensamos que podían despertar el deseo de llevártelas a casa y, sobre todo, representar el talento de cada fotógrafo y la época en la que fueron realizadas. Cada uno de los involucrados teníamos nuestras favoritas. El proceso de selección fue muy intenso, pero también muy divertido.
Junto a Agustina Covián, usted es la comisaria de la exposición. ¿Qué ha supuesto enfrentarse a 40 años de imágenes tan extraordinarias y decidir cuáles merecían volver a verse?
Fue muy especial hacerlo junto a mi hermana y escuchar también las opiniones de todos los que participamos en la exposición. El proceso fue sorprendente en muchos sentidos y supuso un ejercicio constante de recordar que no estábamos preparando una exposición de moda, sino de fotografía. No se trataba de contar una colección, sino de reunir en la galería 97 fotografías potentes, al margen de lo que representaran. En eso, el ojo de comisaria de mi hermana me ayudó muchísimo.
¿Se ha reencontrado con alguna fotografía que en su momento pasara desapercibida y que hoy le parezca fundamental para comprender su obra?
Las fotografías en blanco y negro de principios de los años ochenta, cuando todavía buscaba mi lenguaje, han adquirido otro valor con el paso del tiempo. También la manera en que entonces se fotografiaba. De hecho, esta exposición comenzó porque queríamos mostrar en la galería la obra de Pepe Lamarca, el primer fotógrafo con el que empecé a trabajar. Quería rendirle un homenaje, ahora que ya ha superado los 90 años, exponiendo las extraordinarias fotografías que hizo a algunos de los artistas más importantes del flamenco en España, junto con nuestras primeras imágenes de moda. Por distintos motivos, aquella exposición aún no ha podido hacerse. Pero de ese deseo nació La Otra Mirada.
¿Qué puede revelar un archivo de fotografías que una colección de moda, por sí sola, no?
Siempre he dicho que las fotografías de las prendas son el último paso de su creación. Es ahí donde puedo contar lo que pretendía; donde el dibujito que hice un día cobra vida. “Mira esto”, parece decir la fotografía mientras enseña un detalle, un volumen o una proporción. Quizá por eso el trabajo con los fotógrafos ha sido siempre tan importante e intenso, porque les pedía que, además de ser bella, sorprendente y creativa, la imagen contara con fidelidad cómo es la prenda y qué la hace especial. Creo que ese es el verdadero hilo conductor de esta exposición: la capacidad que tienen estos fotógrafos, cada uno desde su lenguaje, para contar las prendas. Y eso no es nada habitual.
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¿Y qué puede contar una imagen de moda sobre una mujer que no se aprecia en una pasarela, es decir, en movimiento?
Anh Duong, en las fotografías de Vallhonrat; Carmen Xu, en las de Félix; Cristina Barrera, en las de Oriola y Pepe Lamarca… Ellas fueron algunas de mis musas, junto a muchas otras, tanto en la pasarela como en la vida y en la fotografía. En las imágenes quizá pueda apreciarse su aura. Mis modelos suelen ser mujeres con una personalidad muy marcada e intento que en las fotografías se perciba precisamente eso: su esencia, aquello que las hace únicas.
Sus colaboradores tienen lenguajes visuales muy distintos entre sí. ¿Qué debe tener un fotógrafo para dialogar bien con su trabajo?
Personalidad y flexibilidad. Ganas de jugar y de probar cosas nuevas. Mucha capacidad técnica y, sobre todo, paciencia conmigo, la diseñadora pesada. Y, si es posible, disfrutar del proceso y sorprendernos con lo que salga. El ambiente que se crea en una sesión de fotos es fundamental: es un baile entre distintas disciplinas. Algunos de los mejores momentos de mi carrera los he vivido ahí. Hay muchísimo trabajo detrás, pero también muchísimas alegrías, risas y momentos mágicos. Poder revivir todo esto ahora me produce una enorme satisfacción. Estoy muy orgullosa de estas colaboraciones con grandes fotógrafos y de las amistades que han nacido de ellas. Son de lo más valioso de mi vida.
¿Recuerda alguna imagen que naciera de un desacuerdo creativo y terminara convirtiéndose en una de las más importantes?
Los procesos con Juan Gatti y Javier Vallhonrat siempre eran intensos. Todos dábamos lo mejor de nosotros. No eran desacuerdos propiamente dichos, sino una búsqueda constante de puntos en común, y de ahí surgían cosas nuevas. Hay varios ejemplos de ese tipo.
¿Qué idea de mujer quería proyectar a través de estas imágenes?
Creo que, si he querido proyectar algo, es que no existe un único tipo de mujer. Siempre he querido destacar las particularidades y la personalidad de cada una. Hay una serie de Félix Valiente titulada Mujeres reales, perteneciente a una colección que fotografié con mujeres que no eran modelos profesionales. Es un buen ejemplo de lo que buscaba, y es algo que se repite a lo largo de mi trabajo. Las mujeres no se transforman en algo que no son. Intento que percibamos aquello que las hace únicas.
“Me sigue emocionando ver a una mujer probándose la ropa, disfrutando de ella y apreciando sus detalles”- Sybilla Sorondo
¿Qué figuras femeninas de la moda actual —diseño, fotografía, dirección, estilismo, arte…— le interesan? ¿Qué nombres femeninos nos estamos perdiendo?
Prefiero no contestar. No estoy muy al día.
Si una persona visitara la exposición sin saber nada de Sybilla, ni de Gatti, ni de Valiente, ni de moda, ¿cómo se la explicaría en un par de frases? ¿Qué sensación le gustaría que se llevara al salir?
La resumiría en una idea: El juego creativo. La suma de todos los elementos multiplica mágicamente el resultado. Estas fotografías son un baile entre la modelo, el fotógrafo, la diseñadora, el director de arte… Un juego creativo en el que todos disfrutamos y aportamos.
Después de cuarenta años construyendo imágenes y vistiendo a mujeres exquisitas —desde anónimas hasta reinas—, ¿sigue buscando una mirada que aún no ha encontrado?
Me sigue emocionando ver a una mujer probándose la ropa, disfrutando de ella y apreciando sus detalles. Quizá la mirada que siempre busco sea la de una mujer mirándose al espejo y gustándose. Ese brillo, esa luz, es lo que me sigue motivando.
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