Siete salidas hacia una nueva libertad: el mapa de Madrid para las víctimas de violencia de género y para quienes quieren ayudar (y no saben cómo)
Magas presenta el documental Siempre hay una puerta para ti, una producción que recorre la red asistencial de la comunidad autónoma y sus recursos de protección y apoyo a menores, mujeres con discapacidad, en situación de prostitución, etcétera.
Magas presenta el documental Siempre hay una puerta para ti, una producción que recorre la red asistencial de la comunidad autónoma y sus recursos de protección y apoyo a menores, mujeres con discapacidad, en situación de prostitución, etcétera.
Entendida en su sentido más amplio como una violación estructural de los derechos humanos que erosiona la autonomía de una mujer —adaptando formas como el control psicológico, la agresión sexual o el maltrato cotidiano—, la violencia de género lleva a contabilizar hoy en España 106.549 casos activos en el sistema VioGén del Ministerio del Interior, un registro que refleja el alcance de la respuesta pública ante una realidad que va mucho más allá de lo privado.
Solamente en la Comunidad de Madrid, los órganos judiciales identificaron 7.859 víctimas durante el primer trimestre de 2026 —un repunte del 13,7% respecto al mismo periodo del año anterior—, repartidas entre 4.160 españolas, 3.699 extranjeras y 11 menores de edad, lo que demuestra la crudeza con la que esta realidad pesa sobre vidas, orígenes y circunstancias distintas.
Aun así, los informes institucionales únicamente alcanzan a quienes ya han logrado sacar fuerzas para llegar hasta una comisaría, un juzgado o un centro de protección, dejando fuera a aquellas que sufren sin atreverse a denunciar, a las que experimentan el control diario o las amenazas sin llegar a identificarlos como maltrato, e incluso a quienes, sabiendo que necesitan auxilio, ignoran qué teléfono marcar o a qué lugar acogerse para ponerse a salvo.
A ese momento de desamparo e incertidumbre responde Siempre hay una puerta abierta para ti , un documental que traza el mapa de esa red que sitúa a Madrid entre las regiones con mayor volumen de recursos especializados y financiación de España, aunque el auténtico reto siga siendo que la estructura se conozca y resulte accesible para que quienes la necesitan no deban peregrinar hasta el agotamiento, de recurso en recurso, buscando libertad.
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“A veces todo comienza con una llamada”, recuerda Lourdes Roldán —responsable de los Puntos Municipales del Observatorio Regional de Violencia de Género y del Punto de Coordinación—, a quien se ha encomendado la tarea de guiar este recorrido audiovisual. Tras una breve aparición en pantalla, el fondo se torna negro. A oscuras, el ambiente se llena con el eco entrecortado de varias voces pidiendo ayuda.
“Hay una respuesta adaptada a cada situación. Siempre va a haber una puerta abierta para ti”- Lourdes Roldán
Las llamadas son ficticias, aunque se basan en las conversaciones que las profesionales de la Dirección General de la Mujer mantienen día a día. Reúnen escenas distintas que requieren respuestas diferentes: una víctima que no puede hablar porque está con su agresor, otra que necesita un lugar seguro para un menor o la que acaba de vivir una agresión sexual y no sabe cómo verbalizarlo.
Sólo entonces se abre la puerta de una casa. La cámara avanza por un pasillo y descubre otras que aún no desvelan su destino. La metáfora ordena el documental, pues cada entrada conduce a un recurso distinto de la Comunidad de Madrid.
La puerta de entrada
“La Dirección General de la Mujer pone en funcionamiento una red de atención integral a las víctimas de violencia de género formada por distintos tipos de dispositivos”, explica Roldán. “Tenemos, por un lado, los puntos municipales y, por otro, un entramado de centros residenciales y no residenciales. Todos son públicos y gratuitos”.
La especialista guía el recorrido junto a Elena Valverde, responsable de Igualdad de la Fundación Luz Casanova, que gestiona el Centro de Acogida 6; Begoña Moreno, coordinadora del Centro de Crisis 24 horas I; y María José Martín Flor, al frente de CIEMPRO, el espacio para mujeres en situación de prostitución que desean salir de ella.
Roldán insiste en que no existe una respuesta idéntica para todas las mujeres. “La Dirección General actúa de manera transversal y procura cuidar y recuperar aspectos diferentes en función de las circunstancias: qué está pasando en ese momento, la edad, cómo se encuentra la afectada o el riesgo vital que presenta”.
“Hay una respuesta adaptada a cada situación. Siempre va a haber una puerta abierta para ti”, añade. Muchas veces, el recorrido parte de la llamada al 012 Mujer, operativo 24 horas y en varios idiomas. Desde ese teléfono se puede localizar el Punto Municipal más próximo y recibir una primera orientación desde el ámbito local.
Aquí hay expertas que prestan atención social, psicológica, jurídica e infanto-juvenil, y también atienden agresiones sexuales cometidas por parejas o exparejas. El propósito de esta puerta de entrada es encauzar el caso y evitar que quien pide apoyo tenga que interpretar sola un sistema que, reconocen quienes trabajan en él, es complejo.
Un hogar seguro
A veces, las víctimas se ven forzadas a abandonar sus hogares sin tener un techo bajo el que dormir. Para ellas, y para sus hijos cuando los tienen, la CAM cuenta con tres tipos de dispositivos residenciales que acompañan el tránsito de la salida urgente a la reconstrucción de una vida autónoma. Elena Valverde, responsable de Igualdad de la Fundación Luz Casanova, presenta estos espacios.
Los primeros son los centros de emergencia, las “puertas de acceso al alojamiento protegido”. Las mujeres pueden acudir a ellos sin haber presentado denuncia y permanecer hasta dos meses mientras reciben apoyo psicológico, social y jurídico. Su meta es estabilizar la situación y valorar el siguiente recurso que las beneficiarias pueden necesitar.
“Son como la UVI de un hospital”, compara. Después, si el caso lo requiere, llega la casa de acogida, que es “como pasar a planta”, añade. Allí la estancia permite trabajar con más tiempo la recuperación y atender necesidades que se han vuelto inabarcables fuera, como la vivienda, la seguridad o el acompañamiento de los menores.
Desde este espacio es posible volver a pensar en el futuro pese a que muchas de estas supervivientes han renunciado a sus trabajos o han cambiado a sus hijos de escuela para estar a salvo. Los pisos tutelados son el paso que va después para algunas víctimas. Pero ¿quiénes, exactamente? Todo dependerá de la situación y de los recursos de cada mujer, lo que debe valorar un equipo especializado.
Para evitar confusiones, estas residencias no son viviendas de alquiler ni un punto final del acompañamiento, pues la intervención profesional continúa, pero en ellas sí se recuperan tareas cotidianas que son sinónimo de autonomía, como salir a hacer la compra. Abren “la puerta a una salida en libertad”, explica Valverde en su entrevista.
Contra la violencia sexual
La llamada que precede a la intervención de Begoña Moreno se detiene en una sospecha de violación. Los Centros de Crisis atienden a mujeres que recientemente experimentaron una de estas formas de violencia a manos de alguien distinto a la pareja (estos casos se atienden en los Puntos Municipales).
Su línea 900 599 316 las guía hacia el dispositivo necesario desde el primer minuto: “Es la puerta que está siempre, 365 días al año, 24 horas. La idea es que una mujer, con una llamada, tenga todas las respuestas que necesite. Debemos evitar que peregrine de recurso en recurso sin saber dónde ir”.
El problema es que dar el paso de denunciar puede llevar meses e incluso años, de ahí que también exista CIMASCAM, un recurso para casos acaecidos hace más tiempo, como abusos en la infancia cuyos traumas reflotan en la adultez. Moreno cuestiona el relato que ubica siempre la violencia sexual en un callejón en penumbra y a manos de un extraño: “Esta la ejerce, en muchos casos, una persona conocida".
Curarse por dentro
Salir no significa sentirse segura de inmediato. La violencia deja consecuencias invisibles que pueden dejar cicatrices como el miedo, la ansiedad y la dificultad para reconocer quién se era antes de una relación dañina. Por ello, la recuperación psicológica es una parte central de la red y no un complemento posterior a la emergencia.
“Te ayudaremos a recuperar tu control vital, a sanar tu daño, a reconstruir tu identidad”, explica Lourdes Roldán. La atención pasa por varias etapas: una primera de estabilidad emocional y física; otra dirigida a trabajar el trauma; y una tercera centrada en desaprender la culpa y recuperar la autoestima erosionada.
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En los centros de día trabajan mediadoras interculturales, educadoras infantiles y orientadoras laborales que enseñan idiomas, ayudan a encontrar empleo, guían en los trámites o acompañan a los niños en sus propios procesos. Este abordaje 360º sirve de refuerzo para que la salida de la violencia de género sea realmente viable a largo plazo.
La Dirección General incluye una Unidad de Adolescentes y un Programa MIRA, dirigido a víctimas que sufren un daño multicausal y necesitan una intervención más intensa. “Cambiar patrones que has aprendido desde que tienes uso de razón o que has enseñado sin ser consciente, ahí está la puerta más difícil de abrir”, reflexiona Roldán.
Sin barreras ni excepciones
“No hay un perfil único”, responde Roldán. “Cualquier mujer, con independencia de su edad, de su cultura, de sus capacidades o de su situación socioeconómica, puede sufrir violencia de género”.
Existen dos centros residenciales específicos para mujeres con discapacidad intelectual: uno para quienes tienen cargas familiares y otro para quienes no. El acceso puede realizarse a través de los puntos municipales o de los servicios sociales.
La red incluye asimismo residencias para chicas jóvenes que viven situaciones violentas dentro de la familia. “No tienen que ser necesariamente en la relación de pareja o expareja”, señala Roldán. “Pueden ser situaciones de violencia dentro del núcleo familiar”.
Volver a intentarlo
“Segunda oportunidad son dos palabras en mayúscula, pero es que puede haber una tercera, una cuarta… No existe limitación alguna para que alguien recupere su vida”. Son palabras de María José Martín Flor, responsable del Centro de Atención Integral a Mujeres en Situación de Prostitución de la Comunidad de Madrid. Más conocido como CEIMPRO, este recurso pionero, gestionado por APRAMP, abrió sus puertas en 2025.
Pese a ubicarse en Leganés, la llegada a este espacio no acostumbra a producirse de forma convencional. Una furgoneta del servicio traza rutas por clubes de alterne, polígonos y pisos clandestinos para aproximarse a quienes podrían necesitar orientación con la que abandonar esa actividad e iniciar una etapa distinta, digna y segura: “Cuando una mujer se acerca a hablar con nosotras es normalmente con el equipo de unidad móvil”.
Es, dice, “la primera toma de contacto para generar un vínculo de confianza”. Detrás de esos recorridos hay casi una veintena de especialistas: psicólogos, abogados, técnicos de integración social y trabajadores sociales. Durante las paradas, reparten material preventivo, comparten información sobre derechos y salud sexual, y orientan en trámites relacionados con los permisos de residencia y trabajo.
Esta labor se realiza en entornos delicados, por lo que exige prudencia. Además, revela una realidad que pocas veces se ve: quienes pagan no son siempre figuras anónimas; pueden ser vecinos, amigos o compañeros de trabajo. La segunda Encuesta Nacional de Salud Sexual, publicada en 2026 por el Ministerio de Sanidad y el CIS, sitúa en el 27,5% la proporción de varones que asegura haber abonado dinero alguna vez por mantener relaciones sexuales.
El 9,6% dice haberlo hecho en una ocasión y el 17,9%, más veces. Pese a estas cifras, resulta difícil ofrecer una radiografía precisa de este mercado negro en España. Los sondeos sobre el consumo contrastan con el cálculo del Instituto Nacional de Estadística en 2018, que estimó que el sexo de pago representaba el 0,35% del PIB, aunque a este se le atribuyen estimaciones muy por encima.
Martín Flor ve esencial que en las conversaciones de efemérides como el 8M o el 25N se hable de las mujeres en la prostitución porque “una de las formas de violencia más extremas que existen se ejerce contra ellas”. La precariedad, el miedo y las relaciones de dependencia pueden desdibujar los límites del consentimiento. Por eso, CEIMPRO coopera con unidades expertas para derivar casos de agresiones y abusos que puedan requerir una respuesta más amplia.
Si, tras el primer acercamiento con la unidad móvil —que recorre municipios de la Comunidad de Madrid, desde Alcobendas hasta Alcalá de Henares—, la posible beneficiaria decide facilitar sus datos, el equipo vuelve a llamarla para concertar una cita adaptada a su horario. A partir de ahí, se estudian sus necesidades: apoyo psicológico y sanitario, orientación jurídica, trámites administrativos, alternativas de empleo, etcétera.
“Da igual que a veces demos un paso hacia atrás y dos hacia delante, porque es un proceso de recuperación”, plantea Martín Flor. “Siempre vamos a estar acompañándote en el camino”.
Dar el gran paso
En 2025, los órganos judiciales españoles recibieron 204.342 denuncias por violencia de género —una media de 559 al día— y contabilizaron 185.188 víctimas. Sin embargo, los registros administrativos no alcanzan a retratar por completo lo que sucede lejos de las comisarías y los juzgados.
La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer ayuda a explicar esa distancia. Sólo el 16,8% de quienes han sufrido agresiones físicas, sexuales o emocionales por parte de alguna pareja afirma haber denunciado. Tras esa cifra se refugian el miedo, la dependencia económica, el aislamiento, la falta de información, la desconfianza o, sencillamente, el tiempo que cada persona necesita para nombrar lo ocurrido y decidir qué hacer.
Begoña Moreno, coordinadora del Centro de Crisis 24 horas, advierte de que los avances legales y asistenciales no han conseguido transformar de raíz el entorno social: “Tenemos leyes, recursos y muchos profesionales implicados, pero aún se cuestiona, se piensa que las mujeres mienten”. Su conclusión es tajante: “El cambio social tiene que ser muchísimo más profundo del que es ahora”.
El Ministerio de Igualdad ha confirmado que la cifra de asesinadas por violencia de género en España asciende a 42 en lo que va de 2026, y a 1.383 desde que se comenzaron a recopilar datos en 2003. La respuesta institucional puede salvar vidas, pero pierde eficacia cuando quien necesita protección no sabe que existe una puerta de entrada, no logra llegar hasta ella o teme que no le crean.
Ahí cobra sentido la insistencia de las profesionales en divulgar la red disponible. Elena Valverde, responsable de Igualdad de la Fundación Luz Casanova, asegura que recibe llamadas “todos los días preguntando qué pueden hacer mujeres que están sufriendo violencia de género y no saben dónde ir. Es fundamental que la información llegue a donde tiene que llegar”.
La respuesta no termina al resolver una urgencia. Puede incluir alojamiento protegido, apoyo terapéutico, asesoramiento legal, acompañamiento a menores, acceso a prestaciones, inserción laboral o derivación ante una agresión sexual. No se impone una ruta única: se ofrecen opciones y se respetan los tiempos individuales.
Como explica Moreno desde el Centro de Crisis, “ver a las mujeres llegar como llegan y salir como salen no tiene precio”. María José Martín Flor, responsable de CEIMPRO, recuerda a una joven que acudió “deteriorada emocionalmente”. Tras un año de trabajo con el equipo, obtuvo la nacionalidad española, accedió a entrevistas de empleo y consiguió un contrato: “Es muy reconfortante ver que logró lo que estaba buscando y que su recuperación es plena”.
Lourdes Roldán, de la Dirección General de la Mujer, habla de una extranjera que había vivido aislada durante años y a la que hubo que atender incluso desde la alfabetización. “Salió de la Red de Atención Integral trabajando cuando ella decía que eso sería imposible”. La profesional conserva un dibujo que le regaló; en la dedicatoria quedó escrita una frase: “Hoy ya nadie me va a decir cómo tengo que ser”.
Palabras que mueven
Begoña Moreno responde: “Te voy a pedir una cosa muy difícil. Después de todo el sufrimiento, confía en que somos muchas personas dispuestas a abrir puertas y a acompañarte en tu proceso”. Lourdes Roldán añade: “Entiendo perfectamente la dificultad, esa culpa que sientes y esa vergüenza que te acecha, pero no son tuyas. No es culpa tuya”.
Elena Valverde invita a “vencer el miedo”, aunque reconoce que salir de casa o acudir a un lugar desconocido puede sentirse como un salto al vacío. “Vas a encontrarte con gente que te va a apoyar, te va a entender y no te va a juzgar”. María José Martín Flor concluye al otro lado de la pantalla: “Hay un gran equipo con las herramientas que necesitas para cambiar la situación que ahora no te gusta. Nunca vas a estar sola”.
Dirección general de la mujer y la Fundación Ortega-Marañon