De las infraestructuras a la calidad de vida: el atractivo de España

De las infraestructuras a la calidad de vida: el atractivo de España

La tribuna

Infraestructuras o calidad de vida: el atractivo de España

España está bien posicionada en factores de moda para las empresas. Es una oportunidad, pero la inversión extranjera lleva años estancada y hace falta un impulso.

30 noviembre, 2021 06:13

¿Qué hace a un hombre atractivo? En el neolítico, la obesidad, una señal de prosperidad. En la Grecia clásica, un cuerpo estilizado con músculos marcados. En la Europa del XVIII se impone la delgadez extrema mientras que en la Inglaterra victoriana sólo importan muslos y pantorrillas bien perfilados.

De la misma manera, los factores que hacen que un país sea atractivo para invertir han ido cambiando a lo largo del tiempo. Los factores físicos tradicionales priman en la primera gran ola de inversión, a mediados de los noventa. Las empresas invierten allá donde ahorran costes—mano de obra, materia prima barata, infraestructuras de transporte eficientes que abaratan el transporte—o en países que permiten acceso a mercados de gran tamaño, poder adquisitivo o con expectativas de crecimiento sólidas.  

España destaca en esta categoría que sigue siendo fundamental, como pone de manifiesto el informe El valor diferencial de España para la Transformación, que la semana pasada presentamos de forma conjunta Multinacionales por marca España e ING, con la participación del presidente del Gobierno. Somos el quinto país del mundo en calidad de infraestructuras, con costes laborales un 30% por debajo de la media de la Unión Europea, puerta de entrada a un mercado de 500 millones de personas y perspectivas de crecimiento por encima de nuestros vecinos.

Pero con el cambio de siglo llega una nueva fase. La globalización acelera, y con ella la competición por atraer esos flujos de capital, empleo y conocimiento. Infraestructura o mercado son necesarios, pero no suficientes. Otras condiciones, menos tangibles, también importan: capital humano, innovación, y, sobre todo, el entorno regulatorio, que se convierte en factor clave con la aparición del Doing Business del Banco Mundial en 2003.

En estos nuevos factores, España flaquea. Los porcentajes de educación universitaria son buenos, pero la formación profesional y las tasas de abandono escolar nos dejan mal. Undécima potencia mundial en publicaciones científicas, pero en el vagón de cola europeo en I+D+i. Y, además, un entorno regulatorio muy mejorable. El aspecto positivo en la primera década del siglo XXI fue, de nuevo, la infraestructura: España es el tercer país del mundo en términos de facilidad de acceso a internet.  

Estamos ya en 2010 y el mundo ha cambiado. Los bancos, petroleras y fabricantes de coches que dominaban en los 90, con millones de empleados vinculados a sucursales, fábricas y pozos petrolíferos han dejado paso a tecnológicas, que operan con un puñado de talento vinculado a unas decenas de servidores que no tienen por qué estar físicamente cerca.

El trabajador pasa a ocupar un puesto más central a la hora de decidir dónde se invierte: empezamos a hablar de calidad de vida y de actitud hacia el talento. En 2011 la OCDE con su Better life abre la puerta a una larga lista de informes anuales que hoy son fundamentales en la medición del atractivo de inversión.

La buena noticia es que España goza de una situación privilegiada en muchos de estos factores que están ganando protagonismo. No es sólo el tiempo y el ocio, aunque también: el informe de Multinacionales por la Marca España destaca la calidad de vida como factor diferencial entre las empresas que eligen nuestro país para instalarse. Pero va más allá. España es una sociedad abierta a cambios culturales -líder mundial en aceptación del matrimonio gay, uno de los niveles de xenofobia más bajos de Europa, por ejemplo- y también tecnológicos, con altísimas tasas de adopción temprana de nuevas tecnologías.

En gran medida es buena suerte: España está bien situada en los factores que están ganando importancia. Eso constituye una oportunidad, pero nada más. Aumentar la inversión extranjera, que lleva décadas estancada, requiere que la Administración y el sector privado trabajen codo con codo. Los fondos europeos de Next Generation EU son un buen ejemplo: sin el liderazgo del Gobierno y el apoyo de las grandes empresas, nacionales y extranjeras, las pymes no podrán acceder a esos fondos. Sin el apoyo de esas empresas, no mejoremos la conexión entre el mundo educativo y el profesional.

La definición de "atractivo" cambia, y España tiene la fortuna de estar en el sitio adecuado, pero sin más colaboración público-privada vamos a desperdiciar este pase de gol.

*** Francisco Quintana es director de Estrategia de Inversión de ING.

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