El coronavirus ha dado protagonismo a la digitalización, un concepto del que venía hablándose desde hace años, pero que ahora empieza a tomar forma para algunos. Digitalizarse es algo más que contar con una tecnología, también es incorporar una cultura en las empresas y saber gestionar los nuevos recursos que pymes y grandes corporaciones tienen a su disposición. Uno de ellos es la gestión del dato en su sentido más amplio. 

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El Covid-19 ha puesto de manifiesto que tener una pequeña base de datos con la información básica de los clientes puede ser un salvavidas para todo tipo de empresas en los momentos más críticos. Esto es algo que afecta a todos los sectores, incluida la hostelería.

"El conocimiento del cliente a través del dato es el primer paso de la digitalización. Los restaurantes y bares que han cerrado sus puertas pero tenían el nombre, teléfono y dirección de sus clientes han podido contactar con ellos para hacerles una oferta, ya sea en forma de cupones de descuento para la reapertura con el fin de conseguir liquidez inmediata u ofrecer comida a domicilio", afirma el asesor en transformación digital e innovación, Adolfo Ramírez.

Ramírez es autor del libro Digitalízate o desaparece, libro editado por Planeta. Este profesor del IE, que fue responsable del área de Tecnología del Banco Santander y llegó a ser director general adjunto de la entidad financiera, lleva predicando la digitalización desde hace ya más de dos décadas.

Ahora, explica a las empresas que cuando piensan en digitalización deben hacerlo "en términos de negocio para hacer cosas diferenciales".

Con esta premisa, considera que no hay diferencias entre empresas grandes y pequeñas a la hora de abordar este reto y pone como ejemplo, que algunas empresas del Ibex 35 tuvieron serios problemas para poder empezar a funcionar cuando les sorprendió esta pandemia.

"Tuvieron incluso que comprar PCs para que sus trabajadores pudieran trabajar y también teléfonos para poner wi-fi en las casas…", recuerda en una conversación con este periódico.

Adolfo Ramírez, autor de 'Digitalizarse o desaparecer'.

Y es que si hay algo para lo que la pandemia ha sido una revolución en muchos sectores es la confirmación de que el teletrabajo, puede funcionar.

Sin embargo, Ramírez advierte en este punto que no se debe confundir "hacer telecosas" con teletrabajar.

"Cuando hablamos del trabajo en remoto durante la pandemia, tenemos que ser conscientes de que hemos hecho un teletrabajo muy desordenado. Son muy pocos los que han teletrabajado de verdad. Hay que diferenciar entre estar ocupado y todo el día enganchado a Zoom, al correo electrónico del trabajo de verdad", señala.

Antes del Covid-19 España presentaba un curioso paisaje en términos de digitalización. Por un lado, a nivel europeo, este país estaba a la cabeza de infraestructuras -algo que ha quedado comprobado durante los meses de confinamiento-. Sin embargo, en la parte del negocio y del capital humano, "España iba retrasada en cuanto al entendimiento de cómo aplicar tanto al negocio como al capital humano esa tecnología". Y en este punto, el experto considera que es el empresario el que juega un papel fundamental para introducir esa nueva forma de trabajo a su organización.

En este contexto, el Plan Acelera es una oportunidad para las empresas. No obstante, Ramírez advierte que es muy importante que "el dinero realmente llegue a la empresa y al empresario y se hagan los procesos de transformación que son necesarios en las empresas. El gran reto es que esas ayudas lleguen a donde tengan que llegar y se dediquen a mejorar la competitividad", asegura.

Y es que España, concluye, tiene que aprender de los errores del pasado, en el que algunas ayudas han podido dedicarse a "tapar agujeros".

"Si nos dedicamos a poner parches, nunca tendremos un tejido empresarial moderno y competitivo. El esfuerzo tiene que venir desde el sector público, pero también desde el privado para que ese dinero se utilice para lo que es necesario", concluye.

La pandemia es en ese sentido el revulsivo que la digitalización necesitaba para coger impulso y una vez pasada la fase más dura, poner de nuevo en marcha los motores cuestionando la estrategia pasada de cada empresas y analizando nuevas oportunidades.