El último año fue especialmente difícil para los gestores de inversión, pero más si cabe para los de renta fija. Los constantes cambios de guion de los bancos centrales han puesto a prueba su capacidad de adaptación. Y la foto es poco amable. Solo un 18% ha conseguido hacerlo mejor que sus índices de referencia, según un estudio del grupo Société Générale.

Hay otra manera de explicar esta cifra: invertir en un fondo cotizado (ETF) indexado hubiera sido mejor que haberlo hecho en un 82% de los fondos de renta fija y gestión activa disponibles a escala mundial. Además, si la cifra ya es raquítica de por sí, lo es más si se considera que un 41% de los gestores consiguió batir a sus índices de referencia en 2017. Y, según los registros de Lyxor, sigue quedándose baja si se compara con el 33% de gestores de éxito que arroja la media de la última década.

Esta divergencia es posible porque, de hecho, nunca antes en la última década los gestores activos de fondos de deuda habían conseguido un desempeño tan bajo frente a los índices contra los que se miden. Hasta ahora, el mínimo para este periodo estaba en el año 2011, cuando la crisis de deuda periférica en la Eurozona hizo que solo un 21% de los expertos lograra más éxito que sus ETF indexados competidores.

Hasta la fecha, según el mismo informe, el mejor año para los gestores de fondos de bonos fue el año 2009, cuando un 42% logró superar sus referencias de rentabilidad. La escabechina de 2018 ha provocado que solo un 4,9% de estos vehículos logre aguantar en los tres últimos años entre la reducida lista de los que consistentemente han superado el comportamiento de sus índices comparativos.

Los gestores de fondos de bonos 'high yield' europeos han sido los únicos que han logrado batir a sus índices de referencia y casi lo consiguen sus homólogos estadounidenses

En ocho de los nueve segmentos de renta fija en la que el grupo financiero francés divide los fondos de inversión especializados en bonos, se produjeron rendimientos más pobres que su media histórica. Tan solo los gestores activos de bonos europeos ‘high yield’, los conocidos hasta hace poco como ‘bonos basura’ han logrado batir sus registros de rentabilidad de la última década.

Casi repiten la hazaña sus colegas especializados en bonos estadounidenses de alto rendimiento, que se han quedado cerca de igualar esta marca histórica. Sin embargo, han sido mejores que sus índices de referencia en un 24% de los casos, una cifra sin parangón en cuanto a desempeño de sus carteras. La siguiente categoría con gestores más hábiles en hacerlo mejor que los ETF es la de bonos soberanos europeos, con un 23,5% de fondos activos haciéndolo mejor que sus rivales indexados.

Al otro extremo, según las cifras recopiladas por Lyxor, el peor comportamiento fue en deuda emergente, un activo hacia el que muchos gestores se han volcado en los últimos meses y que se coloca entre las apuestas preferentes en renta fija de gestoras como JP Morgan, Amundi y BNY Mellon, por citar solo algunas grandes firmas internacionales. En esta categoría, solo un 7% logró batir a sus índices de referencia en el último año.

LA DEUDA EMERGENTE, EL GRAN FIASCO

Con la subida de los tipos de interés de muchas emisiones a consecuencia del miedo a un frenazo de la economía, los bancos centrales paralizaron sus programas de normalización y en el caso estadounidense se comenzó a abonar el terreno para la inversión de la curva entre los bonos a dos años y los a diez años. Una combinación de factores que pilló a muchos gestores desprevenidos y sin la suficiente cobertura para sus carteras, ya que una subida de rendimientos se traduce en una caída de precios con el consiguiente efecto negativo en las carteras que ya están invertidas en las emisiones de bonos que sufren este comportamiento.

Esta situación contrasta con el hecho de que los fondos activos de deuda emergente registraron entradas netas por 10.000 millones de euros frente a los 6.000 millones que se canalizaron hacia fondos pasivos de la misma categoría. Sin embargo, como ocurrió en el conjunto de la industria mundial de fondos, hubo huida en los de renta fija. Concretamente, se produjeron reembolsos netos por 33.000 millones de euros, algo insólito para esta categoría de activos.

A juzgar por las cifras aportadas en el informe, se podría decir que casi todo el dinero se fue a parar a productos de gestión pasiva de la misma categoría, ya que cerraron el año con entradas netas por 31.000 millones de euros.

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