JPMorgan, Goldman Sachs o Bank of America han alertado en los últimos días sobre el devenir económico de Estados Unidos en 2023. Sus principales directivos no han descartado que tenga lugar una recesión y las entidades, o han congelado las contrataciones, o directamente han comenzado a reducir sus plantillas.

Jamie Dimon, el presidente ejecutivo de JPMorgan, subrayó en una entrevista concedida a la CNBC que la buena situación de los consumidores y empresas estadounidenses podría no durar mucho más, ya que la economía se está ralentizando mientras que la inflación erosiona el poder adquisitivo de los consumidores.

En su opinión, ambos factores “podrían hacer descarrilar la economía y causar una recesión”. Los consumidores tienen 1,5 billones de dólares en ahorros, pero podrían agotarse en algún momento a mediados del próximo año, alertó.

"Crecimiento negativo"

En la misma línea, el presidente ejecutivo de Bank of America, Brian Moynihan, subrayó en una conferencia financiera de Goldman Sachs que los datos recopilados por el banco muestran un "crecimiento negativo" en la primera parte de 2023, pero que la contracción será "leve".

A las previsiones poco halagüeñas se sumó el CEO de Goldman Sachs, David Salomon, quien indicó que "el crecimiento económico se está ralentizando. Cuando hablo con nuestros clientes, suenan extremadamente cautos".

En sus previsiones para 2023, el CEO de JPMorgan también destacó el papel que jugará la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) en el devenir de la economía estadounidense.

Según sus estimaciones, la institución presidida por Jerome Powell podría hacer una pausa de entre tres a seis meses después de subir los tipos de interés al 5%. Elevar las tasas de referencia hasta ese nivel podría "no ser suficiente" para frenar la elevada inflación.

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La Fed ha incrementado los tipos de interés 375 puntos básicos desde marzo, hasta situarlos en el rango de entre el 3,75% y el 4%. En las últimas cuatro reuniones lo ha hecho a razón de 75 puntos básicos, aunque el banco central podría reducir el ritmo en su cita de diciembre.

Los grandes bancos de inversión de Estados Unidos no son los únicos que temen una recesión. Los bonos del Tesoro estadounidense han lanzado señales en el mismo sentido.

Bonos

El interés exigido por los inversores para la deuda de Estados a corto plazo (dos años) es superior a la de largo plazo (10 años). Es lo que se conoce como inversión de la curva de tipos y suele ser interpretada como un anuncio de recesión de cara a los próximos meses. Así sucedió, por ejemplo, en agosto de 2019, seis meses antes de que en febrero de 2020 estallase el coronavirus.

Esa diferencia de rentabilidad es ahora la más abultada desde principios de la década de 1980. Según recoge Bloomberg, la última vez que la diferencia fue tan elevada fue en el inicio de la conocida como 'recesión Volcker' -antiguo presidente de la Fed-, cuando la institución ya había comenzado a bajar tipos.

Despidos

Ante las peores perspectivas económicas, los grandes bancos estadounidenses han reservado más fondos para hacer frente a los posibles impagos, tal y como quedó reflejado en los resultados del tercer trimestre del año. Ahora, además, han comenzado a congelar o reducir sus plantillas.

Según anticipó el martes la CNBC, Morgan Stanley ha recortado alrededor de un 2% de su plantilla, es decir, unos 1.600 puestos de trabajo. El presidente ejecutivo de Goldman Sachs ha indicado que es posible que el banco deba reducir el personal en ciertas áreas y tener cuidado con sus recursos financieros.

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Al mismo tiempo, Bank of America está reduciendo la contratación en un intento por administrar la plantilla antes de una recesión, tal y como señaló su CEO en una entrevista con Bloomberg.

Pese a que todas estas entidades compiten por atraer y retener talento, los bancos de Wall Street se adaptarán a un entorno económico más lento despidiendo a más personal. Así lo destacó el presidente ejecutivo de Lazard, Kenneth Jacobs, en el mismo foro económico organizado por Goldman Sachs.

"La realidad está empezando a imponerse", afirmó Jacobs. La realidad es que el S&P 500 ha perdido más de un 17% de su valor desde que comenzó el ejercicio, mientras que se aproxima a cerrar su primer año en negativo desde 2018, cuando cedió un 6,24%.