La pandemia del coronavirus ha dejado en segundo plano la que hubiera sido la Semana de la Tierra. Sin embargo, la preocupación para que la vuelta a la normalidad, también en las finanzas, pase por una mayor sostenibilidad es una reclamación cada vez más clamorosa. Y las grandes gestoras de inversión ya han tomado partido para abanderar este discurso.

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Esta apuesta por la sostenibilidad tiene un triple componente. En primer lugar, la asunción de unas exigencias que cada vez aglutinan a una mayor parte de la población, especialmente a las generaciones más jóvenes que comienzan a tomar sus primeras decisiones de ahorro e inversión. Además, en esta línea muchas firmas de inversión vienen trabajando en esta línea desde hace años.

La segunda razón para esta creciente apuesta por la inversión sostenible nace del creciente compromiso de muchas gestoras con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS), para cuyo cumplimiento se ha consumido ya un tercio del tiempo previsto. En este sentido, el Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable (ISR) que elaboran Georgeson y el Club de Excelencia en Sostenibilidad refleja que un 90% de las grandes gestoras mundiales incluyen estas metas en su plan de desarrollo.

Parón a otras exigencias

El tercer factor que está impulsando esta inversión sostenible en tiempos de pandemia está íntimamente relacionado con la emergencia sanitaria. La reclamación de prácticas más ‘verdes’ y responsables se produce ante la imposibilidad de exigir otras reformas como cambios en la estructura financiera de las compañías o en la composición de sus consejos de administración.

Esto se debe a que en la actualidad el objetivo primordial de las corporaciones es conservar liquidez para afrontar la crisis financiera que está por venir y que solo ha empezado a asomar. Y también porque, debido a las medidas de distanciamiento social, en muchos casos el contacto entre inversores y cúpula directiva se está viendo limitado a unas juntas de accionistas que se están celebrando exclusivamente de forma telemática.

Con todos estos factores, el compromiso con lo sostenible de las grandes firmas de inversión no solo se ha confirmado, sino que se ha acelerado. La estadounidense BlackRock, que es la más pesada a escala mundial por volumen de activos bajo gestión -unos 7,4 billones de dólares- acaba de reforzar en su política de voto y presión a los consejos medidas específicas sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, financiación sostenible a través de ‘bonos verdes’ y mayor transparencia en cuanto a la implicación en los ODS tanto en sus inversiones como en sus propias políticas internas.

La gestora Lyxor, del grupo francés Société Générale, acaba anunciar que “intensifica la lucha contra el cambio climático a través de su política de voto y participación activa”. En este sentido, desde la firma se espera “que los consejos de administración y de supervisión asuman plenamente sus responsabilidades en relación con los asuntos extrafinancieros”. Avisa de que para ello no solo podrá oponerse a validar la gestión de los consejos de administración de las empresas, sino que podría empezar a oponerse a ciertos nombramientos o renovaciones en los cargos así como al refrendo de sus salarios.

"Auténticos motores del cambio"

El responsable de ISR de la gestora, Florent Deixonne, explica que “la crisis sanitaria que vivimos podría precipitar una profunda reflexión no solo sobre nuestro sistema económico y social, sino también sobre nuestra responsabilidad ambiental y estamos convencidos de que los inversores pueden convertirse en auténticos motores de cambio”.

Una percepción que comparten buena parte de sus colegas, pues tal y como recoge un informe de la estadounidense Lazard esta crisis llevará a muchas gestoras a poner el foco en “qué acciones han tomado las empresas en respuesta a la pandemia, particularmente en lo que se refiere a la gestión del capital humano, la compensación ejecutiva y la estrategia comercial”.

Aquí radica la importancia de que la sostenibilidad no es solo ‘verde’, sino que debe incluir otros criterios de responsabilidad que, comúnmente, en la industria de inversión se vienen agrupando bajo los epígrafes medioambiental, social y de gobernanza (ASG). Y Lazard explica que los fondos que persiguen estos objetivos han arrojado un rendimiento superior al de los fondos convencionales en el primer trimestre frente “al caos del mercado”.

Una comparativa que, en su opinión, “contradice las observaciones que etiquetaban la sostenibilidad como un bien de lujo” a la hora de invertir. Un informe de Afi abunda en esta percepción: “La actual crisis sanitaria ha puesto de manifiesto, aún más si cabe, la relevancia de integrar la sostenibilidad en los procesos de toma de decisiones de inversión, identificando aquellas compañías con un perfil más sostenible como empresas más resilientes ante un escenario de elevada incertidumbre y dificultades económicas”.

En primera línea del mostrador

En este sentido, desde Afi advierten de que esta sostenibilidad ha de ir más allá de la mera exclusión de ciertas actividades controvertidas, como podrían ser el juego, las armas y el alcohol. En su opinión, la ventaja y la fuerza de la inversión ASG pasa por “un perfil de sostenibilidad más robusto”.

Para Luciano Diana, gestor de Pictet Global Environmental Opportunities, estas circunstancias y estas evidencias suponen “una gran oportunidad de acelerar la transición verde” más allá de las primeras y “más estrechas” definiciones de inversión medioambiental. Asimismo, subraya la importancia de no mantener posiciones estáticas, sino de poder "hacer variaciones a lo largo del ciclo económico al tiempo que aprovechamos el conocimiento de expertos en otras áreas temáticas".

Lo cierto es que, aunque al principio estas inversiones sostenibles se centraban en criterios medioambientales y se reservaban solo a clientes específicos como parte de un catálogo aparte de un reducido grupo de gestoras, ahora son cada vez más comunes y accesibles. Hasta tal punto que forman parte de la primera línea del mostrador de productos de muchas firmas.

Solo en las últimas semanas, con el Covid-19 asolando Estados Unidos y varios países europeos, firmas de inversión como BlackRock -y su filial iShares-, Fidelity, Wells Fargo, Lombard Odier, UBS, Amundi, Tikehau Capital en alianza con Banca March, Generali, Mapfre y Arcano, por nombrar solo algunas, han lanzado productos de inversión o ahorro con enfoque sostenible.

Avalancha de productos vs. 'ecopostureo'

Ante este goteo, persistente en los últimos años y más caudaloso en los últimos meses, la gestora MFS Investment Management señala en un análisis publicado estos días que “ los criterios ASG cobrarán cada vez más importancia para los inversores, sobre todo en EEUU”, donde administración y supervisores se habían mostrado menos implicados hasta ahora.

Eso sí, MFS advierte de que “resulta indispensable protegerse frente al denominado ‘ecopostureo’ y cerciorarse de que los esfuerzos ASG son auténticos”. No parece que las gestoras se vayan a dejar embaucar por falsas promesas con los objetivos que se han marcado. Y menos aún con la ONU vigilando de cerca a las más de 1.400 firmas -responsables de 45 billones de dólares- que a escala global han acatado los Principios para la Inversión Responsable (UNPRI).