El desplome no se detiene en Wall Street. El pánico a una inminente recesión global se apodera de los operadores del parqué neoyorquino y la estampida inversora alcanza dimensiones a las que pocos consiguen resistir. Los principales índices se dejan más de un 8% y las subastas de volatilidad se repiten una tras otra.

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Sin medidas de choque claras por parte del Banco Central Europeo (BCE) de Christine Lagarde, el Dow Jones se hunde un 9% y cotiza por debajo de los 21.500 puntos. Un 8% se dejan el Nasdaq, que apura los 7.300 puntos, y el S&P 500, que logra aguantar por poco los 2.500 enteros.

Si estos descalabros se mantienen hasta el cierre, la entrada de los tres grandes índices de Wall Street en mercado bajista quedará de sobra confirmado al perder más de un 20% desde sus máximos recientes. Pero no solo eso. También podría ser su peor sesión desde el Lunes Negro de 1987.

El tándem fatal: Trump y Lagarde

El aluvión de órdenes de venta es tan abultado que en varias ocasiones han saltado los frenos de subasta de volatilidad para intentar casar cruces con las pocas compras que llegaban desde el otro lado de la ventanilla. Por segunda sesión consecutiva, el índice S&P 500 ha estado paralizado durante un cuarto de hora para estabilizar su desatada volatilidad.

Por cronología, el primero de los focos de incertidumbre de este jueves en la Bolsa de Nueva York llega desde casa. Se trat de la decisión del presidente de EEUU, Donald Trump, de impedir la entrada de viajeros procedentes de la Unión Europea y sus socios de la zona Schengen en territorio estadounidense.

Para muchos economistas se trata de una muestra más de la arbitrariedad del mandatario sin medir las repercusiones económicas que esta medida podría traer. Y es que ya han comenzado las medidas de contención de la pandemia también en EEUU, donde hoy mismo se ha decretado el cierre del Congreso y el Senado hasta el próximo 1 de abril.

La derivada más evidente de este veto en los mercados estadounidenses se aprecia en la cotización del petróleo Texas, el de referencia para los americanos. El precio del barril se hunde más de un 6% y se queda a un paso de perder los 30 dólares.

Después, la falta de arrojo de Christine Lagarde en hacer una defensa cerrada del euro y la Eurozona han hecho el resto. Los inversores han detectado la debilidad del mensaje y se han apresurado en deshacer posiciones a la mayor agilidad. En su lugar, el discurso de la exministra francesa se ha concentrado en reclamar medidas fiscales a los países de la región.