El sector de las telecomunicaciones en España no pasa por su mejor momento. Una situación de crisis perpetua que preocupa, y mucho, a los directivos del sector, quienes ven que los ingresos son cada vez menores, al tiempo que los gastos se multiplican exponencialmente.

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Ni siquiera el maná de los fondos europeos y las promesas de la vicepresidenta primera Nadia Calviño de aprobar un paquete de rescate al sector, han traído la calma a unas empresas que ven como los próximos meses son decisivos para la supervivencia de sus cuentas.

Invertia ha charlado con varios directivos de compañías de telecomunicaciones que ven con preocupación el futuro más inmediato de toda la industria. Las demandas no son nuevas y, de hecho, los principales actores llevan años advirtiendo de que se hacen necesarios cambios en el modelo, pero ahora la situación ha llegado a un punto de no retorno.

Estos mismos directivos advierten de que el tiempo se agota y que si no se toman medidas de calado -de aquí a los próximos meses- que corrijan los principales vicios del sector, todos los actores tendrán serios problemas para afrontar las obligaciones de inversión que requiere la digitalización, componente clave en el futuro de la reconstrucción económica española.

Es una suerte de última llamada para acabar con la guerra comercial, con el bajo coste y con la lucha fratricida que ha convertido a uno de los sectores más rentables de la economía mundial en una industria deflacionaria.

Guerra del bajo coste

El intenso crecimiento del número de operadores, marcas y propuestas que compiten en el mercado ha dado como resultado un modelo de competencia cada vez mayor basado en precios.

La intensidad competitiva de este mercado, totalmente enfocado en políticas agresivas de precios y descuentos, ha generado una tendencia deflacionaria continua, lo que ha resultado en la erosión de la generación de ingresos para los principales actores de la industria.

Para entender el efecto de esta guerra del bajo coste solo basta mirar un dato: en junio el 61% de las altas que se producían en el sector eran para el llamado low-cost, una cifra que ha crecido exponencialmente desde el 35% que había a igual fecha en 2017.

De esta manera, desde junio de 2020 a junio de 2021, las tres operadoras principales (Telefónica, Orange y Vodafone) han perdido -según datos de la CNMC- 516.000 clientes de móviles. Esto supone perder una media de 1.500 clientes al día, que van a engrosar en su mayoría las filas de los operadores de bajo coste, con ofertas mucho más atractivas en precio.

Esta dinámica obliga a los operadores a ajustar sus ofertas -directamente o a través de sus segundas marcas- para poder competir, lo que implica una perdida de rentabilidad y valor y que mantiene al sector en una senda deflacionaria.

Ingresos minoristas

Esto ha llevado a que el sector de las telecomunicaciones haya perdido el 28,5% de ingresos minoristas en diez años con 23.347 millones en 2020. En 2010 los ingresos eran de 32.614 millones, con lo que es fácil comprobar que el negocio se ha deteriorado de manera notable. 

Un sector que además ha tenido que afrontar en este mismo periodo unas inversiones de 55.000 millones de euros en infraestructuras en los últimos quince años. Si tomamos como referencia el último informe de la CNMC, en este periodo Telefónica ha invertido 28.675 millones, Vodafone 12.578 millones, Orange 11.896 millones de euros y MásMóvil 1.956 millones.

En 2020 la inversión del sector cayó un 12,8% a las puertas del despliegue de las nuevas redes de 5G donde se necesitan al menos otros 5.000 millones de euros para poner en marcha las nuevas redes de última generación. De hecho, hace un mes Telefónica, Orange y Vodafone se gastaron 1.100 millones de euros en comprar espectro de 5G en la banda de 700 MHz.

¿Resultado? Con menos ingresos y más gastos, mantener las estructuras de las compañías de telecomunicaciones se ha vuelto insostenible. La pérdida de valor contable de las principales telecos es notable con varios saneamientos a lo largo de los tres últimos años por un valor conjunto de 7.440 millones de euros.

La última fue Orange. El grupo francés comunicó a finales de julio que había llevado a cabo un saneamiento de su fondo de comercio en España por un importe de 3.702 millones de euros, pero con anterioridad Vodafone había realizado un movimiento similar por un valor de 840 y 2.900 millones de euros entre los años 2019 y 2020.

Pérdida de valor de las empresas

Esta dinámica de migración de valor tiene serias implicaciones para el desarrollo de las infraestructuras críticas para el país, ya que los operadores industriales que se espera que enfrenten el riesgo del nuevo ciclo de inversión son los que tienen el peor punto de partida y las perspectivas más complejas en términos de rentabilidad, por lo que están en una posición débil para invertir.

Frente a esta situación, todas las voces piden consolidación en el sector. De hecho, las últimas operaciones van en esta línea tras la compra de Euskaltel por parte de MásMóvil por 2.000 millones de euros más deuda.

El problema es que con la regulación existente siempre habrá un cuarto operador que, beneficiado por los remedies de la integración de las partes consolidadas, volverá a poner en marcha la maquinaria para sacudir el mercado y volver a la casilla de salida. Así ocurrió, con Ono, Jazztel y MásMóvil.

De hecho, Vodafone y Orange han realizado saneamientos equivalentes al dinero que gastaron en las compras de Ono (7.200 millones) y Jazztel (3.360 millones), respectivamente. Y nada ha mejorado desde entonces.

¿Qué hacer? las fuentes consultadas por este diario insisten en que las operadoras deben cambiar, evolucionar su modelo de actividad, entrar en nuevos negocios y buscar de nuevo la rentabilidad para crecer de forma sostenible y saludable para invertir.

Empresas de torres

En este sentido, un buen punto de partida es la monetización y gestión de sus redes en empresas que estén fuera de su perímetro comercial. Cellnex es la empresa de mayor crecimiento de Europa, American Tower compró la red móvil de Telefónica y Vodafone (Vantage Towers) y Orange (Totem) han creado sus propias operadoras de infraestructuras.

Estas compañías tienen con valoraciones crecientes como resultado de una alta certeza y un rendimiento de bajo riesgo basado en compromisos y contratos a largo plazo sobre los activos que adquieren. Es una buena solución para monetizar los activos físicos.

Por otro lado, en el sector ya se empieza a hablar de que los grandes players digitales como Amazon, Netflix, Twitter o Facebook comiencen a pagar por utilizar las redes de estas compañías de vocación industrial. Un ejemplo interesante es lo que ha pasado en Corea del Sur, donde conscientes de la situación el regulador ha forzado a Netflix a pagar por el uso de la red.

Pero estos esfuerzos, al igual que el plan del Gobierno para mejorar la fiscalidad de las operadoras de telecomunicaciones en España, serían innecesarios si no hay una voluntad de todo el sector de parar con la guerra comercial y el bajo coste. Si esta decisión no se toma pronto, no habrá dinero para redes ni para 5G y la digitalización que demanda la economía española se quedará a medias.

Las infraestructuras de red del sector son un activo estratégico para el mantenimiento de la actividad social y económica del país -como se ha demostrado durante la Covid-19- y para garantizar su capacidad de transformación y desarrollo económico a través de la digitalización.

Las redes de última generación (5G) están en el corazón de toda la transición digital, pero atrapa a los operadores en el peor momento de negocio, rentabilidad y, por lo tanto, capacidad de inversión. Y el tiempo de agota si no se adoptan soluciones que cambien la actual tendencia.