El sector de la construcción será uno de los beneficiados de la llegada de los fondos Next Generation. En concreto, crecerá un 7% respecto a 2020, según estimaciones de la Confederación Nacional de Construcción (CNC). En edificación, dicho incrementó será del 7,6%. Para la obra nueva, el 8%. Casi 35.000 millones de euros pasarán, de forma directa o indirecta, por empresas constructoras. Fondos que servirán para afrontar retos como la nueva edificación y los planes de vivienda pública.

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“Los fondos Next Generation, a punto de desplegarse, impulsarán el sector. El problema más grande para su desarrollo es la falta de mano de obra y que la gente joven no tiene ahorrado para comprar o alquilar una vivienda”, afirmó David Martínez, CEO de Aedas Homes, durante la presentación de Rebuild. Mano de obra en la que, los menores de 25 años, apenas representan el 10% del total… y bajando.

Por lo que respecta al ahorro, de media, necesitan más de seis años guardando dinero en la hucha para poder dar la entrada de su primera vivienda. Según Trioteca, los ingresos por unidad familiar de jóvenes entre 19 y 24 años están en 1.540 euros netos mensuales. Y sus ahorros medios para comprar una casa son de 37.184 euros, cantidad que está por debajo de los 47.445 euros de quienes tienen entre 25 y 29 años, y de los 56.370 euros de quienes están entre 30 y 35 años.

Eso se traduce en que, por ejemplo, el porcentaje de hipotecas concedidas a jóvenes de entre 19 y 24 años durante agosto fue solo del 3,2%, según Trioteca. Jóvenes que piden viviendas más sostenibles.

¿De qué sirve construir si una parte de la población, la que anhela formar una familia o independizarse, no tiene acceso a la vivienda? España es el país de la OCDE con la tasa de paro juvenil más alta. El paro subió tres veces más entre los jóvenes de 16 a 24 años, que para los mayores de 25 años, durante los cuatro primeros meses de la pandemia.

Líder en desempleo juvenil

España ocupa lo más alto del podio en desempleo juvenil entre los países de la Unión Europea: 38%. Una cifra que escandaliza si tenemos en cuenta que duplica la media de la UE: 17,1%. “El riesgo es que esta gente emigre para poder formar una familia”, señala David Martínez. Y ave que vuela, no compra (o alquila) vivienda.

Que casi cuatro de cada diez menores de 25 años esté en paro es una mala noticia para la construcción y para el sector inmobiliario. En su afán por independizarse, su primera opción es el alquiler: el 45,4% de las personas con edades entre 16 y 29 años viven de alquiler, según el INE.

Jóvenes buscando vivienda en el ordenador. EP

Pero ese gasto (en ciudades como Madrid o Barcelona la probabilidad de alquiler se difumina ante los elevados precios) condiciona, por ejemplo, la posibilidad de ahorrar para posteriormente adquirir una vivienda.

Se trata, asimismo, del colectivo que menos hogares tiene en propiedad: el 31,8%. La siguiente franja, entre 30 y 44 años, ese porcentaje lo eleva hasta el 59,3%. Además, la Encuesta de Condiciones de Vida del INE desvela que el 16% se ha visto obligado a retrasar sus pagos relacionados con su vivienda habitual durante el último año.

Contratos eventuales

Los contratos que firman los jóvenes suelen ser eventuales, o de obra y servicio. En junio, únicamente el 5,3% fueron indefinidos (la mitad que en el resto de otros grupos de edad). Durante la última década, su remuneración se ha desinflado un 5% (ha pasado de 1.025 euros mensuales de media en 2011, a 973 euros en 2020).

¿Más madera? El riesgo de exclusión y pobreza entre los jóvenes de 19 y 29 años es del 31,7%, según el Consejo de la Juventud de España. Dicho de otra manera, tres millones de personas. Eso se ha traducido en que la tasa de emancipación haya pasado del 26%, en 2008, al 17,3%, en 2020.

Los elevados precios (compra o alquiler), la precariedad laboral y la incertidumbre económica condicionan el ahorro (escaso) de los jóvenes. También su planificación financiera y sus opciones de acceder a una vivienda.

Volviendo al otro gran problema, el de la falta de mano de obra juvenil, la CNC aboga porque la Formación Profesional (FP) se adecúe a las necesidades del sector. De esta manera, se podrían recuperar unos alumnos que, durante la última década, han descendido a la mitad. Su apuesta es la de flexibilizar la regulación para poder desarrollar formación dual.