La dirección de CaixaBank y los representantes de los trabajadores llevan nueve semanas negociando sobre el expediente de regulación de empleo (ERE) que el banco pondrá en marcha en los próximos meses. Pero el acuerdo sigue prácticamente tan lejos como al inicio, según trasladan fuentes de la mesa de negociación a Invertia.

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Las conversaciones sobre el despido colectivo que implicará 7.400 salidas se encuentran en una suerte de "punto muerto" tras más de dos meses de propuestas y contrapropuestas cruzadas que se resisten a acercarse a pesar de que ambas partes quieren alcanzar un acuerdo y solamente queda una semana para zanjar una negociación que debía haber finalizado el pasado 10 de junio.

"Hay demasiados frentes abiertos, ha habido pocos avances", explican a este periódico fuentes de la mesa de negociación, que apuntan que falta consenso en prácticamente todos los aspectos de la reestructuración, pero especialmente en temas como el plan de previsión social, que son muy complejos técnicamente.

Adelante con la huelga

Las cosas están tensas en la plantilla, que este martes está convocada a celebrar una huelga planificada por la representación sindical, en la que todas las formaciones que se sientan en la mesa de negociación están unidas.

Con este parón, desde los sindicatos pretenden replicar la estrategia llevada a cabo por la representación de la plantilla de BBVA. Sus homólogos en el banco que preside Carlos Torres organizaron el pasado 2 de junio una huelga de 24 horas que fue secundada por parte de la plantilla (el 70% según los sindicatos, el 30,77% según el banco) y que obligó a la entidad a no poder abrir casi la mitad de las oficinas del banco, como contó este periódico.

Esta huelga se convocó dos días antes del último de negociación y precedió a la oferta definitiva de BBVA que hizo cambiar de parecer a los sindicatos mayoritarios del banco. La presión sindical ejercida por los trabajadores durante las semanas previas y la puntada final de la huelga cambiaron el rumbo de la negociación hasta encauzarlo hacia el acuerdo y los sindicatos de CaixaBank quieren replicar esta estrategia.

No es la primera amenaza de huelga que lanzan a la dirección de CaixaBank, pero esta vez parece que se llevará a término. La estrategia inicial de los sindicatos, cuando las negociaciones iban a terminar el 10 de junio, pasaba por secundar dos huelgas, una antes y otra después de esa fecha (el 9 y el 14 de junio) como protesta por el ERE, pero la decisión de la entidad de ampliar el plazo de negociación hasta el 29 de junio, dando tres semanas de margen (que se traducen en seis encuentros más), les hizo cambiar de opinión.

Sin embargo, el paso de los días y las últimas propuestas de la empresa, que en opinión de los sindicatos no evitan que se produzcan despidos forzosos, han animado a los sindicatos a retomar la convocatoria de huelga y programarla el próximo martes, cuando quedará apenas una semana de negociación.

Desde la representación sindical esperan un amplio seguimiento a esta huelga, al igual que el que han tenido otras acciones organizadas por los sindicatos, como concentraciones ante las sedes del banco o parones de una o dos horas. Los últimos fueron secundados por un 84% de la plantilla, de acuerdo con los sindicatos.

Más trabajo en remoto

Desde el lado sindical se espera que el banco reduzca el número de afectados por el despido colectivo y facilite que todas las adscripciones al ERE sean voluntarias, algo que, en su opinión, podría hacerse eliminando los cupos por provincias, permitiendo a todo empleado que quiera irse del banco hacerlo independientemente de su lugar de trabajo y compensar los desequilibrios con trabajo en remoto.

"Si podemos hacer que parte de esa plantilla que trabaja en una provincia lejana trabaje para otra donde se ha ido más gente voluntaria es una forma de minimizar el impacto, de no hacer movilidades geográficas", explican desde un sindicato.
A unas propuestas con las que no están de acuerdo se unen ciertos gestos por parte del banco que no han gustado nada a los sindicatos, como que el banco haya informado ya en la intranet del plan de recolocación del que se beneficiarán los empleados que dejen CaixaBank o que por la misma vía haya defendido su "posición sobre la voluntariedad", algo que fuentes de la representación de la plantilla achacan a una "estrategia en pro de la desmotivación para la huelga".
Dos posiciones que, con este distanciamiento, encaran la décima semana de negociación con pocas perspectivas, aunque sí la esperanza, de llegar a un consenso sobre la afectación y las condiciones económicas del ERE. Un escenario sin precedentes en CaixaBank, en la que, como en la gran mayoría del sector, siempre ha reinado la paz social.