La crisis del coronavirus ha demostrado que la digitalización se ha convertido en un pilar clave para el ahorro de costes del sector bancario. Las entidades quieren aprovechar esta evidencia y ya se están preparando para una nueva ronda de ajustes una vez pase lo peor de la pandemia. El objetivo es conseguir un menor número de oficinas sin que el proceso afecte al empleo de manera traumática, como ya ocurrió en la anterior crisis financiera.

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El ajuste en los último años ha sido brutal. Según datos de la Asociación Española de Banca (AEB), desde 2008 el número de sucursales se ha reducido un 47% y el de empleados un 35%. Las estadísticas del Banco de España indican que el pasado año las entidades de depósito cerraron 2.162 oficinas hasta dejar el numero total en 24.004. Y la crisis obliga ahora a un nuevo empujón para reducir costes.

Fuentes financieras confirman a Invertia que prácticamente todas las entidades ya han sacado la calculadora para preparar planes de cierre de cara a final de año, un proceso que, aunque conllevará despidos, intentarán compensar a golpe de recolocaciones entre los empleados. De momento, limitan este cambio al personal de oficina, a la espera de cómo evolucione la eficiencia del sector para tocar los servicios centrales.

Trabajo en remoto

“El buen funcionamiento de los servicios financieros durante el confinamiento ha demostrado que el teletrabajo y la operativa telemática han funcionado correctamente. Ha sido la prueba definitiva para demostrar que el cliente no debe tener miedo a la digitalzación”, indican desde una entidad financiera nacional.

Las cifras hablan por sí solas. Durante el estado de alarma, las ventas digitales se han disparado por encima del 50% en el sector. BBVA ha superado el medio millón de clientes dados de alta online y Banco Santander ha sumado 300.000 nuevos usuarios digitales, un 20% de ellos, por cierto, mayores de 70 años

Este cambio en la mentalidad del cliente apoya el salto a una mayor operativa online en detrimento de la oficina tradicional. Algunas entidades como Bankia o Sabadell ya han dado el paso aprovechando la pandemia para acelerar el cierre de sucursales, sin que estos afecten al empleo.

El presidente de la AEB, José María Roldán, también apuesta por una nueva fase de concentración de oficinas sin efectos devastadores para el empleo, dando prioridad a las sucursales de mayor tamaño donde el asesoramiento prima sobre la operativa ‘en ventanilla’.

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Cambios de rol

Durante la Asamblea Anual de la patronal celebrada este jueves, Roldán insistió que “se perderán oficinas, pero habrá recolocación de los trabajadores hacia otras tareas de gestión, de apoyo en la utilización de canales telemáticos, etc, con el objetivo de optimizar plantillas y mejorar en eficiencia”.

Sin duda, el proceso traerá consigo un cambio de rol en el trabajador bancario, al que las entidades demandarán más actitudes tecnológicas mediante procesos de formación o incluso nuevas contrataciones. Banco Santander ha tomado la iniciativa en este sentido tras anunciar que, a lo largo de este año, incorporará 3.000 profesionales con perfil tecnológico en todo el mundo. 

Una medida que se encuadra en su plan de ‘Digilosofía’ con el que espera obtener un ahorro de costes anual progresivo de 1.200 millones de euros en el medio plazo.

El trabajo de estos profesionales estará lejos de la venta de productos. Procederán de carreras STEM (ingenierías, ciencias, matemáticas) y se incorporarán a la división de Tecnología y Operaciones del banco, en áreas vinculadas a plataformas y APIs (interfaz de programación de aplicaciones), cloud, datos, inteligencia artificial, desarrollo de software o ciberseguridad, entre otros.

Más formación en sucursal

Los empleados de banca están obligados, así, a ponerse al día para no quedarse atrás frente a estos perfiles tecnológicos. Aún así, desde la industria defienden que esta nueva ola de ajustes no implica abandonar la apuesta por la sucursal a pie de calle.

“La autocomplaciencia por lo bien que ha funcionado el canal digital no quiere decir que el presencial no haya sido relevante durante la crisis, sobre todo en un momento en el que muchas pymes han querido acercarse a sus oficinas a exponer sus problemas de liquidez”, indican desde la AEB.

En este sentido, los directivos del sector coinciden en que a pesar de que el número de nuevos clientes digitales se ha disparado durante el confinamiento, hay que esperar para comprobar qué parte de ese avance es permanente una vez que la operativa vuelva por completo a la normalidad. “La pandemia también ha demostrado que un mundo sin oficinas no es posible, pues la apertura también ha sido un elemento de tranquilidad para los clientes y la sociedad”, explica el presidente de la AEB. Aún así, la nueva ola de cierres está a la vuelta de la esquina.

El nuevo panorama se produce, además, en un momento en el que queda pendiente la negociación del convenio colectivo del sector, cuyas conversaciones se retomarán en los próximos días como ya lo han hecho las de las cajas de ahorro. En este sentido, fuentes sindicales reconocen que en este proceso de recolocaciones que se espera, y que implicará más horas de formación, vigilarán de cerca que las entidades miren por las carreras profesionales de los empleados y que los cambios no afecten a sus retribuciones.