La necesaria eficiencia que precisa el sector bancario para defender su rentabilidad y las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología siguen alimentando la poda de oficinas bancarias en España. Según los últimos datos proporcionados por el Banco de España (BdE), correspondientes al conjunto de 2018, la red de sucursales ha menguado ya hasta las 26.166, la cifra más baja desde 1981. Desde las más de 46.000 oficinas existentes en 2008, la reducción alcanza ya el 43% -20.000 establecimientos-.

Pero esa es la 'fotografía' general. Una aproximación más detallada muestra que la 'España vaciada' de oficinas bancarias va más allá. En 23 provincias, el número de oficinas no era tan bajo desde los años 70 y en tres más, directamente, los datos actuales no tienen precedentes en las estadísticas del BdE, que arrancan en 1974. 

Esas tres provincias son Soria, Ourense y Huesca. La primera apenas cuenta ya con 105 oficinas. En 1990 llegó a tener 176. En la provincia gallega, que en 1998 tenía 495 oficinas, se ha quedado con 195. Y en la aragonesa solo permanecen 230 de las 404 a las que llegó en 1991. 

Cada vez más cerca de marcar registros sin precedentes se encuentran esas 24 provincias. En Ávila, las 129 actuales conducen a la red más reducida desde 1975, lo mismo que en Lleida con sus 321 oficinas. Para encontrar un número inferior a las 236 de Lugo, las 199 de Álava y las 133 de Palencia hay que remontarse hasta 1976. Y hasta 1977 para las 178 de Zamora, las 277 de Huelva, las 385 de Tarragona, 403 de Girona, las 448 de Guipuzkoa, las 461 de Pontevedra y las 2.511 de Barcelona.

DE LAS FUSIONES A LA TECNOLOGÍA

Tras estas cifras figura la combinación de varias causas. Sobresalen las fusiones bancarias y la reducción del número de entidades que queda en el mercado. Una de las consecuencias de esta consolidación, forzada por el impacto de la crisis, ha consistido en el ajuste de la capacidad existente en el sector, una 'dieta' en la que las oficinas han desempeñado -y siguen desempeñando- un papel clave. Porque, además, a la búsqueda de sinergias por esta vía se añade que los bancos tienen que extremar su eficiencia, alicatando los costes, para defender una rentabilidad que permanece baja en un contexto de tipos de interés en mínimos históricos. 

Del resto se ha ocupado la revolución tecnológica que también está viviendo el sector. El desarrollo no ya de la banca digital, sino sobre todo de la banca móvil y de la creación de aplicaciones para llevar a cabo las gestiones que antes se hacían en una ventanilla también ha contribuido al adelgazamiento de la red de oficinas bancarias. 

RIESGO DE EXCLUSIÓN

La persistencia de estos catalizadores es la que constata que el proceso aún no ha terminado. Es decir, que la reducción de oficinas seguirá vigente, sobre todo ahora que los tambores de nuevas fusiones, incluso más allá de la planteada entre Unicaja y Liberbankvuelven a sonar con fuerza

Sin embargo, y aunque la búsqueda de eficiencia y las nuevas posibilidades tecnológicas lo justifiquen, este proceso también tiene su riesgo. Y es similar al de los problemas denunciados por la marcha de la 'España vaciada' que tuvo lugar este domingo en Madrid. En este caso se trata de la exclusión financiera, es decir, del peligro de que existan zonas con pocos o nulos servicios financieros. 

"A finales de 2017, 4.109 municipios carecían de oficina, afectando al 2,7% de la población española", precisaban Concha Jiménez y Helena Tejero, ambas del Banco de España, en un artículo publicado en 'Revista de Estabilidad Financiera'. El número de pueblos sin sucursales había crecido hasta entonces en 540 desde el año 2008, añadían. "Para compensarlo", y junto con el despliegue de la banca digital y móvil, "la banca ha desarrollado otros canales, como las oficinas móviles 'ofibuses', o los agentes financieros que, sin establecimiento permanente, atienden a los clientes periódicamente en aquellos puntos donde ya no existe oficina bancaria", señalaban.

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