Lo verde vende más y las empresas que se decantan por una imagen de implicación con la ecología y el medio ambiente son más apreciadas por la población, especialmente si tiene entre 19 y 39 años, franja de edad que se muestra mayoritariamente dispuesta a pagar un poco más por un determinado artículo si éste ha sido producido bajo parámetros de sostenibilidad y ecología.

Noticias relacionadas

Rara es la multinacional que a estas alturas aún no destaca en sus comunicaciones su compromiso con la salvaguarda del planeta. Por eso la mayoría de las grandes empresas trata de mimetizarse con la causa verde y por eso también algunas de ellas hacen trampa y se venden como concienciadas e implicadas, pero muestran un escaparate irreal. Detrás de sus cristales hay poco que ver. A esta práctica se la conoce como greenwashing, un lavado de cara hacia un mundo verde que en realidad entra en sus esquemas menos de lo que dicen.

El greenwashing es encubrir o pintar de verde la realidad, una propaganda engañosa que forma parte del marketing de determinadas compañías para promover sus presuntas políticas de respeto con el medio ambiente y así contribuir a aumentar sus beneficios. Es la evidencia de falsear bajo un prisma en el que en teoría prima lo natural.

Para ello, algunas firmas cambian los nombres y etiquetas de sus productos evocando al medio natural y no dudan en publicitarse como compañías verdes en campañas publicitarias tan falsas como millonarias. De esta manera, empresas altamente contaminantes se presentan como respetuosas con el medio natural que en verdad están perjudicando.

La práctica no es nueva. Lleva años siendo un dogma de fe para determinadas firmas, aunque ha ido en aumento a medida que se implementan nuevos requisitos para una transición hacia lo natural, y casi siempre escapan de las agencias regulatorias que, por otra parte, podrían hacer más para detectar y controlar este tipo de fraude empresarial.

Estrategia fraudulenta

La mayoría de estas empresas que tratan de engañar tirando del greenwashing usan esta estrategia fraudulenta para que su marca tenga una mejor percepción pública, y para ello sesgan la información que aportan sobre sí mismas, además de aportar datos falsos sobre sus presuntos recortes en los hábitos más contaminantes o sus inversiones verdes.

A algunas compañías punteras ya le han sacado los colores por ello, y no precisamente el verde, como hizo Financial Times con la petrolera BP, que ha defendido públicamente su compromiso con que se encarezcan las emisiones de carbono de otras compañías mientras que la propia multinacional británica trataba de frenar impuestos añadidos a las emisiones de carbono.

Entidades como Greenpeace vienen denunciando desde hace años las malas prácticas de algunas corporaciones que han convertido el greenwashing en una práctica muy suya. De hecho, fue una de las entidades que acuñó ese término de greenwashing, poniendo como ejemplo que "las mismas compañías que utilizan en sus anuncios imágenes inspiradoras de aguas cristalinas son las mismas que contaminan esas aguas".

Poder sobre los gobiernos

Greenpeace cree que el sector empresarial debe jugar un papel fundamental en el cumplimiento de la agenda internacional de medio ambiente y para ello ve necesario erradicar las prácticas de las compañías que hacen trampas por el mero interés en los beneficios de sus negocios, y que impiden la transición hacia un nuevo modelo económico verde y sostenible.

Por ello han denunciado el excesivo poder que algunas corporaciones ejercen sobre determinados gobiernos en debates en favor del desarrollo sostenible. La ONG ha puesto como ejemplo hasta la fecha los nombres de algunas empresas que llevan a cabo greenwahsing de manera habitual.

Entre ellas estarían la petrolera Shell, cuyas malas prácticas ya comenzó a denunciar en 1992; Duke Energy, que presume de sostenibilidad pero sigue apostando por el carbón; Asia Pulp and Paper, papelera indonesia que se viste de verde pero libera gran cantidad de gases de efecto invernadero; la empresa de producción ganadera JBS por su "inacción" en favor de su presunto interés en la salvaguarda de la selva amazónica; Vidal, a la que acusa de pesca ilegal y altamente agresiva tanto en Europa como en África pese a recibir subvenciones de la UE;o Syngenta, compañía europea de semillas y pesticidas que intenta defender su modelo agrícola basado en la utilización masiva de sus propios productos y evita a toda costa implantar un modelo agrícola alternativo, al tiempo que desacredita los informes científicos que no le son favorables.

Cumbres propicias

Antes y durante las cumbres del clima que se celebran cada año en diferentes lugares del planeta, muchas empresas hacen gala descaradamente del greenwashig porque el marco lo permite. El Observatorio de la Sostenibilidad ha denunciado a una docena de ellas a través de su informe Empresas más contaminantes en España, en el que se puede comprobar cómo hay compañías que por un lado venden su supuesta sostenibilidad y por otro tiran de acciones que van en contra del planeta. En este trabajo se pone de manifiesto que 10 empresas en España emiten el 25% de los gases de efecto invernadero que expulsa nuestro país, y todas ellas, sin embargo, se amparan en políticas verdes.

Por esta razón, los grupos ecologistas consideran que no solo hay empresas que siguen contaminando por su cuenta mientras dicen que hacen lo contrario, sino que existe una "conspiración mundial" pactada entre todas ellas para mantener su actividad sin rendir cuentas.

Entre 1990 y 2017, dice el informe del Observatorio de la Sostenibilidad, las emisiones de CO2 aumentaron en España un 17% y el PIB un 73%, mientras que en Europa cayeron un 22% y el PIB creció un 58%. La Cumbre del Clima celebrada en Madrid el pasado año, la COP 25, que debió llevarse a cabo en Chile; ha sido denunciada como el último gran escaparate del greenwashing a nivel mundial por las organizaciones ecologistas, que creen que estas citas son sobre todo una gran oportunidad para hacer promesas en favor del compromiso, que se diluyen en cuanto este tipo de eventos cierran sus puertas.

En todo caso, la mayoría de compañías trata de cumplir los prefectos de una nueva política ambiental más verde y más sostenible, pero cuando no llegan a los objetivos, algunas tiran del greenwashing. La idea es que las denuncias de los ecologistas no queden en saco roto y todas las partes cumplan por el bien del planeta.