La industria aeronáutica recorre un sendero desconocido. El impacto que la crisis del coronavirus ha tenido sobre las aerolíneas ha hecho saltar por los aires todas las previsiones de adquisiciones de aviones previstas para este año y los siguientes.

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La limitación de la movilidad impuesta por multitud de gobiernos, que ha provocado la desaparición de cientos de rutas, y el recelo de muchos usuarios habituales a usar el avión por miedo a contagiarse, han provocado que los planes de renovación y ampliación de flota se paren en seco. Una situación que está dañando de forma muy profunda las cuentas de Boeing y Airbus.

En el caso de la compañía estadounidense, a la crisis generada por el coronavirus se suman los problemas que arrastra el 737 MAX. El modelo estrella de Boeing, que sufrió dos accidentes mortales a finales de 2018 y principios de 2019, sigue siendo un quebradero de cabeza comercial para la compañía pese a los avances en su proceso de nueva certificación.

En lo que va de año, el fabricante estadounidense acumula más de 400 cancelaciones de aviones. Un fenómeno que ha hecho que, por primera vez en siete años, su cartera de pedidos pendientes de entregar baje de las 5.000 unidades. 

Boeing reportó 46 pedidos cancelados en febrero, cifra que se fue a los 150 en marzo, escaló a 108 en abril y a la que hay que añadir 140 cancelaciones en las últimas semanas. En total, 444 cancelaciones en un primer semestre que tendrán un irremediable impacto en la presentación de resultados de mitad de año prevista para el final de este mes. 

Dos meses de sequía en Airbus

El gigante aeronáutico europeo tampoco atraviesa un buen momento. La compañía se anotó el segundo mes consecutivo sin sumar nuevos pedidos en junio. Durante la primera mitad del año, los clientes de Airbus han cancelado 67 pedidos. Estas decisiones dejan en 298 unidades el número de nuevos aviones solicitados a la compañía en lo que va de 2020. 

Además de las cancelaciones, durante las últimas semanas los dos fabricantes aeronáuticos negocian importantes modificaciones en sus calendarios de entregas con todos sus clientes. Una circunstancia que ralentizará la industria durante varios ejercicios. Las estimaciones ya señalan a tres años de parón en el mejor de los escenarios que podrían llegar a cinco según las peores previsiones.

La situación ha llevado a ambas compañías a reducir sustancialmente su ritmo de producción de aviones, lo que va a traer de la mano importantes recortes de plantilla. Ambas compañías han anunciado planes de reducción de empleo que afectarán a un total de 30.000 trabajadores de la industria. Una decisión que costará 1.622 puestos de trabajo a España.

Así las cosas, la industria aeronáutica se adentra en un periodo de glaciación cuyo final es difícil de predecir. La rapidez con la que los científicos den con una vacuna o un tratamiento eficaz para el coronavirus marcará el tiempo que esta industria deberá hibernar. Además, la popularización del teletrabajo y la telepresencia también tendrá un impacto importante.

Una evolución de las relaciones personales y comerciales que también afectará a esta industria. Y es que nadie puede predecir cuántos de los viajes que hoy se han sustituido por videoconferencias volverán a realizarse. Los analistas coinciden en señalar que será difícil recuperar el volumen de vuelos pre-covid. Una circunstancia ante la que la industria aeronáutica no tendrá más remedio que reinventarse.