El coche eléctrico y su desarrollo aparece mencionado en los planes de las grandes compañías, así como en el PNIEC que el Gobierno de Pedro Sánchez envió a Bruselas. No obstante, desde la industria consideran que no es suficiente, y que los pasos que se está dando para su implementación no benefician a los fabricantes españoles.

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"España necesitará reaccionar a tiempo para empezar a desarrollar capacidades nacionales y atraer más inversiones que mantengan su actual importancia en la industria del automóvil", explican en un informe conjunto la consultora Roland Berger y la Asociación Española de Proveedores de Automoción (Sernauto). No en vano, la industria del automóvil representa en la actualidad el 10% del PIB español.

Para que mantenga este peso, sin embargo, es necesario estar a la altura de las cuatro "mega-tendencias" en este área: movilidad, conducción autónoma, digitalización y electrificación. La última, con el vehículo eléctrico como protagonista, encuentra una fuerte competencia en productores asiáticos y estadounidenses (con mucho peso en producción de baterías, sobre todo los primeros).

No obstante, los autores del informe también ponen el foco de la competencia dentro de Europa. En este sentido, algunos países vecinos (Francia, Reino Unido, Alemania) están tomando cierta delante al instalar plantas de fabricación dedicadas de forma exclusiva al vehículo eléctrico.

Una decisión que, aunque sea tomada por la parte empresarial, tiene relación con las líneas que marcan los gobiernos. "Varios países ya han definido estrategias a nivel estatal que preparan sus industrias para los nuevos desafíos y están tomando la delantera en la fabricación de vehículos eléctricos".

Mirada en China

En España, por otro lado, la situación es algo diferente. Aunque el mencionado PNIEC cifra en 5 millones los vehículos eléctricos que circularán en España en 2030, el foco está puesto en la apuesta por la industria española, por un lado, y en los puntos de recarga, por otro.

En lo primero, cabe destacar que el Ministerio que dirige Reyes Maroto lleva meses en contacto con la industria local pero también con la asiática, a la que trata de atraer al país. No en vano, el Gobierno mantiene reuniones periódicas con China para que, en otras cosas, traiga una fábrica de baterías a España.

Con todo, los autores del informe creen necesario que España desarrolle "una estrategia de país a largo plazo, que involucre a todos los actores, públicos y privados". Si no, alertan, el sector "acabará perdiendo competitividad, poniendo en riesgo miles de empleos y dañando la economía española".

Se trata, insisten, de que el Gobierno fomente nuevas inversiones, cree un entorno regulatorio y fiscal atractivo y razonable, promueva la formación de los trabajadores españoles, fomente la renovación del parque automovilístico y, por otro lado, prepara la infraestructura del país para atender las necesidades del coche eléctrico.

"Los gobiernos no deben cometer el error de promover el desarrollo de la industria exclusivamente por el lado de la demanda. Es fundamental que la demanda española sea cubierta con producción nacional", insisten. El reloj ha comenzado a correr.