La banca tradicional, la comercial, esa que se dedica a hacer préstamos y conceder hipotecas, aceleró su transformación con la crisis financiera de 2008 y parece que aún está lejos de terminar su reconversión. Esa es una de las conclusiones que se pueden sacar de un encuentro financiero en la escuela de negocios Iese al que este jueves acudieron los consejeros delegados de las principales entidades financieras españolas: Bankia, BBVA, Santander, Sabadell y Popular. Este último banco, además, está inmerso en su propia crisis de dirección ante el inminente relevo de su presidente. ¿Qué está sucediendo ahora en la banca? Estas son algunas de las incógnitas que sobrevuelan su negocio.

La digitalización (a veces) forzosa

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La digitalización ha llegado para quedarse. En 2016, la reconversión digital de la banca no es ni mucho menos una cuestión superada, sigue sobre la mesa: qué hay que digitalizar, qué no, cuáles son los servicios que deben prestarse en las sucursales y cuáles sólo en el medio online. Todavía no está todo claro.

“La digitalización, después de la crisis, y los cambios que se han producido nos están obligando a reinventarnos. Nos tenemos muchas palancas o se cobra por los servicios que prestamos, que en la banca no es normal; o se aumentan los riesgos”, reconoció el consejero delegado del Banco Popular, Pedro Larena. “La digitalización implica un cambio en todo, implica un cambio en el modelo de negocio, en el comercial, en los riesgos. En todo”.

Uno de los problemas es que hay que adaptarse a cada cliente. Algunos prefieren lo digital 100% y otros quieren ir a sus sucursales de toda la vida. “El cliente va evolucionando, se va digitalizando. No es la expresión que más me gusta pero es así”, asumió durante su ponencia el CEO de Bankia, José Sevilla. “El cliente se hace digital no porque se lo digamos nosotros. Los clientes buscan una oferta comercial sencilla, sin letra pequeña, transparente y el reto de las entidades financieras es adaptarnos a esa demanda multicanal”.

Es decir, apostar por lo digital pero manteniendo un pie en lo físico. Según Jaime Guardiola, consejero delegado de Banco Sabadell, es el modelo en sí el que está cambiando. Los bancos van a pasar de una relación en la que colocaban los productos, a un cliente “soberano” que va a decidir en función de lo que necesita en cada momento.

¿Hay que cerrar entonces sucursales?

No pueden cerrarse del todo, aunque todas las entidades están en ese proceso. Por ejemplo, el responsable de Bankia indicó que este año cerrará 80 locales, el 2% de su red comercial. Sólo en la primera mitad del año, según la información publicada por el diario El Mundo, la banca comercial echó el cierre a más de 670 oficinas.

El consejero delegado del Banco Santander José Antonio Álvarez. Ángel Díaz Efe

Pero tienen que estar. Algunos directivos, como el CEO de Bankia, hablan de “multicanalidad”, de la necesidad de que convivan los canales. Otros, como Pedro Larena de Popular van más allá. “Los clientes más mayores, que son los que tienen el dinero, igual que las empresas, su factor fundamental es la asesoría”. Es decir, hablar cara a cara con el cliente. “No hay que lanzarse a convertir un banco que tiene casi un siglo en un banco online. Aunque nadie duda de que un banco hoy tiene que ser digital”.

El segundo directivo de Santander, tras Ana Botín, lo percibe de una forma similar. Al cerrar sucursales “sufre la captación de clientes”, señaló. “No puedes cerrar de forma masiva sucursales porque hay productos donde la gente quiere hablar y cuanto más valor tiene un producto más quieres hablar”, incidió. Además, hay otro problema, vinculado con la digitalización. “La percepción de que Internet es gratis la tenemos todos”.

"Las sucursales seguirán siendo un elemento importante para la confianza del cliente", subrayó el CEO de BBVA, Carlos Torres. Cree que el rol de las oficinas cambiará y no aglutinará operaciones diarias como las transferencias, que se canalizarán sobre todo vía internet. Mientras, su homólogo de ING DIrect para España y Portugal, Peter Staal, aseguró que el móvil se va a convertir en actor principal. En el caso de la entidad holandesa, sólo un 0,2% de los clientes opera a través de las oficinas, frente al cerca del 60% que usa el móvil.

¿Qué hacemos con las ‘fintech’?

Ahora mismo la banca tiene una relación de amor y odio con los nuevos actores 100% digitales. Los quiere porque los necesitan. Forman ese nuevo ecosistema digital en el que se mueven sus clientes más jóvenes, les aporta nuevas formas de negocio y hay que adelantarse a la competencia. Pero también hay recelo, mucho. Porque esos actores (que en muchas ocasiones acaban comprando) no soportan la misma regulación, no tienen los mismo límites, ni la misma supervisión.

“La tecnología en la banca no es disruptiva, no cambia de manera radical la relación con los clientes. Los 'fintech' son más colaboradores”, argumentaba a favor José Sevilla. “Nosotros hemos lanzado un lanzadera de ‘fintech’ en Valencia y ya hemos seleccionado proyectos”. Lo mismo opina el CEO de Sabadell. “Las 'fintech' ponen nervio a este sector”, aseguró. Son nuevos actores que entran “en colaboración” con los tradicionales. “Algunas nacen para venderse al sector y, también, son una oportunidad para atraer talento a trabajar en el sector”.

¿Cuál es entonces el problema? Que el pastel es el mismo y las ‘fintech’ compiten por los mismos clientes que los bancos de siempre. “No están regulados”, criticó Pedro Larena con los que no competimos en igualdad de condiciones. Son paracaidistas que llegan, atacan y se llevan una porción del negocio”. “A nosotros nos pone en una mala posición porque no podemos competir como iguales. Hay que asegurar también al consumidor con estos participantes. No estamos en igualdad de condiciones, es injusto”, resumió.

¿Comisiones sí o no?

A diferencia de la cuestión digital, no se trata de un problema nuevo. ¿Tiene que cobrar la banca por todos los servicios que presta? Aquí no hay acuerdo. Unas entidades piensan que, si no hay negocio en un escenario de tipos de interés negativos, la rentabilidad hay que sacarla de algún lado. ¿De donde? De las comisiones. Sin embargo, otras entidades creen que si a un cliente le cobras por un servicio que antes le dabas gratis lo único que vas a conseguir es su enfado.

El CEO de BBVA, Carlos Torres Vila, junto al presidente de la Asociación Española de Banca, José María Roldán. Sergio Barrenechea Efe

Entre estos últimos está el consejero delegado de Bankia. José Sevilla cree que las comisiones pueden ser un “error estratégico”. “Sería engañarnos si pensamos que los problemas de rentabilidad se solucionan con un aumento de las comisiones, aunque cada uno haga lo que considera más adecuado”. Lanzó así un ataque al Banco Santander que a principios de diciembre subió las comisiones de las tarjetas de crédito de los titulares de uno de sus productos estrella, la cuenta 1,2,3.

El CEO del Santander admite que no es una medida agradable para los clientes. “Pagar por algo que nunca se ha pagado, siempre sienta mal a todos, obviamente”, asumió José Antonio Álvarez. Y fue más lejos. “Cobrar por temas que no has cobrado es imposible”.

El más directo a la hora de defender las comisiones es el Popular. “En España no se entiende que el banco pueda cobrar”, aseguró Pedro Larena. “Tenemos que cobrar por lo que hacemos porque los tipos de interés no dan para ello. Como cualquier empresa. Un panadero cobra por una barra de pan, pues esto es lo mismo. Prestamos muchísimos servicios al cliente. En otros países sí es normal pagar por los servicios, en España no”.

¿Vienen más fusiones?

Sin duda. Están en el aire y sobrevuelan cualquier encuentro del sector financiero, aunque los actores no quieren hablar de ellas. Ni siquiera el Banco Popular, donde el relevo en la presidencia hace intuir una inminente operación corporativa, quiere hablar claro. “No me extrañaría que nos quisieran comprar, tenemos un negocio principal que es una joya", reconoció el consejero delegado a preguntas de los medios de comunicación. Sin embargo, la elección como nuevo presidente de Emilio Saracho (un hombre de la banca de inversión y vicepresidente global de JP Morgan Chase) indica que ese puede ser el camino que siga la entidad. "Saracho no tiene ningún mandato de vender el banco, que yo sepa”, aseguró Larena.

Ese destino está ahí para Popular y para Bankia a la que sobrevuela la idea de fusionarla con BMN, el otro banco banca nacionalizado, de cara a una futura privatización. Una venta que, según el ministro de Economía, Luis de Guindos, “difícilmente’ puede realizarse antes de un año. De hecho, el Congreso de los Diputados aprobó este jueves la ampliación en dos años más el plazo para privatizar ambas entidades. Pero es el camino a seguir. El CEO de Bankia apuntó que las entidades necesitan tener “volumen” para ser rentables y que ése puede ser uno de los motores del proceso de consolidación. “Tenemos que cumplir con un ratio de recursos propios y para eso hay que dar beneficios”, apuntó. “Lo normal es pensar que se vaya produciendo una mayor consolidación”.

Un proceso de integración que, según el directivo de Bankia, es difícil que dé el salto más allá de las fronteras españolas. “Las economías de escala, de eficiencia y normativas son las mismas en el conjunto de Europa pero hacen falta más cosas para tener bancos paneuropeos: que finalice el proceso regulatorio europeo, que acabemos de avanzar en la armonización, avanzar en la integración fiscal”. Además, los “gobiernos tendrían que estar dispuestos a perder la soberanía sobre sus bancos” y eso no parece fácil.

¿Es tan obvio que va a haber más fusiones? El supervisor, el Banco de España, lo tiene claro. El subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, aseguró en la inauguración de las jornadas organizadas por Iese y EY que hay "margen" suficiente para que se realicen fusiones entre entidades sin que ello afecte a la competencia. Las va a haber y el supervisor velará para que sean ordenada y respeten las normas vigentes.

"Preveo que tanto el Banco de España como el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) mantendrán en el futuro inmediato una atención especial a estas decisiones estratégicas (fusiones)", afirmó. “Los equilibrios que hay que trazar son respetar las decisiones corporativas, compartir los análisis del supervisor y que estas estrategias sean lo más apropiadas posibles”, señaló.