Bruselas

Pese al estallido de la guerra de Ucrania, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves acelerar la retirada de sus programas de compra de deuda desplegados en los últimos años para apuntalar el crecimiento. El BCE señala que la adquisición de activos podría concluir definitivamentente a partir de julio, si las condiciones económicas lo permiten. Una decisión que despeja el camino para una primera subida de tipos a finales de 2022 o principios de 2023.

El BCE adopta este acuerdo tras constatar que la inflación está totalmente descontrolada, ya que marcó un nuevo máximo del 5,8% en febrero en la eurozona. El ataque militar de Rusia disparará todavía más los precios, al menos a corto plazo, por el encarecimiento del gas.

Al mismo tiempo, el conflicto lastrará la recuperación de la eurozona tras la crisis de la Covid-19, una ralentización que se agravaría si el BCE normaliza precipitadamente su política. Ante este dilema, la institución dirigida por Christine Lagarde ha decidido dejarse todas las opciones abiertas.

En primer lugar, el BCE asegura que "garantizará condiciones de liquidez fluidas e implementará las sanciones decididas por la Unión Europea y los gobiernos europeos". "El Consejo de Gobierno tomará las medidas necesarias para cumplir el mandato del BCE de buscar la estabilidad de precios y salvaguardar la estabilidad financiera", dice el comunicado hecho público al final de la reunión.

Además, el Consejo de Gobierno ha decidido revisar el calendario de su plan ordinario de compra de deuda (APP, por sus siglas en inglés), que en teoría debía continuar hasta el final del año. Las compras netas mensuales en el marco del APP ascenderán a 40.000 millones de euros en abril, 30.000 millones de euros en mayo y 20.000 millones de euros en junio. Es decir, se reducirán a un ritmo mucho más rápido del anunciado en diciembre.

La otra gran novedad de este jueves es el anuncio por parte del BCE de que podría poner fin definitivamente a la compra de deuda a partir de junio si la evolución económica así lo permite. "Si los datos entrantes respaldan la expectativa de que las perspectivas de inflación a mediano plazo no se debilitarán incluso después del final de nuestras compras netas de activos, el Consejo de Gobierno concluirá las compras netas bajo el APP en el tercer trimestre", anuncia el comunicado.

No obstane, el BCE está dispuesto a mantener las compras si la guerra en Ucrania hace descarrilar por completo la recuperación. "Si la perspectiva de inflación a mediano plazo cambia y si las condiciones de financiación se vuelven inconsistentes con un mayor progreso hacia nuestro objetivo del dos por ciento, estamos listos para revisar nuestro calendario de compras netas de activos en términos de tamaño y/o duración", prosigue el texto.

Por su parte, el programa de emergencia contra la pandemia (PEPP, por sus siglas en inglés), que se puso en marcha en marzo de 2020, concluirá tal y como estaba previsto al final de este mes. De su dotación total de 1,85 billones de euros, el BCE lleva gastados ya 1,69 billones, con los que ha comprado 181.624 millones de deuda de España y 268.405 millones de deuda de Italia. La deuda que llegue a vencimiento se reinvertirá al menos hasta finales de 2024.

Por lo demás, el Consejo de Gobierno mantiene sin cambios los tipos de interés, que seguirán en mínimos históricos: el tipo general se mantiene en el 0% y la facilidad de depósito para los bancos continúa en territorio negativo (-0,5%). Los tipos no subirán hasta que concluya definitivamente la compra de deuda. "Cualquier ajuste de los tipos de interés oficiales del BCE tendrá lugar algún tiempo después de que finalicen las compras netas del programa APP y será gradual", dice el comunicado.

División en el Consejo de Gobierno

Sin embargo, el Consejo de Gobierno está dividido sobre los próximos pasos a seguir. Los partidarios de una política monetaria más flexible ('palomas' en jerga monetaria) apuestan por paralizar la retirada de estímulos y tolerar que la inflación supere temporalmente el 2%, incluso aunque sea por mucho. En contraste, los 'halcones' nórdicos apuestan por seguir adelante con la normalización de la política monetaria.

"El dramático conflicto en Ucrania pesa negativamente tanto en las condiciones de la oferta como de la demanda, lo que agudiza la incertidumbre y exacerba los riesgos para las perspectivas de inflación a mediano plazo en ambas direcciones", ha apuntado el representante italiano en el directorio del BCE, Fabio Panetta.

"En este entorno, sería imprudente comprometerse de antemano sobre medidas políticas futuras hasta que las consecuencias de la crisis actual sean más claras. Y el BCE está dispuesto a actuar para evitar cualquier dislocación en los mercados financieros que pudiera derivarse de la guerra en Ucrania y para proteger la transmisión de la política monetaria", sostiene Panetta.

En una línea similar, el economista jefe del BCE, Philip Lane, sostiene que "en caso de un shock de oferta adverso (como la guerra de Ucrania), el horizonte para que la inflación regrese a su objetivo podría alargarse para evitar caídas pronunciadas de la actividad económica y del empleo". Es decir, el BCE debería permitir que la inflación siga temporalmente por encima del 2% con el fin de no asfixiar el crecimiento.

En el extremo contrario, el nuevo presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, subraya que la guerra en Ucrania provocará nuevos récords de inflación en la eurozona debido a la subida imparable del precio de la energía, que depende en gran medida de Moscú. "Necesitamos mantener la vista puesta en la normalización de nuestra política monetaria", insiste el halcón más destacado del BCE. La decisión de este jueves supone una victoria, al menos parcial, para los halcones.

Noticias relacionadas