Habrá más aceite que este año, pero seguirá siendo menos de lo que habitualmente se produce. Es el resumen que deja el aforo del aceite de oliva para la campaña 2023/2024, o sea, su previsión de cuánto oro líquido generará España en los próximos meses.

De acuerdo con los datos recopilados por el Ministerio de Agricultura, serán unas 765.300 toneladas. A priori un buen dato, porque es un 15% más de lo producido en la pasada cosecha (664.000 toneladas), pero también pesimista, porque es un 34% menos de que se logró en la media de las últimas cuatro. 

Así que habrá, por segundo año consecutivo, una producción más corta de lo habitual. Cabe recordar que la escasez es el motor del encarecimiento del aceite de oliva, cuyos precios han subido un 52% en el último año, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

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Junto a esta cifra, el ministerio ha avanzado además que se estiman para la campaña unas existencias de enlace de 257.000 toneladas. Este también era un dato importante porque se esperaba que paliase la escasez de producción. Pero llega asimismo golpeado tras un año difícil.

Para poner en perspectiva la cifra, basta señalar que se trata de un 43% menos que las existencias iniciales de la campaña anterior; y un 52% menos que la media de las últimas cuatro campañas.

CCAA

Analizado por comunidades autónomas, se observa un incremento de producción en Andalucía (+7 %), en Extremadura (+101 %) y en Castilla-La Mancha (+ 29 %).

Unas diferencias fundamentales, sobre todo en Andalucía, que reúne el 70 % de la producción española y que estima que en esta campaña genere un 40% menos de lo habitual. 

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El motivo para estos descensos está, de nuevo, en la sequía. Aunque también ha sido determinante el calor extremo vivido en mayo, cuando los olivos estaban en plena floración. Se produjo entonces una merma del cuajado del fruto que ha sido clave para el devenir de los meses posteriores.

Como cada año, el Ministerio de Agricultura ha remarcado que todas estas cifras son provisionales y se ajustarán en función de la evolución de las condiciones de la recolección y de los datos de rendimientos obtenidos a lo largo de la campaña, ya que la cosecha del fruto no se inicia hasta noviembre, según las zonas de producción.