Arturo Criado Laura Broche

La inflación suma y sigue. Los precios están desbocados y el Instituto Nacional de Estadística estima que en octubre van a subir un 5,5% respecto al año pasado. Esto supone la mayor subida desde 1992, y empieza ya a suponer un problema para la recuperación económica tras la crisis de la Covid-19.

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No mejoran las cosas si se analiza el dato intermensual, pues el décimo mes del año vio cómo el IPC subió un 1,7%. Unas cifras en las que tienen una gran influencia la electricidad, los carburantes y el gas que el año pasado descendían. 

Este incremento de los componentes energéticos viene motivado por el contexto de recuperación internacional, en el que los precios de la energía y el crudo se están incrementando por el ‘tirón’ que hacen las fábricas. Sobre todo en China. Sin embargo, a ello hay que sumarle también la apuesta cada vez mayor de los Estados, sobre todo europeos, por la descarbonización. 

Ahora bien, los datos conocidos este jueves muestran ya que empiezan a verse los llamados efectos de segunda ronda. Es decir, que la inflación empieza a trasladarse hacia otros sectores económicos. Así, por ejemplo, la alimentación ya está reflejando el aumento de costes que tiene: los productos elaborados crecen un 1,8% interanual y la alimentación general un 0,8%. 

Preocupante incremento sólo en octubre el de los alimentos sin elaboración que suma un 2,5% en lo que llevamos de mes. Así que parece cada vez más evidente que la cesta de la compra se va a encarecer a lo largo de las próximas semanas. 

Las cosas no mejoran tampoco si se analiza el dato de IPC armonizado, que excluye los alimentos frescos y la energía. Es cierto que está lejos del 2% que el Banco Central Europeo se fija como límite, pero el 1,4% que alcanza en octubre supone un crecimiento de cuatro décimas respecto al mes anterior. 

El aumento de la inflación supone un empobrecimiento de la población, pues con el mismo dinero van a conseguir menos cantidad de productos. De momento los salarios firmados en convenio durante el mes del 1,46%, aunque todavía queda tiempo para comprobar cuál es el efecto del aumento de la inflación en las negociaciones colectivas. 

Tensiones inflacionistas

La presión de los precios, como ha contado EL ESPAÑOL-Invertia, continuará subiendo en los próximos meses. La estimación es que el pico llegue en noviembre, por lo que afectará a la revalorización de las pensiones de cara al año que viene. Esto provocará un aumento de las necesidades de la Seguridad Social para hacer frente a la nómina de los pensionistas. 

Este jueves se celebra la reunión del Banco Central Europeo (BCE) en la que se espera que Christine Lagarde pueda dar alguna pista sobre cuál va a ser su actitud de cara a las tensiones inflacionistas en los próximos meses. Por ahora siempre ha insistido en que la política monetaria se va a mantener y va a ser acomodaticia, aunque habrá que estar atentos a posibles cambios que haya. 

Como destacaba en un informe a primera hora de la mañana Otalvaro, gestora en el equipo de inflación en AXA IM, “los bancos centrales se enfrentan entonces a un dilema: asumir el riesgo de deteriorar su credibilidad mientras mantienen la tesis que la inflación es temporal o normalizar más rápidamente la política monetaria y poner en peligro la recuperación de la economía”.