La intensidad que está tomando la lucha por la hegemonía global entre Estados Unidos y China afecta a todos los frentes. Tras años de advertencias sobre el poder que está acaparando el coloso asiático, son cada vez más los datos que apuntan a que su aspiración de gobernar el mundo puede convertirse en una realidad mucho antes de lo que algunos expertos aventuraban.

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La pandemia ha ayudado a Pekín a adelantar posiciones en esta batalla que tiene muchas aristas. En los últimos días, se ha puesto el foco en la pérdida de influencia estadounidense por su fracaso en Afganistán. El país controlado por los talibanes será un aliado clave para China en los próximos años y ayudará a Pekín a consolidar su liderazgo en Asia y a ganar influencia en el mar Arábigo frente a India.

Este fracaso militar de occidente es el colofón a unos meses en los que China ha avanzado posiciones frente a Estados Unidos a una velocidad mayor a la prevista en su ambición por ser la primera potencia económica del mundo. La pandemia y la lentitud con la que el mundo desarrollado consiguió frenar la expansión del virus hasta la llegada de la vacuna ayudaron a las autoridades chinas a lograr ese objetivo.

Sin embargo, EEUU no se rinde y en el segundo trimestre de 2021 logró detener algo la carrera de su rival al volver a liderar el crecimiento mundial en términos de PIB.

Asia se ha convertido en uno de los principales focos de atención del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que acaba de proponer nuevos embajadores para China y Japón con la intención de reforzar sus lazos con este último país y no perder influencia en la región. 

Aunque la rivalidad entre las dos potencias por la hegemonía del mundo que viene no es nueva, la pandemia ha recrudecido el combate al dar alas a Pekín para ganar posiciones a una marcha acelerada.

La economía china aprovechó las dificultades de 2020 para acortar distancias frente a la norteamericana al registrar un avance del Producto Interior Bruto (PIB) del 2,3% en un año en el que Estados Unidos sufrió una fuerte caída del 3,5%.

Ese crecimiento económico en un ejercicio de recesión global contribuyó a que China se convirtiera en líder en captación de inversión extranjera directa en 2020, desplazando a EEUU.

Esto en un año en el que esos flujos de inversión se desplomaron a nivel mundial un 38%, hasta registrar niveles de 2005, según un informe encargado por Money Transfers a partir de los datos publicados por la OCDE.

En concreto, China captó 212.500 millones de dólares en inversión extranjera directa, frente a los 177.100 millones de dólares que se llevó Estados Unidos, nación que hasta 2019 lideraba el ránking.

Son cifras a las que siguen de lejos los 64.400 millones de dólares que consiguió atraer India -uno de los grandes rivales de China- y los 62.000 de Luxemburgo, que ocupa el primer puesto en Europa.

España aguantó el tipo en ese tablero con cifras más modestas (9.900 millones), pero un 5% superiores a las de un año antes a pesar de la crudeza con la que la Covid-19 golpeó a la economía. Nuestro país ocupó el puesto 18 entre las 33 economías analizadas en el informe.

Como señala este documento, "las empresas y los emprendedores entienden que las mejores las oportunidades de inversión no siempre están en su país de origen, por lo que persiguen inversiones valiosas en países extranjeros. La conocida como inversión extranjera directa puede impulsar significativamente las perspectivas económicas del receptor".

En el caso chino, el pasado año se registró un impulso del 14% frente a 2019 en esos flujos, algo que, sin duda, también ayudó a consolidar su crecimiento en un entorno de recesión mundial.

Inversión en los mercados

Convertirse en un país atractivo para la inversión ha sido uno de los objetivos de Pekín en los últimos años. Sin embargo, estos esfuerzos se han hecho sin querer perder el control de ese capital.

Con la pandemia, el gigante asiático sacó provecho del momento y consiguió atraer a inversores de Nueva York y Londres a su mercado de acciones y bonos.

Su resistencia al coronavirus y sus activos en los mercados financieros resultaron muy atractivos para los inversores internacionales. Esto permitió que las tenencias de acciones locales chinas en el extranjero crecieran el pasado año nada menos que un 62% frente a 2019, hasta alcanzar los 3,4 billones de yuanes (520.000 millones de dólares), según datos que recopiló Bloomberg en abril.

Captar inversión tiene sus riesgos. Pekín ya lo comprobó en 2015, cuando la entrada de flujos de capital al país fue un elemento que contribuyó a crear el escenario de burbuja que forzó una devaluación de la moneda. Sus autoridades aprendieron la lección y ahora permanecen más atentas a este tipo de movimientos.

Sin embargo, pese a esos riesgos, China quiere presentarse ante el mundo como un mercado eficiente y poderoso. De ahí que en los últimos años haya permitido el desarrollo de sus mercados de acciones y bonos con inversores foráneos.

La capacidad que tiene Pekín de planificar a largo plazo la economía mediante sus planes quinquenales es un elemento que las firmas de análisis e inversión internacionales tienen muy en cuenta, puesto que esa visibilidad da certeza a sus apuestas en los mercados.

Además, China tiene claras cuales son las tendencias mundiales y no quiere quedarse atrás. De hecho, en su 14º Plan Quinquenal 2021-2025 mostró su disposición de liderar la transición tecnológica y energética en la que los inversores buscan oportunidades en estos tiempos, como explicaba en este periódico al conocer ese documento el director de estrategia de UBS España Roberto Scholtes.

Resistencia de EEUU

Sin embargo, no todo juega a su favor. Tras crecer por encima del 18% en el primer trimestre de 2021, el avance de la economía china se desaceleró entre abril y junio con un incremento del PIB en ese periodo del 7,9%. 

Unos meses en los que Estados Unidos experimentó un crecimiento del PIB del 12,2% interanual, consiguiendo detener ese constante sorpasso que China viene intentando consolidar desde los años 90.

También las Bolsas chinas han dado un aviso a los inversores este verano ante el marco regulatorio que el Gobierno local está imponiendo a algunas de sus cotizadas, en especial, al sector tecnológico. Un escenario con implicaciones directas en la inversión extranjera que se reflejará en las cifras del cierre de 2021.

Y es que Estados Unidos se resiste a ceder ese liderazgo mundial que en el terreno militar acaba de sufrir un durísimo golpe. De ahí que cuando llegó Joe Biden a la Casa Blanca las tensiones comerciales entre ambos países que marcaron la era Trump se relajaran pero sin desaparecer de todo. Ambas potencias se juegan mucho en esta guerra.

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