Todo lo que hemos vivido durante el último año nos ha traído cambios sustanciales en muchos niveles de nuestra vida. Uno de los más inmediatos para la mayoría de nosotros radica en la forma de trabajar: hemos pasado de sentarnos en una oficina durante ocho horas a que las fronteras entre nuestra casa y el despacho se difuminen por completo.

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El teletrabajo impuesto por la pandemia ha sido una revolución sustancial en las dinámicas y flujos de trabajo. Y parece, a todas luces, que es una tendencia que ha llegado para quedarse, al menos en parte.

"Este viaje hacia el espacio de trabajo remoto se consolida y acelera. En 2021, cuando ya haya pasado la pandemia, el 30% de los trabajadores estarán en sus casas. Y estamos viendo como el 38% de las empresas están fomentando esta tendencia y ajustando su gasto tecnológico en esta dirección", corrobora José Antonio Cano, director de Análisis y Consultoría en IDC.

Un particular viaje que no se detendrá en convertir nuestras casas en una improvisada oficina, sino que culminará en un mundo híbrido y en el que el puesto de trabajo no será algo ligado a lo físico, mas bien a la capacidad tecnológica que lleve asociado.

"Estamos pasando de hablar del puesto de trabajo remoto al puesto de trabajo inteligente, con la hiperautomatización de tareas repetitivas que mejoren la eficiencia y el engadgement con los empleados", detalla el analista, junto a una particular predicción: "Para 2022, el 45% de esas tareas repetitivas en las grandes empresas estarán automatizadas o aumentadas con los digital coworkers. Serán una suerte de compañeros de trabajo virtuales".

La industria se posiciona

Esta transformación de nuestro puesto de trabajo no solo está cambiando nuestra manera de entender el día a día, sino que trae consigo numerosos retos tecnológicos a solventar. Lo primero, especialmente en un trasvase tan imprevisto como el vivido en 2020, fue asegurar la continuidad de negocio. Mantener la máquina funcionando, en esencia. Pero ahora llega el momento de no sólo hacer las cosas, sino hacerlas bien.

Y es ahí donde entra en juego un concepto del que ya se venía hablando antes de todo este fenómeno: la amplificación del perímetro de dispositivos conectados de la organización. Antes, era posible controlar los equipos informáticos dentro de la red corporativa, su seguridad y su uso. En caso de un fallo técnico, el personal de soporte podía resolverlo en apenas minutos. 

Sin embargo, ahora es mucho más complicado tener visibilidad sobre los dispositivos que manejan los empleados, constatar su política de seguridad y resolver sus incidencias técnicas.

Un cambio de tercio que ha obligado a la industria digital a posicionarse en el nuevo tablero de juego. Es el caso de la norteamericana HP, que esta semana ha presentado su reformulada propuesta de servicios para hacer frente a estos retos. Estrategia que se basa en un pilar de la casa como es TechPulse, su plataforma de telemetría y análisis para la gestión de dispositivos.

Sobre este fundamento se construyen, por ejemplo, HP Active Care (que emite alertas sobre el estado de la batería, los discos duros, asistencia remota o soporte in situ) y ProActive Insights (un servicio en la nube que facilita la monitorización de la flota de dispositivos, con foco en la experiencia de uso, recomendando apps y funcionalidades para cada trabajador). Un paso más allá llega con ProActive Endpoint Management, la propuesta con la que son los técnicos de HP los que toman el control de todos estos aspectos. 

Por último, en la parte de ciberseguridad, clave en estos días, la multinacional estadounidense ha presentado SureClick Enterprise, con la que se garantiza el aislamiento y la contención de las aplicaciones en el endpoint, así como proporciona una previsión del riesgo de un dispositivo y lleva la inteligencia artificial a la detección de amenazas. También en este campo existe la alternativa gestionada por HP, ProActive Security.