Dell Technologies es una de las marcas con más solera del sector tecnológica. Creada en 1984 por Michael Dell, quien le da nombre, esta multinacional consiguió colarse en las oficinas y hogares de muchos de nosotros con sus populares ordenadores. Pero, además, la firma ha ido construyendo un importante negocio en la arena profesional, especialmente en segmentos como los servidores, el almacenamiento (tras la compra de EMC) o la virtualización (con la heredada VMware).

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Adrian McDonald ha sido testigo de gran parte de esta evolución. El directivo lleva desde 1988 en EMC, unidad en la que lideró su negocio en Europa, Oriente Medio y África durante los últimos siete años. Y, desde este mismo año, ha ampliado su poder con la presidencia de todo el grupo para esta misma región.

En D+I hemos podido hablar con él, en la primera entrevista que concede a un medio español tras su nombramiento.

Tras una larga trayectoria en la compañía, ocupa la presidencia de la región EMEA de Dell Technologies desde febrero de este año, justo antes de que comenzara la pandemia de la COVID-19. ¿Cómo ha afectado esta situación a estos primeros meses en el cargo y a la estrategia de la compañía en su conjunto?

Efectivamente, llevo 32 años en la empresa, ocupando diferentes posiciones de liderazgo y, este febrero, se produjeron algunos cambios internos que me han llevado hasta aquí. Sin duda, son momentos sumamente interesantes, sin precedentes. Desde el punto de vista personal, estamos casi al final del año y solo he podido ver físicamente a mi equipo una vez.  

Ha sido un año extraño, en el que nuestro papel como compañía ha cambiado: la prioridad no han sido solo los números, sino tratar de ayudar y ser útiles. Nuestra primera obsesión fue asegurarnos de que los sistemas críticos de nuestros clientes estaban seguros, reforzando el soporte técnico y la atención de nuestros expertos y partners. Lo siguiente fue mandar a nuestros empleados a casa, que fue algo relativamente sencillo porque el 20% de nuestra plantilla ya teletrabajaba antes de todo esto. 

A pesar de todo ello, y desde la perspectiva de negocio, lo hemos hecho bien en este período. Hay dos industrias que han funcionado bien con la COVID-19: la farmacéutica y la tecnología, debido en este último caso al auge de las estrategias de teletrabajo.

Comenta que su función en estos meses ha sido la de ayudar a la sociedad. ¿Cómo se ha materializado eso?

Por ejemplo, nos hemos puesto a disposición de los sistemas de salud para anticipar lo que pudieran necesitar. Un caso concreto es el que hicimos junto a McLaren, el equipo de Fórmula 1, para diseñar y producir respiradores tan rápido como fuera posible. También equipamos informáticamente de forma urgente a los nuevos hospitales que se levantaron en diferentes partes de Europa. 

Aunque claramente la industria TIC ha aguantado bien esta situación, también ha habido contratiempos. Por ejemplo, en lo que concierne a las interrupciones en la cadena de suministro de muchos componentes clave, procedentes de China...

Es cierto que en los primeros instantes, China fue de los países más afectados. La producción de muchos componentes clave se vio interrumpida. Por suerte, nuestra cadena de suministro se comportó bien, mejor que la de cualquier otro, y pudimos mantener suficiente stock de productos para hacer frente a la demanda de ordenadores y otros sistemas necesarios para el teletrabajo o la educación en remoto.

Hasta que llegó la pandemia, la transformación digital que afrontan todas las empresas del mundo estaba orientada a la generación de valor. ¿Cambia ahora ese enfoque?

Totalmente, ahora la agenda pasa más por una agenda de reducción de costes. Las empresas están buscando cómo eliminar todos los gastos que puedan, y eso también tiene su implicación en el tipo de gasto TIC que hacen. 

La agenda de las empresas pasa por la reducción de costes, pero deben acelerar su digitalización para no quedarse atrás

Pero también ha quedado claro que las empresas que habían hecho los deberes en su transformación digital antes de la COVID-19 han demostrado su fortaleza en esta situación. Han tenido datos y analíticas para adaptarse más rápidamente a los cambios del mercado, para mantener su actividad y ofrecer una buena experiencia de cliente a través de los canales digitales.

Esto, más allá de las circunstancias actuales, ha permitido a las empresas que no estaban tan adelantadas en este proceso -que son la mayoría- ver el gap que les separa. Ahora entienden lo pertinente que es tener buenas estrategias digitales. Y ahí estamos viendo también un acelerón de muchas compañías para equipararse a los referentes de sus sectores, haciendo el trabajo de tres o cuatro años en apenas unos meses.

Algunos analistas advierten de que esa orientación al coste puede afectar a la capacidad de innovación de las empresas...

Vemos esa circunstancia, pero también creemos que la COVID-19 ha servido como catalizador para que muchas compañías pasen de los debates internos sobre su estrategia digital a abordarla realmente. El ritmo de evolución es tan rápido que simplemente equipararse a sus rivales no es suficiente, tienen que afrontar estas innovaciones disruptivas de forma ambiciosa si no quieren quedarse atrás.

Viniendo de EMC [multinacional de sistemas de almacenamiento, adquirida por Dell en 2015], tengo que preguntarte por la situación de este segmento. No es una industria que esté muy manida actualmente, pero también está viviendo su particular transición del hardware tradicional a las nuevas propuestas flash, así como nuevas formas de abordaje comercial, por ejemplo...

Nuestra estrategia en ese sentido es muy simple: abordar la consolidación de todos los segmentos en que operamos para ser el principal proveedor de almacenamiento, servidores, ordenadores y software empresarial. Somos líderes claros en almacenamiento, con más cuota de mercado que los números dos, tres y cuatro del mercado juntos. Esta apuesta por la consolidación está funcionando.

En la parcela específica del almacenamiento, estamos acostumbrados al cambio constante. Ahora mismo, estamos asistiendo a un cambio drástico en el modelo de consumo, ligado a la adopción de modelos de pago 'como servicio'. Y en la parte técnica, lo relevante está siendo la integración de los sistemas de almacenamiento con los proveedores en la nube. Puedes tener el último tipo de sistema, todo 'flash', pero la cuestión está en cómo lo conectas con las distintas 'clouds' públicas y privadas, con todos los demás sistemas que tienes.

Y ahí entiendo que entra su apuesta, como la de otros competidores, por temas como la hiperconvergencia, la virtualización de la infraestructura o los contenedores, ¿verdad?

Efectivamente, todas esas tecnologías son esenciales para poder orquestar todos los sistemas actuales, que están en los centros de datos, con las propuestas en la nube de diferentes proveedores y en distintas modalidades.

El factor de decisión en la compra de una tecnología u otra se está basando en la flexibilidad que ofrecen

Creo sinceramente que, cada vez más, el factor de decisión de compra de una tecnología u otra pasa no solo por las capacidades técnicas en sí, sino por la capacidad que ofrezcan a la hora de mover cargas entre distintos entornos y de funcionar con flexibilidad en este contexto tan heterogéneo.

Para acabar, ha mencionado el cambio en los patrones de compra de las compañías hacia los modelos como servicio. Recientemente han anunciado Project APEX, precisamente en esta línea. ¿En qué consiste y qué quieren lograr con él?

Dell es la mayor financiera del sector tecnológico y, ahora, hemos anunciado un fondo de 9.000 millones de dólares para ayudar a que nuestros partners y clientes puedan seguir innovando de forma flexible, reduciendo las barreras de entrada en términos de coste.

En definitiva, con Project APEX queremos que todos los productos y servicios de la marca estén disponibles como servicio. Es la plataforma tecnológica que nos permitirá adaptarnos mejor a las preferencias de consumo de las empresas, máxime en estos próximos meses que los negocios tendrán que acelerar sus inversiones en digitalización sin la presión financiera que ello supone.