En un entorno inmerso en la incertidumbre por las crisis sanitaria y económica provocadas por la pandemia por la Covid-19, la flexibilidad es un factor clave para la supervivencia del tejido empresarial. Y en este aspecto es esencial la implementación de las llamadas tecnologías profundas o deep tech, es decir, aquellas tecnologías transversales que irrumpen de forma disruptiva en diferentes sectores industriales.

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“Los responsables de plantas de producción están viendo como las condiciones de contorno están cambiando, lo que les lleva a repensar su modelo de negocio”, asegura a D+I Sergio Sáez, clúster manager de Secpho. “Aquellos que apuesten por la digitalización y la flexibilidad de su cadena de producción saldrán beneficiados y los que no, simplemente, desaparecerán”.

En concreto, las empresas relacionadas con este sector deep tech facturan un total de 1.155 millones de euros al año y dan trabajo a 9.470 personas, según los datos que recoge Secpho, un clúster de innovación que aglutina a 150 compañías, centros tecnológicos y grupos de investigación expertos en innovación tecnológica de este sector.

“La mayoría de estas organizaciones aseguran haber resistido la pandemia y más de la mitad ha incrementado su plantilla desde marzo de 2020”, señalan desde Secpho. En concreto, los sectores que han continuado contratando servicios de tecnología punta son el farmacéutico, la agroalimentación y la sanidad. En cambio, donde ha caído más la demanda es en automoción, aeronáutica y patrimonio cultural.

Aunque esta apuesta por la innovación y la tecnología ya se estaba produciendo en nuestro tejido industrial, quizás no lo estaba haciendo a la velocidad deseable. “En esta situación tan crítica se ha visto la necesidad de abrir la mente al cambio y evaluar objetivamente cómo diferentes herramientas tecnológicas pueden hacer nuestro tejido industrial mejor”, incide a D+I David Oyarzun, cofundador y CEO de Nuavis.

Tecnologías más transversales

Se trata de las tecnologías que están detrás de tendencias de innovación como la industria 4.0, el internet de las cosas, el vehículo autónomo, o las comunicaciones 5G, entre otras. Sáez pone un ejemplo: “La tecnología láser bien puede utilizarse en oftalmología o dermoestética, en fabricación de componentes electrónicos para el sector del automóvil o en el troquelado de empaquetado sostenible”.

Uno de los auges se ha visto en la aplicación de robótica para determinados procesos industriales, ya sea para ayudar a mantener la distancia social, por ejemplo, con “robots que trasladan de forma autónoma, sin interactuar con personas, mercancías dentro de centros sanitarios; robots móviles para labores de desinfección o para teleasistencia”, explica a D+I María Benítez, Chief Marketing Officer de Robotnik.

“Allá donde haya una tarea repetitiva, tediosa e incluso peligrosa estos robots tienen mucho que aportar”, asegura la responsable de esta firma valenciana. En estos meses, esta firma ha percibido como “muchas las empresas, con el fin de intentar avanzar en el complicado mercado que tenemos actualmente, han apostado por la robótica y la manipulación móvil”.

Oyarzun afirma que desde su compañía también han percibido que las empresas están evaluando, a raíz de esta crisis, “cómo la tecnología, de visión artificial en nuestro caso, puede proporcionarles valor incrementando su competitividad”.

De hecho, señala que han aumentado las solicitudes de sistemas orientados a automatizar parte del proceso productivo, “puede que por las implicaciones que ha tenido la pandemia respecto al presencialismo en la planta industrial”.

Asimismo, también destaca la aplicación de proyectos enfocados en obtener métricas de los procesos de producción, con el fin de poder “analizarlos, comprenderlos y mejorarlos” para lograr ser “más productivos con los mismos medios existentes”.

El papel de los fondos europeos

Sergio Sáez recuerda, además, que desde Europa van a llegar fondos a través del plan de recuperación Next Generation EU y “gran parte de los cuales están dirigidos a digitalizar la industria”.

Y, en este sentido, Sáez incide en el papel que desempeñan las deep tech, ya que “aglutinan tecnologías como sensores ópticos de última generación, materiales avanzados, sistemas de inteligencia artificial, microelectrónica, robótica y drones, sistemas láser o comunicaciones cuánticas que son clave en la ciberseguridad”.

Asimismo, subraya que estos fondos europeos son “una gran oportunidad”, ya que pueden ser una inyección de financiación para proyectos de desarrollo que sean innovadores y sostenibles.

Por último, destaca que este clúster es “un ecosistema sólido y maduro” y, a pesar de ser un sector “muy atomizado”, “pivota alrededor grandes centros de producción”, por lo que se distribuye, especialmente, en Cataluña, País Vasco, Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana.

La cultura de la innovación va abriéndose paso, poco a poco, entre el tejido industrial español, aunque haya sido “forzada por las circunstancias” y, apunta, quizá “hubiera sido mejor que hubiese sido de forma proactiva”. “Los cambios culturales son lentos, pero dentro de tres o cuatro años veremos si podemos realmente hablar de un cambio de cultura de innovación en la industria”. 

Por ello, no se puede perder la oportunidad de estos fondos para desarrollar proyectos de innovación con impacto en la digitalización de la industria, así como para atraer talento profesional. “Siempre nos hemos quejado de la fuga de cerebros por culpa de la falta de recursos y financiación, pues bien, ahora ha llegado la ocasión para recuperar el talento perdido”, apostilla el responsable de Secpho.