2020 ha sido un año atípico en muchos sentidos y esto se ha reflejado en las inversiones en el ecosistema emprendedor. La principal conclusión es que pese a la situación de incertidumbre global por la pandemia, el ecosistema español “goza de buena salud” porque las startups están captando el interés del inversor en etapas más tempranas y, por tanto, con mayor riesgo asumido por parte del inversor.

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Esta falta del interés inversor en etapas iniciales (presemilla y semilla, es decir, hasta un millón de euros) era uno de los problemas que caracterizaba al ecosistema español, apunta Javier Megías, director del programa de startups en la Fundación Bankinter, en la presentación del informe del Observatorio de Startups en España.

Otra de las transformaciones que se están produciendo en el ecosistema es el papel que están asumiendo los inversores corporativos, que han incrementado en un 59,5% el número de operaciones en 2020 y, sobre todo, en volumen (81,1% más). “Se han convertido en los segundos inversores más activos”, que es algo que “ya venía sucediendo en ecosistemas europeos como Berlín, París o Reino Unido”.

En otros países con más tradición inversora, sobre en EEUU, “los fondos de pensiones y los inversores institucionales invierten con sumas interesantes en fondos de venture capital, pero en España esto no sucede”.

¿Por qué? Megía apunta a un factor cultural al tratarse de un activo volátil y con riesgo, pero incide en que “en una cartera diversificada debe existir una parte dedicada al alto riesgo con potencial de retorno”. Además, también reitera la necesidad de unos cambios regulatorios que pueden llegar a medio plazo.

Incertidumbre por la pandemia

“Marzo y abril fueron meses complicados. La mayoría de los fondos de inversión, en lugar de hacer nuevas operaciones, se dedicaron a hacer triaje de su portfolio, es decir, analizar lo que estaba sucediendo y estudiar cómo ayudar a sus participadas”, explica Megías.

Tras este control de daños y su consecuente caída en inversiones, el ecosistema se repuso y a lo largo de lo que quedaba de 2020 se produjo “un crecimiento sostenido y agudo” para cerrar el año con “una cifra récord de operaciones”: 336 en total (un 36,6% más que en 2019).

No obstante, el frenazo del segundo trimestre se ha dejado notar en una caída del volumen total de inversión en un 11,3% (1.105 millones), porque se han cerrado menos rondas en fases más maduras.

Esta caída se ha compensado con un crecimiento de la actividad de inversión en fases intermedias (Series A [entre uno y cinco millones] y B [entre cinco y 20]), así como en las iniciales (presemilla [menos de 100.000 euros] y semilla [menos de un millón de euros]).

Este impulso en estas primeras fases es clave para el futuro del ecosistema español. “Históricamente, en las operaciones entre uno y cinco millones España tenía pocos inversores y pocas operaciones”.

Ante “el efecto embudo” del ecosistema emprendedor, esta tendencia generará que, en los próximos años, las startups que han captado un millón, en uno o dos años pasarán a ser operaciones cinco millones… y así sucesivamente. Así, en las operaciones más tempranas se ha producido un crecimiento del 31,6%, en las de Serie A un aumento del 48,6% y en Serie B del 34%.

Megías puntualiza que esta reacción del ecosistema, cerrando más operaciones pero con menos volumen, no son específicas de España. Aunque Megías incide en que en España “es más llamativo” por la composición de nuestro ecosistema, ya que existía “una carencia histórica de inversión en fase semilla”.

Tendencias

Uno de los datos más interesantes es que cada vez más inversores extranjeros están participando en estas rondas de financiación. Así, aunque el volumen total es sensiblemente inferior a 2019 (un 20% menos), el número de operaciones en el que intervienen ha aumentado en un 52%.

“Es muy llamativo que los inversores con sede en EEUU y en Canadá han crecido casi un 100% en volumen de inversión”, destaca Megías. Así, apunta que hay múltiples teorías que expliquen este cambio de actitud y apuesta porque ahora se considera que hay grandes y eficientes compañías en Europa a la hora de ejecutar sus proyectos.

En cuanto los hubs españoles, Barcelona y Madrid siguen siendo los principales focos de atracción, aunque han caído en volumen de inversión. Le sigue Valencia, que ha tenido un crecimiento muy relevante, sobre todo, por la operación de Flywire (113 millones). “Los hubs secundario, como Valencia, Sevilla, Bilbao, Málaga… empiezan a notar el esfuerzo que iniciaron años atrás”.

Por sectores, aunque hay un incremento generalizado en número de operaciones en prácticamente todos los sectores, cae ligeramente la inversión en el de Movilidad y Logística, pero crece en Fintech e Insurtech (8,4%). Aún así los sectores beneficiados por la pandemia son lo que más crecen, como ciberseguridad (108,8% más%), salud y bienestar (84,3% más), comercio electrónico (53,4% más), educación (156,9%) o entretenimiento (14,6%).

Otra de las tendencias que se extrae de este informe es la consolidación del crowdfunding para la financiación de las compañías en las primeras fases. En concreto, esta opción de financiación ha crecido un 73,1% en número de operaciones.

Por último, Megías puntualiza que otra de las grandes noticias de 2020 fue el volumen de ventas de compañías españolas, impulsado por la operación de Idealista. Estas operaciones “ayudan a generar un ciclo virtuoso, porque los fundadores siguen estando en el ecosistema, o bien fundan nuevas compañías o bien invierten en otros emprendedores convirtiéndose en business angels”.