G.M.
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Las claves

"¿Lo de siempre?" es, probablemente, una de las preguntas más repetidas en las barras y terrazas de nuestro país. Una frase que encierra confianza y la sensación de sentirse en un entorno casi familiar. Pero, aunque la estampa sea similar a la de otros tiempos, los hábitos sociales en España han experimentado una fascinante transformación, desplazando el ocio hacia horas y momentos diurnos cuyos nombres ya forman parte del lenguaje cotidiano.

Hablamos del tardeo, del afterwork, del brunch Son algunos de los ejemplos que sirven como excusa para juntarse con amigos y disfrutar de un momento de relax. Porque sí, lo importante es aquello a lo que remiten las palabras, sean nuevas o clásicas: queremos disfrutar de lo de siempre, compartir y disfrutar de un tiempo de calidad.

Fiel a esta percepción se encuentra Fundador. Un firme representante de tendencias de antes y de ahora; un momento especialmente significativo porque estamos inmersos en un contexto en el que ha cobrado fuerza la premiumización. Algo que consiste en beber menos, pero elegir opciones de mucha mayor calidad y que ofrezcan momentos verdaderamente experienciales.

En ese nuevo mapa social, Fundador encuentra un lugar natural porque responde a una doble aspiración muy contemporánea: autenticidad y versatilidad. Ahí está una de las claves de su vigencia. La marca no aparece hoy como algo del ayer a lo que contemplar con nostalgia, sino como una tradición viva que acompaña a los tiempos.

La historia lo respalda: Bodegas Fundador nació en 1730 y la marca Fundador fue creada en 1874, convirtiéndose en el primer brandy español y en una referencia decisiva para la evolución de la categoría. Es decir, que mantiene las señas de identidad de un bagaje centenario, pero, a su vez, mira hacia el futuro rejuvenecido, protagonista de una reinvención que lo sitúa como pilar de maridajes inéditos y rituales renovados.

Por eso, hablar hoy de "lo de siempre" no significa repetir una costumbre sin pensar. Significa recuperar aquello que inspira confianza -el origen, el legado, el saber hacer- para vivirlo de una forma nueva. Es la voluntad de conectar con nuevos públicos y nuevos códigos de consumo.

Y ese cambio no solo se nota en la conversación alrededor de la marca, sino también en cómo se sirve, en qué momento se pide y en qué tipo de plan encaja. Durante años, el brandy quedó asociado a una escena muy concreta: la sobremesa, la noche, el sillón, incluso cierta solemnidad. Hoy esa imagen se amplía.

Nuevos contextos

Fundador se abre a contextos más frescos, con propuestas más contemporáneas, más frescas y más adaptados a una experiencia social que busca disfrute sin rigidez. Esa voluntad de reinvención pasa por escuchar al consumidor actual y adaptarse sin perder identidad, una idea que la propia marca ha situado en el centro de su evolución reciente.

De ahí que Fundador se pueda disfrutar hoy con rituales sencillos pero llenos de intención. El primero es quizá el más puro: solo o con hielo. Hay algo elegante en esa forma de servirlo, algo que conecta con su carácter original pero lo traduce a un lenguaje más limpio y actual, una manera de paladear el momento con calma y con estilo. Es un ritual para quien aprecia bebidas con personalidad y busca un disfrute más sereno, más consciente y más premium.

El segundo gran territorio es el de los combinados y cócteles largos, donde Fundador demuestra una versatilidad especialmente relevante para los nuevos hábitos sociales. La marca ha impulsado propuestas que subrayan esa faceta. Son fórmulas pensadas para resaltar el perfil del brandy en combinaciones más refrescantes, más ligeras visualmente y más acordes con el consumo de día y tarde.

También ha presentado cócteles como Índigo, con Fundador Doble Madera, ginger beer y lima, reforzando esa lectura más social, más flexible y más contemporánea del producto. Así, lo que antes parecía reservado a una ocasión concreta se convierte en una elección natural para un afterwork, un tardeo o un encuentro informal con amigos.

Seguir siendo relevante

Y esa es, probablemente, la mejor prueba de que Fundador está "como nunca". No porque haya renunciado a lo que es, sino porque ha entendido cómo seguir siendo relevante sin dejar de ser reconocible. Su autenticidad no compite con la modernidad: la hace posible. Su origen no lo encierra; le da legitimidad para evolucionar y, como tal, lo ha ido mostrando a medida que ha ido innovando en el sector.

Su legado, por tanto, no pesa; es un argumento para construir el futuro, para seguir siendo "lo de siempre" por todo lo que representa -confianza, historia, autenticidad, origen- y, al mismo tiempo, disfrutarse "como nunca" gracias a nuevos rituales, nuevos momentos y nuevas formas de pedirlo, servirlo y compartirlo. En el aperitivo, en una terraza, en un brindis de tarde, en una copa con hielo o en un combinado fresco: Fundador se mueve hoy con naturalidad por escenarios donde antes quizá no era habitual encontrarlo.