Helio Fernández, director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain.
Así es el plan del IMEC para convertir Málaga en referente mundial de los microchips: "Es una oportunidad histórica"
Helio Fernández, director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain, pone fecha al inicio de los trabajos de construcción del complejo y subraya el valor añadido del proyecto de la capital de la Costa del Sol.
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La llegada del centro de investigación IMEC a Málaga no es solo una inversión más dentro del creciente ecosistema tecnológico de la ciudad. Es, en palabras de Helio Fernández, director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain, "el proyecto tecnológico más importante que hay ahora mismo en España y en Europa" en el ámbito de los semiconductores.
Fernández ha dado detalles del proyecto, que trae consigo una inversión de unos 600 millones de euros y que va a elevar la posición internacional de la capital de la Costa del Sol en materia tecnológica, en la segunda jornada del V Foro de Educación, Innovación y Tecnología de EL ESPAÑOL.
Con más de 6.000 trabajadores, la actividad del IMEC no se limita a la investigación básica, sino que se sitúa en un terreno intermedio poco habitual: el que conecta la universidad con la industria.
Tal y como ha explicado Fernández, ese mismo modelo es el que ahora se traslada a Málaga, con un elemento diferencial que explica buena parte de la expectación generada: será la primera vez que IMEC instale fuera de Lovaina —su histórica sede en Bélgica— una sala blanca avanzada, el entorno imprescindible para la fabricación y experimentación con semiconductores.
Helio Fernández, director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain
Esto hace que se trate de un movimiento "histórico" dentro de la propia organización. El proyecto ha sido el resultado del apoyo económico activado por los fondos europeos procedentes del plan de recuperación tras la COVID y de la coalición del Gobierno de España, de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de la ciudad.
Uno de los interrogantes sobre el IMEC de Málaga se relaciona con lo que se hará en el futuro complejo del Parque Tecnológico de Andalucía (PTA).
En sus instalaciones conviven desde los procesos más elementales —como el tratamiento de obleas de silicio o el uso de gases específicos— hasta la validación final de microchips integrados en soluciones reales.
Durante décadas, la evolución de los semiconductores ha estado guiada por la Ley de Moore, que resumía el progreso tecnológico en una idea simple: hacer los transistores —la unidad básica de un chip— cada vez más pequeños.
Ese camino, sin embargo, está llegando a sus límites físicos. Reducir tamaño ya no es suficiente ni, en muchos casos, viable.
El sector ha iniciado una transición hacia un nuevo paradigma en el que el foco se desplaza hacia la eficiencia energética, los nuevos materiales y las formas de integración. Y es ahí donde el centro malagueño está llamado a jugar un papel singular.
Según el director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain, la futura sala blanca permitirá experimentar con combinaciones de materiales que no pueden probarse en las instalaciones de Lovaina, donde los procesos están más estandarizados y sujetos a restricciones industriales.
Esa flexibilidad abre la puerta a líneas de investigación inéditas y, en términos prácticos, a la posibilidad de desarrollar tecnologías que hoy no tienen cabida en los circuitos tradicionales.
"Vamos a poder hacer cosas que ahora mismo nadie puede hacer", resume Fernández, en referencia a la capacidad de combinar materiales y procesos en un mismo entorno.
El calendario del proyecto refleja también su complejidad. El diseño definitivo de la instalación se espera para finales de este año, mientras que el inicio de las obras podría adelantarse ligeramente respecto a las previsiones iniciales.
La construcción del edificio se extenderá hasta octubre de 2028, pero ese será solo el primer paso.
A continuación llegará la fase vinculada a la instalación de equipamiento científico de altísima precisión, que deberá integrarse en la propia estructura. Este proceso se prolongará previsiblemente hasta finales de 2029, momento en el que comenzarán a salir las primeras obleas de silicio fabricadas en Málaga.
Trabajadores
En paralelo, IMEC ya ha comenzado a desplegar otro de los pilares del proyecto: la formación de personal.
Los primeros trabajadores están siendo contratados y, en muchos casos, pasarán hasta dos años en Lovaina para adquirir la capacitación necesaria antes de regresar a Málaga.
El objetivo es doble: operar las futuras instalaciones y, al mismo tiempo, formar a nuevas generaciones de profesionales en un ámbito que hasta ahora no contaba con infraestructuras de este nivel en España.
Este proceso está teniendo ya un efecto visible: el interés de talento español en el extranjero por regresar. "Hay mucha gente que se fue y que ahora ve en este proyecto una oportunidad real de volver", explica Fernández.
A ojos del responsable del IMEC, el trabajo del futuro centro, en estrecha colaboración con grandes empresas tecnológicas, puede generar un efecto de atracción de muchas empresas que envíen durante meses y años equipos para participar en proyectos concretos.
Y ello podría traducirse en la apertura de oficinas propias y un aumento del interés empresarial por el entorno del Parque Tecnológico de Andalucía, que ya está recibiendo consultas en este sentido.
Peso de Europa
Interpelado por el papel de Europa en este campo de acción, en el que existe una dependencia elevada de Asia, ha apostado porque el continente, más que aspirar a una independencia total, busque "ser imprescindible" dentro de la cadena global.
A modo de ejemplo, ha hablado de Taiwán, que domina la fabricación de chips a nivel mundial pero sigue dependiendo de otros actores en distintos eslabones del proceso. En ese equilibrio de interdependencias, Europa puede encontrar su espacio liderando áreas como la investigación avanzada.