Publicada

España se asoma a una nueva fase financiera, con una banca en buena forma y un ahorro que empieza a mirar más allá de los depósitos, mientras la política y las instituciones siguen bajo examen.

En la primera jornada del VI Observatorio de las Finanzas de EL ESPAÑOL e Invertia, ponentes y autoridades han llegado a un diagnóstico compartido.

El sector bancario español es hoy más rentable, el mercado empieza a atraer el ahorro hacia la inversión y las instituciones tienen deberes pendientes en eficacia.

El mensaje de fondo es que la industria financiera ha hecho buena parte de los deberes, pero la política y las instituciones todavía no están a la altura de ese cambio.

El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, ha dibujado un sistema bancario que llega fuerte a un mundo más frágil, con entidades solventes y rentables, pero rodeadas de más deuda, tipos de interés elevados y menos margen para la improvisación.

El que fue primer presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha dejado claro que su preocupación ya no son tanto los beneficios que la banca obtendrá los próximos trimestres, sino la calidad del entorno en el que operan esas entidades.

Desde la trinchera bancaria, Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), ha reforzado esa idea de fortaleza.

Ha recordado que los bancos españoles llegan a este momento bien capitalizados, con buena valoración en bolsa y con capacidad para financiar las grandes transiciones europeas, desde la digital a la verde, pasando por las infraestructuras y la defensa.

Al mismo tiempo, ha advertido de que esa fortaleza no es un cheque en blanco. La banca necesita reglas previsibles y un entorno competitivo razonable para seguir elevando su rentabilidad sin desatender el papel que se le exige en la financiación de la economía.

Más inversores

El otro gran foco de la jornada ha sido el comportamiento del pequeño ahorrador.

En los últimos años, varios de los ponentes ya venían apuntando a la necesidad de ir más allá del depósito, pero en esta edición la atención sobre el cliente minorista ha sido más evidente.

Ya no se le ve sólo como usuario de cuenta o de productos a plazo, sino como inversor en potencia al que hay que facilitar un acceso más sencillo a la inversión.

​Eso no significa que España no siga siendo un país muy ahorrador, pero el comportamiento de las familias está cambiando y el dinero ha empezado, lentamente, a moverse hacia fondos y otros productos capaces de ofrecer más rentabilidad a largo plazo.

Los datos que se han puesto sobre la mesa apuntan en esa dirección. Gonzalo Ramón‑Borja Álvarez de Toledo, responsable de Swisscanto, ha descrito a España como "un mercado ahorrador que está cambiando", en el que los clientes han comenzado a salir de la comodidad del depósito.

Javier Montes, director general de Banca para Particulares de ING, ha añadido un dato muy gráfico. Alrededor de un 30% de los ahorros de los clientes de la entidad está ya en productos de inversión, una prueba de que una parte de la clientela asume algo más de riesgo para no perder poder adquisitivo frente a la inflación.

El gestor José Ramón Iturriaga, responsable de la estrategia de Bolsa española de Abante Asesores, ha conectado ese giro con la oportunidad que ofrece el parqué nacional.

En este sentido, ha recordado que la Bolsa española ha pasado de años "largos y oscuros", en los que fue una de las grandes castigadas de Europa, a encadenar uno de sus mejores trienios recientes.

​Aun así, Iturriaga ha lamentado que "nadie tiene bolsa española y menos que nadie el propio inversor español", un síntoma, a su juicio, del clima de crispación política y de la falta de cultura financiera.

De esta forma ha descrito la paradoja de un país donde el ahorro existe y las oportunidades de inversión también, pero sigue costando demasiado convertir uno en la otra.

Construir mercados

En esa misma línea, Kindelán ha defendido la necesidad de retener más ahorro en Europa, avanzar en la unión bancaria y el fondo único de depósitos y romper las barreras que todavía fragmentan el mercado financiero europeo.

Para ello, ha reclamado un marco que facilite la inversión del ahorro hacia las grandes transformaciones que tiene por delante la economía europea.

​Así, la banca subraya su papel como pieza clave para transformar el ahorro de los ciudadanos en financiación para la economía real.

Para lograrlo, ha pedido un entorno más atractivo, con mercados de capitales más profundos, menos fragmentación regulatoria y mayor seguridad jurídica.

Deberes de eficiencia

El tercer eje de la jornada ha sido el institucional. Escrivá ha dedicado buena parte de su intervención a recordar que la calidad de las instituciones no es una cuestión académica, sino una variable que acaba influyendo en el crecimiento, en el coste de la deuda y en la confianza de los inversores.

El Banco de España ha comenzado a analizar el funcionamiento de las administraciones públicas. Su conclusión es que España tiene "mucho margen" de mejora y ejemplos de excelencia que no se han extendido al conjunto del aparato institucional.

El gobernador ha citado organismos "de referencia mundial", como la Organización Nacional de Trasplantes, la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados o el Teatro Real, como modelos de buen gobierno que deberían inspirar al resto de la Administración.

La idea de fondo que ha querido trasladar es que, sin instituciones eficaces —en regulación, justicia, permisos o supervisión—, cualquier avance en rentabilidad bancaria o en sofisticación de los mercados se quedará corto.

Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis, ha aportado el contrapunto más crítico. Ha hablado del "tsunami monetario" que, a su juicio, han supuesto años de políticas ultraexpansivas y del "espejismo" de una reducción de la deuda sobre PIB apoyada más en la inflación que en el crecimiento real.

Su advertencia ha sido muy concreta. Combinar una deuda muy elevada, estímulos prolongados y la falta de reformas que aumenten la capacidad productiva de la economía es construir una fragilidad que no se puede ignorar.

El estreno de esta nueva edición del Observatorio de las Finanzas ha dejado una conclusión clara.

El debate financiero en España ya no gira tanto en torno a la solidez de la banca como a la calidad del entorno en el que opera. Con entidades rentables y un ahorro que ha empezado a asumir más riesgo, el foco se ha desplazado hacia la capacidad de las instituciones de acompañar ese cambio sin frenarlo.

Más que un diagnóstico de crisis, se dibuja un momento de transición. La incógnita que sobrevuela no es cuánto pueden ganar los bancos, sino si el marco económico será lo suficientemente previsible y estable para que empresas y familias se animen a invertir.