Bruselas

No ha habido sorpresas en el debut de Christine Lagarde como presidenta del Banco Central Europeo (BCE). El Consejo de Gobierno ha decidido este jueves mantener sin cambios las medidas de estímulo diseñadas por su antecesor, Mario Draghi, para combatir la amenaza de recesión. Los tipos de interés seguirán en mínimos históricos: el tipo de interés general en el 0% y la facilidad de depósito, lo que pagan los bancos por aparcar sus fondos en Fráncfort, en el -0,5%.

Lagarde ha prometido además que los tipos continuarán en los niveles actuales o incluso podrían seguir bajando hasta que la inflación remonte hasta el objetivo del 2% marcado por el BCE. También proseguirá el programa de compra de deuda pública al ritmo de 20.000 millones de euros, pese a la división que generó en el propio Consejo de Gobierno la decisión de Draghi de reiniciarlo. Las adquisiciones continuarán de forma indefinida "durante el tiempo que sea necesario".

"A la luz de las débiles expectativas de inflación, el Consejo de Gobierno ha reiterado la necesidad de que la política monetaria siga siendo muy acomodaticia durante un periodo prolongado de tiempo", ha asegurado la presidenta del BCE. 

De hecho, el BCE ha actualizado sus previsiones de crecimiento e inflación para los próximos años. El nivel de precios se mantendrá por debajo del objetivo del 2% al menos hasta 2022. En cuanto al crecimiento, Lagarde rebaja ligeramente su pronóstico para 2020 (que será de apenas un 1,1% en lugar del 1,2% calculado en septiembre). En contraste, este año la expansión será del 1,2%, una décima más de lo previsto.

En todo caso, la presidenta del BCE empieza a ver señales de estabilización en la eurozona. "Hay algunos signos de estabilización en la ralentización del crecimiento y un tibio incremento en la inflación subyacente en línea con las expectativas previas. El crecimiento del empleo y el aumento de los salarios continúa apuntalando la resistencia de la economía de la eurozona", sostiene Lagarde.

Todavía prevalecen los riesgos a la baja, en particular los relacionados con factores geopolíticos, la vulnerabilidad de los países emergentes y las guerras comerciales de Donald Trump. Sin embargo, estos riesgos "se han vuelto algo menos pronunciados".

Lagarde ha vuelto a insistir que el BCE no puede hacerlo todo y que los Gobiernos europeos también deben poner de su parte para apuntalar la recuperación. Aquellos países, que como Alemania y Holanda, tienen superávit "deben prepararse para actuar de forma eficaz y oportuna". En contraste, los que tienen una elevada deuda pública, como Italia, España o Francia, deberán "continuar con políticas prudentes y cumplir los objetivos de ajuste estructural".

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