Jordi Gual, presidente de Caixabank; Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa y Gonzalo Gortázar, CEO de Caixabank.

Jordi Gual, presidente de Caixabank; Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa y Gonzalo Gortázar, CEO de Caixabank.

Empresas BANCA

Gual y Gortázar ponen las bases para mantener el legado de Fainé en La Caixa

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La Caixa ha transformado 526 euros durante 114 años en 20.000 millones de euros. Esto implica que ha habido muy buenos administradores. Si no hubiéramos logrado el 16,5% anual, no tendríamos esta cantidad. Si sólo hubiéramos sacado la inflación, tendríamos 350.000 euros”. Así explicaba Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, cómo la actividad bancaria ha logrado en este tiempo sufragar la obra social que está detrás de la entidad. 

Una función social que el grupo bancario lleva en su ADN. Su fundador, Francesc Moragas (del que se celebran estos días 150 años de su nacimiento) ponía la primera piedra en 1904 con la intención de crear una Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros, cuyo objetivo era dignificar la vejez, erradicar la enfermedad y ofrecer un futuro mejor a las clases trabajadores y a las personas necesitadas. 

Una esencia que se ha ido transmitiendo generación tras generación al frente de La Caixa y que ha permitido que, de la mano de la actividad bancaria, la actual Fundación Bancaria La Caixa se haya convertido en la tercera entidad sin ánimo de lucro más grande del mundo. Sólo tiene por delante a la Gates Foundation y a Wellcome Trust.

Mantener la obra social 

Con un presupuesto de 520 millones de euros, su futuro depende de dos patas esenciales: los dividendos capturados del brazo inversor, CriteriaCaixa; y los que reporta su negocio principal: CaixaBank. Dos negocios interrelacionados que trabajan por y para garantizar la sostenibilidad de la obra social que, dicho sea de paso, es ‘la niña bonita’ del actual presidente de la Fundación y anterior presidente de la entidad financiera, Isidro Fainé. 

Fue él, precisamente, quien tuteló el plan estratégico que ha guiado los principios de actuación de Caixabank durante los últimos tres años. Presentado en 2016 con un Gonzalo Gortázar como consejero delegado recién llegado, contemplaba una estrategia ideada para crecer en un entorno adverso para la banca y en pleno inicio de la recuperación económica. 

Ahora, tres años más tarde, con Fainé apartado del día a día y con Gortázar como máximo capitán del barco -acompañado en una función no ejecutiva por Jordi Gual como presidente-, Caixabank se prepara para el futuro con un plan que se caracteriza por “los principios de prudencia que han caracterizado la gestión del banco” a lo largo de su historia, señalan fuentes conocedoras de su elaboración. 

El plan de negocio

Ese carácter prudente se comprueba en unos números que contemplan un alza muy moderada de los tipos de interés; un incremento de los ingresos del 5% y un alza de la rentabilidad hasta el 12%. Todo para lograr un aumento del beneficio del 35% hasta los 2.700 millones de euros, según cálculos del consenso de analistas. 

Unos números que están pensados para cumplir si las cosas mejoran un poquito. Si se quedan como están (es decir, si el Banco Central Europeo no toca los tipos de interés) en juego estarán 400 millones de euros de beneficio, y que la rentabilidad se quede en el 10%. 

“Es un plan conservador”, explican fuentes cercanas a la elaboración del documento, quienes reconocen que lo que se busca es que exista previsibilidad y certidumbre de que se va a poder cumplir con lo que se ha prometido. 

Todo ello para no comprometer la viabilidad del banco, ni tampoco la de la obra social de la propia entidad ni la de la Fundación Bancaria La Caixa. Pero de prudencia no se vive, por lo que el nuevo plan contempla también una gran transformación del banco que lo prepare de cara al futuro. 

Una nueva etapa 

Hablamos de la cuarta gran etapa de la entidad, que comenzaba su andadura en 1904 con la creación de la caja de la mano de Francesc Moragas. La segunda llegaría de la mano de José Vilarasau, que fue el creador de la Fundación La Caixa; el tercer gran cambio llegaría de la mano de Isidro Fainé, que preparó el salto de la entidad financiera más allá de Cataluña. Y ahora, llega el momento para que culmine la digitalización de Caixabank. 

Una transformación que tendrá como pilar básico la omnicanalidad, de modo que -sin abandonar la estructura de las oficinas- el cliente pueda tener atención personalizada a través de cualquier canal por el que quiera estar en contacto con la entidad. 

Contempla para ello una transformación de la red de oficinas, cerrando 800 sucursales y abriendo otras 300 oficinas ‘Store’, que son más grandes, rentables y eficientes en la gestión de la clientela.

Se mantiene la apuesta por Agrobank, con un millar de agencias en zonas rurales (que busca combatir la exclusión financiera) e intensificando el proyecto inTouch que permite asesoramiento remoto a los clientes con gestores profesionalizados. 

La apuesta tecnológica

Todo ello vendrá acompañado también de un refuerzo en la apuesta por la aplicación de CaixaBank Now y el banco digital ImaginBank. Todo ello con una apuesta por la distribución de nuevos productos y servicios tanto financieros como no financieros y aseguradores. Una oferta 360 grados. 

Esa transformación será la que los clientes puedan detectar de forma más evidente. Por detrás habrá una inversión de 800 millones de euros en tecnología que pretende digitalizar todos los procesos; dotar de tablets a todos sus trabajadores para mejorar la movilidad de los trabajadores y de la implantación total de las firmas digitales. 

También se está implantando la Inteligencia artificial de IBM-Watson; robotics para automatizar procesos y técnicas biométricas para mejorar el alta digital. ¿Qué otras cosas están haciendo? La potenciación del cloud, el uso de metodologías agile, y un incremento de la cyberseguridad y de la capacidad de procesamiento de datos. 

Una transformación tecnológica con la que se pretende sentar las bases de la Caixabank del siglo XXI,  que debiera permitir la continuidad de la obra social de la Fundación Bancaria La Caixa, y mantener el legado que, en última instancia, Jordi Gual y Gonzalo Gortázar recibieron de manos de Isidro Fainé.