“Well you showed me you can take, you’ve got some giving to do”, George Michael.

El Gobierno de la minoría absoluta ha anunciado a bombo y platillo como si fuera suya la subida de las pensiones del presupuesto de 2018, medida para la que votaron en contra. Pero la alegría en casa del jubilado se acaba pronto. La subida de pensiones se va a expropiar entera en mayores impuestos.

Lo que los jubilados de España ignoran, o ya no merece protesta, es que su aumento se va a evaporar no solo por la inflación, sino con las subidas de impuestos. La inflación, el “impuesto de los pobres”, es causa directa de la imprudente política monetaria jaleada por los redistribuidores de la nada, y ya ha consumido la subida de las pensiones. 

La inflación es siempre un fenómeno monetario. Todos los economistas que se lanzaron a exigir imprimir dinero para “combatir” la inexistente deflación se callan ahora que el IPC sube. Esos que hacían cálculos “personales” de pérdida real de poder adquisitivo de las pensiones ya no hablan de ello, a pesar de que el IPC suba un 30% más que la revalorización de las pensiones. Pero se acabaron las manifestaciones.

Incluso si considerásemos la inflación como un factor externo, que no lo es, el jubilado medio español va a ver la mejora aprobada en los presupuestos expropiada en impuestos. Si es usted jubilado, tiene un coche diésel, una casa y un piso vacío para dejar a los nietos y se permite lujos como conducir y pagar la luz, la “subida” de su pensión, de unos 133 euros anuales, se convierte en una pérdida, porque en IBI le restarán unos 500 euros, en diésel unos 34 y en “impuestos verdes” unos 14 euros anuales. Eso antes de considerar la subida del IBI en 1.295 municipios y los impuestos locales.

Para este análisis no hemos considerado ni la subida del IRPF para rentas superiores a 45.000 euros porque ninguna pensión pública llega a esa cantidad, ni la tasa “Google” o el impuesto a la banca, que pagarían también como consumidores y ahorradores, por la falta de detalles sobre su forma final. El impuesto a la banca ha supuesto en la inmensa mayoría de países subidas en las comisiones a los productos de ahorro, que tienen al jubilado y pensionista como principal cliente.El 91% de los mayores de 65 años reside en una vivienda de su propiedad, según La Caixa. La inmensa mayoría verán los impuestos a esa propiedad subir en 2018 y más en 2019, con cargas adicionales superiores a los 50 euros anuales.

Si hacemos un análisis mínimo del número de viviendas vacías en manos de mayores de 65 años, alrededor de 1,8 millones de jubilados sufrirán la subida adicional del IBI anunciada a las viviendas sin ocupar. A esos jubilados, que no pueden alquilar sus propiedades o no pueden asumir el riesgo de hacerlo, el agujero adicional en el IBI les supondrá casi 500 euros. Los impuestos “verdes” y al diésel, por supuesto, los pagan como el que más.

En el escenario más optimista considerado, un jubilado medio verá el 35% de la subida de la pensión consumida por nuevos impuestos. En el caso medio la subida se consume en un 100% en nuevos impuestos, y en el más negativo, si les afecta la propuesta de IBI a viviendas vacías, perderán más de dos veces la subida de las pensiones. Es tristemente sencillo. El hachazo fiscal propuesto por Sánchez va directo contra el fruto del ahorro y la inversión, y los jubilados, por definición, son los más afectados. Si a eso se le añaden nuevas cargas al consumo energético, sin entrar en los 80.000 millones de euros de costes que quieren añadir unos y otros a la factura, las otras grandes preocupaciones del jubilado, el coste de la calefacción y la luz, se disparan.

El jubilado, como ahorrador y propietario, va a ser -con las clases medias- el pagafantas de las subidas de impuestos. Eso sí, con mucha dignidad. La próxima vez que lean que hay que crear inflación para prosperar y que los impuestos los pagan las grandes fortunas, recuerden. Son dos trolas monumentales.