Van Aert celebra la victoria en la etapa 13 de LaVuelta.
Van Aert se lleva la victoria en Loja tras imponerse en el sprint a Paret-Peintre
Tras casi toda la jornada en la fuga, el corredor de Visma se llevó su primera victoria en esta edición de la ronda española.
El ciclismo también se gana sabiendo estar en el lugar donde todo arde. Y este viernes ardía todo: la carretera, el aire, las piernas y una etapa que salió de Almuñécar con la sensación de que nadie estaba dispuesto a esperar a mañana.
Bajo un sol de justicia, LaVuelta puso rumbo a Loja con prisa. Apenas se bajó la bandera, aparecieron los primeros cuatro aventureros y, casi sin transición, la carrera empezó a romperse por todos los frentes.
En la Venta de la Cebada, 14,1 kilómetros al 5,1%, aquello dejó de parecer una fuga para convertirse en una mudanza. Primero fueron 28 corredores; después, 43. Van Aert, Brennan, Buitrago, Skjelmose, Berrade, Cristian Rodríguez, Pello Bilbao, Küng, Widar... medio pelotón decidió que aquel viernes no era día para guardar fuerzas.
𝑽𝒆𝒓𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒓𝒐 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒆 💚
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Wout van Aert logra en Loja su primera victoria en la presente edición y la cuarta en su historia en La Vuelta.#LaVuelta26 #LaCasadelCiclismo pic.twitter.com/onqAx4mpMn
Movistar, mientras tanto, contemplaba la estampida desde atrás. No tenía a nadie delante y sí una obligación: impedir que el día loco de los demás terminara convirtiéndose en un problema para Enric Mas.
Porque entre tanto nombre había uno que obligaba a sacar la calculadora. Mattias Skjelmose había comenzado la jornada séptimo, a 7:42 del líder, una distancia demasiado grande para hablar de un asalto al rojo, pero lo bastante corta como para no regalarle media etapa.
Los telefónicos entendieron pronto que la victoria podía marcharse, pero la general no. Y pusieron orden dentro del desorden.
Una etapa accidentada
El pelotón empezó a vivir una carrera paralela. Delante se peleaba por la etapa; detrás se vigilaba cuánto podía crecer la aventura del danés. A Movistar le fueron apareciendo aliados por puro interés.
EF quería proteger a Carapaz; Ineos, la posición de Onley; Decathlon también tenía cuentas que defender. Nadie trabajaba para Mas, pero todos acababan trabajando un poco para él. En las grandes vueltas hay días en los que un equipo necesita ocho gregarios y otros en los que la clasificación general se los presta.
La carretera, entretanto, siguió cobrando peaje. Gregor Mühlberger se fue al suelo en la primera gran subida y terminó abandonando, un golpe durísimo para Felix Gall, que perdió al hombre que más tiempo había permanecido a su lado en las montañas.
Después se bajó Pavel Sivakov, cuarta baja de un UAE castigadísimo desde la marcha de Pogacar, y Alpecin perdió de una tacada a Busatto y Sentjens. David de la Cruz también besó el asfalto por culpa de un bidón.
Kooij se la devuelve a Merlier 👊
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El neerlandés se lleva la victoria de etapa y ya es el tercer corredor con más victorias en el @TourofBritain.
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Se levantó dolorido, con las manos y el costado castigados, y siguió. Era uno de esos días en los que llegar a meta ya empezaba a contar como una pequeña victoria. Kevin Vermaeke lo había resumido antes: el día anterior había sentido que pedaleaban «en un horno». Granada todavía no había apagado el fuego.
De aquel ejército de fugados fue saliendo una selección más manejable. Vermaeke, Brennan, Bisiaux, Berthet, Martin, Kron, Leknessund, Albanese, Cristian Rodríguez y Craps lograron abrir hueco, mientras por detrás comenzaba otra carrera dentro de la carrera.
El último puerto, el de Granada, terminó de encender la mecha. Vermaeke probó; Leknessund respondió; Widar se lanzó; y Wout van Aert apareció como aparecen los grandes corredores cuando huelen que una etapa les pertenece: sin pedir permiso.
El belga cerraba huecos, atacaba, volvía a entrar y aceleraba otra vez. A su lado, Visma guardaba una anomalía maravillosa llamada Matthew Brennan, un velocista que, después de más de 3.000 metros de desnivel, seguía apagando ataques como si aquello fuese una avenida plana de febrero.
A falta de diez kilómetros, el equipo neerlandés tenía dos balas y podía dispararlas en cualquier orden.
Otro gran nombre para LaVuelta
Van Aert eligió hacerlo a martillazos. Atacó a 22 kilómetros de meta, volvió a probar, se marchó con Vermaeke, regresó al grupo y, cuando el final empezó a estrecharse, sacó definitivamente el puñal.
A 3,5 kilómetros de Loja arrancó con una violencia que sólo Valentin Paret-Peintre pudo soportar. El francés aguantó la rueda y durante unos segundos pareció jugar a no colaborar, consciente de que estaba compartiendo escapada con uno de los peores compañeros posibles para llegar al esprint. Pero ya no había regreso.
Por detrás, Brennan continuaba ejerciendo de policía del grupo. Por delante, Van Aert conducía hacia una meta que parecía escrita para él.
Loja recibió por primera vez un final de LaVuelta y lo hizo viendo entrar a dos hombres solos. Paret-Peintre trató de discutir lo inevitable, pero Van Aert llevaba demasiadas horas construyendo aquella victoria.
Como si fuera una clásica ⚔️
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Van Aert y Brennan, ataque tras ataque, seleccionan una fuga que se va a jugar la victoria en Loja.#LaVuelta26 #LaCasadelCiclismo pic.twitter.com/KrADPTAFKn
Había coronado, perseguido, cerrado huecos, atacado y vuelto a atacar. En el mano a mano final terminó imponiendo la ley del más fuerte. Brennan llegó tercero, a 24 segundos, completando la obra colectiva de Visma.
Detrás, Mas cruzó otra jornada sin necesidad de enseñar los dientes. No ganó tiempo, pero tampoco lo perdió donde importaba. Skjelmose fue contenido y el rojo siguió sobre los mismos hombros.
A veces una gran vuelta se conquista atacando. Otras, dejando que el incendio arda lejos de casa. Van Aert, que conocía bien el terreno porque entrena por esta zona, aprovechó el único repecho de los kilómetros finales para lanzar el ataque definitivo y llevarse la etapa.
Enric, simplemente, dejó pasar otro día. Granada asoma.