Tadej Pogačar

Tadej Pogačar Bruna Casas REUTERS

La Vuelta

Tadej Pogacar, 27 años: "4 horas antes de la etapa desayuno gachas de avena, tortitas, gofres, crepes y pan con pasas"

El ciclista esloveno, que ingiere hasta 7.500 calorías diarias, desvela los secretos de su alimentación.

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Tadej Pogacar (27 años) no es solo una máquina de generar vatios y destrozar cronómetros.

Detrás de su eterna sonrisa y de ese talento innato que lo ha encumbrado a lo más alto del ciclismo mundial, hay un joven que necesita una inmensa cantidad de combustible.

En las durísimas jornadas de alta montaña, el esloveno puede llegar a quemar hasta 7.500 calorías, un desgaste físico extremo que requiere una planificación milimétrica liderada por el nutricionista de su equipo, el vasco Gorka Prieto.

Para el campeón, el ritual más sagrado de su jornada comienza mucho antes de dar la primera pedalada.

"Cuatro horas antes de la etapa desayuno gachas de avena, tortitas, gofres, crepes y pan con pasas", ha llegado a confesar el ciclista.

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No es un trámite rápido frente a la cafetera: Pogacar dedica 40 minutos innegociables a esta primera comida del día para garantizar una digestión óptima y cargar los depósitos al máximo.

Lejos de los menús espartanos y restrictivos de la vieja escuela ciclista, la lista de alimentos disponibles desmonta la idea de un desayuno monótono.

El desayuno de Pogacar

En el equipo de Pogacar, los ciclistas pueden elegir entre preparaciones dulces, panes variados y opciones ricas en carbohidratos, siempre dentro del objetivo marcado por el nutricionista para cada etapa ciclista.

"Tenemos gachas de avena y de arroz, tenemos tortitas de chocolate, de manzana, de limón, naturales... Tenemos gofres, crepes, galletas de chocolate... También tenemos diferentes tipos de pan (con olivas, con pasas, con tomate seco, con cúrcuma, etc.).

Esta inmensa variedad, repleta de hidratos y dulces, no solo le proporciona energía de liberación lenta, sino que supone un anclaje emocional.

Mientras que en plena carrera su alimentación se vuelve fría y puramente técnica (a base de geles de rápida asimilación y sus inseparables rice cakes o pastelitos de arroz), en la mesa aflora su lado más humano.

Pogacar ha reconocido en varias ocasiones su debilidad absoluta por las galletas de chocolate.

Estos pequeños bocados dulces son su gasolina anímica, pues le recuerdan a su infancia en su Eslovenia natal y le ayudan a mantener la moral intacta frente a la fatiga psicológica que suponen tres semanas seguidas de competición.

Y cuando los focos se apagan, la presión desaparece o hay un gran triunfo que celebrar, a Pogacar le gusta disfrutar como cualquier otro chico de su edad.

Su comida favorita para esos momentos de desconexión no tiene nada que ver con barritas energéticas: una buena hamburguesa con patatas fritas o una porción de pizza son su mayor premio.

El ejemplo perfecto de que, incluso para ser un 'extraterrestre' sobre el asfalto, el secreto también reside en ser inmensamente feliz comiendo.