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El cortejo fúnebre del Cristo de la Liberación esparce su sobriedad

31 marzo, 2018 16:59

La comitiva partió del Colegio Fonseca de Salamanca pasada la medianoche sin necesidad de bajar las escaleras gracias a la construcción de una nueva rampa. Entre cantos gregorianos y el luto de sus acompañantes, es una de las procesiones más singulares de toda Castilla y León

Pasada ya la medianoche del Sábado Santo partía del Colegio Fonseca el Cristo de la Liberación, perteneciente a la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, una de las procesiones más singulares no sólo de la Semana Santa de Salamanca, sino de toda Castilla y León.

En ella se ven hasta cinco hábitos distintos. Los hermanos que abren el desfile con la cruz de guía y los que portan taboletas con pinturas representando distintas escenas de la pasión, visten el hábito del Jueves Santo con escapulario de arpillería en lugar del de lienzo.

A continuación las mujeres visten el traje charro de luto de ventioseno, con falda y blusa negras, medías de labor en blanco y zapato negro con hebilla plateada. Se completa con manto negro rematado en borla cubriendo la cabeza, llevando en la mano rosario y pañuelo blanco.

Los hombres llevan túnica de cola de paño negro, inspirada en la de los antiguos disciplinantes, con capucha y sandalias. Y los componentes del coro de canto gregoriano visten hábito cisterciense de amplias mangas.

El Cristo de la Liberación, que este año no tuvo que ser cargado a través de las escaleras tras la construcción de una rampa en el Colegio Fonseca, es una obra realizada en 1988 por el imaginero cacereño Vicente Cid Pérez. Está realizada en una pasta de resina con alabastro policromada y presenta todo el realismo de un cuerpo humano recién torturado: agujeros de los clavos, pies y manos hinchados y heridas profundas en las rodillas.

Desfiló por primera vez el Sábado Santo 25 de marzo de 1989. Esta imagen de Cristo Yacente presenta al Señor tumbado, con la cabeza inclinada hacia la derecha, con gesto moribundo y de extremo dolor y con la mano derecha abierta, en actitud de apertura y perdón a todos los hombres antes de su muerte. Es portado a hombros por treinta hermanos en unas simples parihuelas de madera.