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Cuando un gesto vale más que un trofeo

30 septiembre, 2017 14:16

Un maratón acaba siendo como la vida misma, con altibajos, pero lo cierto es cuando lo das por finalizado sientes que puedes hacer cualquier cosa, porque correr esos más de 40 kilómetros, como hizo el mensajero griego en la leyenda de Filípides allá por el año 490 a.C. para anunciar la victoria del ejército heleno ante los persas, no está al alcance de todos.

El pasado lunes me llegaban al teléfono unas imágenes sumamente duras de la 39ª Maratón que se disputó el pasado fin de semana en la capital de Polonia, Varsovia, una prueba que es denominada como “el muro” o “la pared” y en la que Recho Kosgei, una atleta keniata de reconocido prestigio y con varios logros en su palmarés vivió un auténtico suplicio.

El infierno de la africana comenzó  a falta de 820 metros para la línea de meta cuando esta comenzó a tambalearse y a sufrir serios mareos, en principio y como ha asegurado el propio entrenador de la deportista, por una mala hidratación que la llevó a estar durante casi seis minutos intentado levantarse para lograr el triunfo, como podemos apreciar en el vídeo que adjuntamos.

Lo llamativo de la cuestión es que Kosgei no corría sola, lógicamente, y que apenas un minuto más tarde de que comenzara su suplicio, a escasamente un metro, pasó como una exhalación la etíope Bekelu Beji, que ni se inmutó ante la agonía de su compañera y que se acabó apuntando la victoria con un tiempo de 2 horas 35 minutos y 8 segundos.

La atención sanitaria en este evento deportivo de gran magnitud también merece la pena ser tratada. En esos seis minutos, ningún médico se acercó a socorrer a la keniata, en algo que difícilmente podría ocurrir en España donde  el aspecto sanitario y la presencia de médicos y ambulancias se cuidan a las mil maravillas.

La organización alegó que aplicó el reglamento de la Federación Internacional de Atletismo ya que el caso de que la keniata hubiera sido asistida, habría sido descalificada aseverando que “Kosgei se encontraba consciente y su vida no corría peligro”.

Esta afirmación parece que no fue compartida por Marek Hladik, el representante masculino de Eslovaquia que marchaba en la décima posición y que ante la estampa de zozobra que observó, paró para auxiliar a Kosgei que seguía luchando por volver a ponerse en pie para acabar la prueba.

Una, Bekelu Beji, decidió seguir con la competición, impasible, prestando nula atención a una compañera tirada en el suelo, todo por un trofeo. Otro, Marek Hladik, decidió pararse y auxiliar a una atleta, la keniata, que agonizaba. En ciertas ocasiones un gesto, el preocuparse por otra persona que lo está pasando mal, es más importante que cualquier trofeo, medalla o premio que se tercie.

https://youtu.be/Fe96_uS2WGs