Opinión

El plan de Génova

5 marzo, 2018 18:03

Novena semana de 2018, la de los datos del paro del pasado mes de febrero, buenos en general, porque hay menos desempleados, más afiliados a la Seguridad Social e incluso más autónomos, pero con una letra pequeña a tener en cuenta. Porque hay menos parados debido a la fuerte emigración, sobre todo juvenil. Comparen mes a mes el descenso anual de parados con el descenso anual de habitantes y verán que casi coinciden. Y en el mercado laboral predomina la temporalidad y la precariedad, pues para crear un empleo son necesarios dieciséis contratos y la mayoría son de días o incluso de horas. Detalles a tener en cuenta para el futuro de la ciudad, en lugar de sacar pecho por unas estadísticas interesadas.

Salamanca debe ser la ciudad de la investigación, y con ella el empleo estable y de calidad, que a su vez genera todo un entramado de servicios que dan riqueza a miles de familias. Lo digo y lo repito a los políticos hasta la saciedad, la investigación tiene que llevarse a cabo en un lugar físico, que hay que mantener, y con personas que comen y compran, que hacen vida, al fin y al cabo, que tienen familia y perduran en la ciudad. Y Salamanca no debe ser una provincia con 80.000 pensionistas, 25.000 empleados públicos, 33.000 empleadas del hogar y 25.000 parados, en la que el trabajo está principalmente en la hostelería y el comercio. Es decir, sólo cotiza uno de cada tres habitantes, y la mayoría en precario. Mal futuro nos espera así. Estamos a tiempo de coger el tren del desarrollo después de tantas oportunidades perdidas.

Desarrollo e investigación al hilo de la Universidad de Salamanca. La semana comenzó con la entrega de la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León a la institución académica por sus ocho siglos de historia. Momento para que los calentadores de silla pudieran aprovechar a buscar la foto fácil, después de escuchar el discurso del rector, Ricardo Rivero, quien una vez más volvió a demostrar que es un brillante orador. Fue un acto en el que además se percibió a un Partido Popular de Castilla y León más unido, por aquello de que las encuestas no son favorable y toca remar para el mismo lado si no quieren que la barca se hunda.

En Génova 13, sede nacional del Partido Popular, no quieren que se convierta en 13 Rúe del Percebe, donde cada cual hace la guerra por su cuenta y todo son problemas. Hasta los jubilados, votantes en masa de los populares, se les están rebelando. El Gobierno tiene un plan y contraataca con ayudas fiscales para los pensionistas y promesas de subir las pensiones más el próximo año, pero muchos están ya tan escarmentados que, como las golondrinas de Bécquer, ya no volverán.

Se rebela la tercera edad reivindicando más pensiones, demanda histórica del Partido Socialista, se rebelan policías y guardias civiles reclamando equiparación salarial, demandada por Ciudadanos desde el principio. Lo vengo diciendo, el partido de Albert Rivera es la nueva Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, donde se refugia el centro derecha moderado pero también esos votantes socialistas que en su día, desencantados, se miraron en el espejo de Podemos pero recibieron un reflejo que no les satisfizo y ahora sí consideran que Ciudadanos es la opción, que no es el centro veleta que pacta con unos y otros, sino una opción de gobierno, el eje sobre el que se sustenten populares y socialistas. Esto se palpa en la calle y se refleja en las encuestas.

Porque no sólo se rebelan los ciudadanos hacia el Partido Popular, dentro del propio PP también. Por ejemplo, el pleno de la Diputación de Salamanca aprobó esta semana una moción, a iniciativa popular, para que la Consejería de Sanidad reduzca de una vez por todas las listas de espera sanitarias, tanto para una operación como para una consulta. Se acabó el servilismo, podría deducirse de la frase “hasta aquí hemos llegado” que se pronunció en el salón de plenos de La Salina. El alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, presidente autonómico del PP, se ha cansado de las largas del consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado, y de los intentos infructuosos, tanto en conversaciones telefónicas como en apartados en las Cortes de Castilla y León.

Espera larga también la de Mañueco para ser no sólo designado candidato del PP a presidir la Junta de Castilla y León a partir de 2019 si gana las elecciones autonómicas, sino a ser presidente ya para no encontrarse con fuego amigo desde el Gobierno regional durante la campaña electoral. Pero Génova tiene un plan, y aprovechando la remodelación de Gobierno por la salida del ministro de Economía, Luis de Guindos, se podrían matar dos pájaros de un tiro, en este caso dos gaviotas. Se dice, se comenta, que la solución sería que uno de los senadores por Cortes, Ignacio Cosidó, salmantino y ex director de la Policía Nacional, volviera a labores ejecutivas, dejando la vacante para Juan Vicente Herrera, que vería con buenos ojos este retiro aforado, porque como ya comenté, no quiere ser vulnerable a comisiones de investigación y procesos judiciales sobre las eólicas y el entramado que el difunto Tomás Villanueva tejió con tanta oscuridad y presunta corrupción.

Durante el Foro Gaceta que tuvo lugar el miércoles, Mañueco tiró balones fuera sobre el asunto de la sucesión, lógicamente, aún no toca meterse de lleno, pero entre los asistentes pregunté a uno importante de las mesas importantes por la ‘vía Cosidó’. Su sonrisa pícara y la respuesta “es una de tantas posibilidades” en cierto modo refrendaron el plan de Génova. Veremos si se cumple. Tiempo al tiempo.

Plan que también pasa por una mayor comunicación de la labor de los populares, sobre todo de diputados y senadores (esta semana nos han enviado notas de prensa de casi todos sobre cuestiones otrora desapercibidas, María Jesús Moro, Bienvenido de Arriba y Esther del Brío), cuya imagen que trasciende a la sociedad es la de políticos que se olvidan de Salamanca y sólo se acuerdan de ella cuando llegan las elecciones. Y no es cierto, tanto populares como socialistas están cada semana preguntando en Congreso y Senado por mejoras para la provincia charra, o interpelando y controlando al Gobierno. Doy fe. Con mayor o menor acierto, como ocurre con el socialista David Serrada y su obsesión por la infraestructuras ferroviarias, que le han llevado a sonoras meteduras de pata.

Y la semana concluyó con el pleno del Ayuntamiento de Salamanca que aprobó el presupuesto para 2018 gracias al acuerdo entre Partido Popular y Ciudadanos, con el voto en contra de Partido Socialista y Ganemos. Una sesión que, al contrario de lo que podría parecer, no fue preelectoral, sino centrada en asuntos municipales y de interés para los salmantinos. Pero hubo un gran lunar. El PSOE pidió un homenaje para el arquero invidente Daniel Martín Anaya, reciente campeón de España de tiro con arco adaptado, pero el equipo de gobierno del PP dio largas al respecto. Espero que sea porque está preparando un homenaje conjunto a deportistas con discapacidad campeones en su disciplina, porque de lo contrario me parecería de una insensibilidad y una bajeza moral supina, máxime cuando el concejal de Deportes, Enrique Sánchez Guijo, es también discapacitado visual y responsable de la asociación Aviva, de la que forma parte Daniel y que promueve el deporte en personas con discapacidad. En este caso he querido decir el pecado y el pecador, porque tales actitudes no pueden quedar en mero chascarrillo. La próxima semana, les prometo más madera.