Opinión

DGT, Príncipe Juan o sheriff

29 agosto, 2017 15:07

Aunque la actual Ley de Circulación no recoge unos principios básicos sobre los que asentar la justificación de tal Norma, es claro que en Derecho, todo aquello que supone ordenar o regular está dirigido a asegurar en libertad el disfrute “para todos” de los derechos objetivos allí expuestos.

En el caso que nos ocupa, “la regulación del tráfico”, es clara, la percepción que tenemos todos, que lo que trata esta Ley, es crear con sus normas y reglamentos un espacio donde se permita una circulación de vehículos y peatones en las vías de comunicación de forma ordenada y en un entorno, (atentos a esto por que citaré más adelante esta entrada) de “máxima seguridad”.

 Pero para ello, todos tenemos que asumir que tenemos un derecho subjetivo, una obligación que nace de la propia Ley si queremos tener esa seguridad vial.

Y cuando digo “todos”, incluyo en esa totalidad al Estado que es el garante con su capacidad -una vez legislado- de hacer cumplir la Ley (él también) y cumplirla (él también).

 La DGT que es la institución que vela por que se aplique esa Ley, no es que esté muy ducha últimamente en cumplir con sus obligaciones. Aparte de los últimos casos de corrupción, o al menos de dudosa gestión, con dimisión incluida de su anterior presidenta Marta Seguí, o la mejorable gestión del actual, cuyo mérito es aumentar la capacidad sancionadora por medio de implementar señales y radares en sitios inadecuados, poco o nada se puede decir que esté haciendo para bajar la accidentalidad de las vías españolas.

Y es que la DGT carga siempre toda la responsabilidad hacia los sufridores usuarios, dejando al prestatario, en este caso al titular de la vía, fuera de toda responsabilidad.

No he visto nunca un anuncio en el que la DGT (aunque sea de forma positiva) asuma que determinados accidentes se pueden producir por vías mal señalizadas, o carreteras en mal estado y pedir prudencia ante las señales de color amarillo indicativas de ese mal estado o de obras que tratan de solventarlo. Estoy por ver -por una vez-, aunque solo sea eso, una vez, que la DGT asuma la responsabilidad de que parte de las causas de un accidente es culpa suya y, créanme si les digo que las hay.

Sin ir más lejos, por ejemplo, el caso de la curva que producía accidentes en Madrid. La M607 en Tres Cantos, donde una madre pudo demostrar que fue el diseño de una curva, la principal causa del accidente mortal de su hijo. Así pues, al titular de la vía se le debe exigir por todas las posibles el solventar cualquier inseguridad que surja, lo grave, es que teniendo constancia de tal defecto no se avengan a solucionarlo en el menor espacio de tiempo posible, es un defecto del que adolece por regla general toda la administración.

Pero hay aún algo más grave que afirma la mala opinión que tengo de la actual gestión de la DGT, algo que roza la negligencia o inoperancia “como es instalar señales limitativas de velocidad, y badenes en sitios innecesarios que aun siendo legal, (son ellos la DGT los que tienen la autoridad administrativa para gestionar) pero a mi entender, repito es innecesario”.

Cuantas veces se ha acusado a la DGT de hacer un uso abusivo de los radares, colocando éstos en vías de muy baja accidentalidad buscando sólo la sanción del veloz.

La instalación de un radar que de forma coercitiva obliga a seguir determinadas conductas es un elemento disuasorio, una medida de prevención y, es ineficaz porque no persigue el fin último, el de dotar a las vías difíciles o más peligrosas de más seguridad, si no se colocan en vías conflictivas a fin de evitar accidentes.

Muy al contrario, se instalan mayoritariamente en vías rápidas o de varios carriles donde los excesos de velocidad son moneda de cambio habitual. No digo que no deban perseguirse estas conductas o acciones, que ponen en peligro la seguridad viaria, pero seguro que vehículos a 130 o 135 son menos peligrosos en vías bien enmarcadas, modernas, con buen asfalto, que otros excesos de velocidad en zonas exentas de estos elementos, y con un alto índice de accidentalidad por velocidad inadecuada para la características de la vía.

 Al final, el principio de seguridad no impera, impera el principio de recaudar.

Pues lo mismo pasa con los badenes, es una forma muy barata de limitar la velocidad, “o paras o te quedas sin coche”.

Recientemente se han instalado, en distintos puntos de la CL-517 de Salamanca a La Fregeneda unas limitaciones de velocidad a 40 donde se instalarán badenes; badenes en vías, que aunque travesías, tienen éstas unas condiciones que no se corresponde con la peligrosidad enmarcada en el límite de velocidad y en el aditamento asociado a la señal.

Solo hay una señal limitando la velocidad a 40 km hora en la que a mi entender como profesional de la carretera está bien instalada no así el badén y es la que se encuentra en la población de Zafrón, pero a mi entender, el corto espacio en el que se produce esa desaceleración multiplicado por el efecto-miedo de los badenes, la posibilidad de que haya accidentes por alcance será grande

Esa instalación, aunque legales repito, difieren en su objetivo con el fin perseguido en la Ley, “no potencia la seguridad general de la circulación”, pues a mi entender, con la limitación a 50 y siempre que se cumpla ese límite, es más que suficiente para asegurar el uso correcto por todos de la vía pues así se ha demostrado sobradamente.

El abuso de los badenes produce un efecto contrario, crea inseguridad, reservas y precaución. No sabes la altura del badén y ante un obstáculo evidente, lo que haces es frenar hasta que tu sensación de que vas a pasar (no a la velocidad que te marca la señal)  sino la que te indicará que el coche no va a sufrir ningún daño por ese salto que se produce. Y ya le digo que esa velocidad no es la de 40 km hora. Algunos directamente frenan hasta casi parar.

Todo este conjunto de señales lo que va a producir es que salvo, aquellos que tengan como destino Vitigudino o poblaciones de más allá, van a dejar de utilizar esta vía, buscarán vías alternativas y creará un rechazo generalizado en aquellos visitantes que conozcan las características de la vía alejando de nuevo el ámbito rural aislado, aumentando esa muralla antiretorno que es la política del PP.

 Les voy a dar una solución, aumenten de una vez el personal en la GC de Tráfico y póngala a vigilar, a estar presente como un elemento más de seguridad, no de inseguridad asociada a su capacidad sancionadora.

Por desgracia, hoy por hoy, esa es la visión que se tiene de este honorable y necesario cuerpo. Visión -seamos justos- que ha sido la DGT la que lo ha impuesto.

Y todo por ese afán recaudatorio…

 Por ser el Príncipe Juan o sheriff del Ministerio del Interior.