La tribuna

¿Pero hubo alguna vez bipartidismo?

¿Pero hubo alguna vez bipartidismo?

Ilustración

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La situación política que vivimos, que sería grotesca sino fuese tan dañina para el bien común, debería, al menos, dejar evidente las grandes fallas -o disparates- de muchas estructuras políticas desarrolladas en los últimos lustros. Por si alguien con criterio y conocimiento pudiese cambiarlas por encima de calculillos partitocráticos o caciquiles.

Por ejemplo, España, dicen, ha superado el bipartidismo. Pero se ha vuelto ingobernable. Sin entrar a discutir qué tiene de malo el bipartidismo -que tan bien le ha ido o le va a democracias consolidadas- veamos qué hemos entendido por bipartidismo. Lo que ha acaecido estos decenios es que un partido de implantación nacional (o casi, porque el PSOE no se presenta en Cataluña) se ha visto en la tesitura de gobernar por mayoría de diputados. Pero prácticamente nunca ha gobernado en solitario, ya que para alcanzar la capacidad de ejercer (Ley de Presupuestos, por ejemplo) ha tenido que someterse a las horcas caudinas de algún partido secesionista y ceder en aspectos vitales del bien común.

Es conocido cómo el último Gobierno de Felipe González convoca elecciones anticipadas porque el exhonorable Pujol le exige la cesión del 15% del IRPF para apoyarle los Presupuestos, y aquél, con lucidez y patriotismo, no cedió por una vez. Poco después se cedería el 30%, siendo el Pacto del Majestic el ejemplo diáfano de lo que acabamos de exponer.

Se han alcanzado determinadas líneas rojas que hacen que determinadas cesiones sean ya imposibles

Aspectos medulares de la convivencia y la prosperidad general eran decididos por algún tercer partido, cuyo objetivo era -y es- romper la unidad, igualdad y solidaridad de los españoles. Se nos podría decir que han existido periodos de mayoría absoluta y cierto es. Pero en esos mandatos, los gobernantes, llevados por su visión del poder cada vez más alejada del ejercicio responsable de la búsqueda del bien común, o bien preparaban su futuro sabiendo que, por desgaste, en la siguiente legislatura necesitarían de los partidos secesionistas, o bien canjeaban favores para mantener poder regional. De resultas, seguían cediendo a diktats en aspectos claves del gobierno de los españoles. Y ejercer el poder satisfaciendo demandas de un tercer partido, o incluso cediendo a su chantaje en temas torales, no es bipartidismo.

En España, la realidad es que al PSOE o al PP, alternativamente, les ha tocado tener que negociar con uno o dos terceros. Ése es el modelo que se ha roto. Y no porque los partidos secesionistas sean menos necesarios, al contrario. Descartada la única solución europea ante el abismo -la famosa grosse koalition-, algún partido secesionista sigue siendo necesario para sumar más de 175 diputados.

Lo que ha sucedido es que se han alcanzado en nuestro país determinadas líneas rojas, por lo que ya determinadas cesiones negociadoras son imposibles, y menos perteneciendo a la UE. En este momento, nuestra Nación tiene dos gravísimas amenazas: la propia desaparición (por la delincuente actitud secesionista de Cataluña, premonitoria de otras) y la caída en manos de un totalitarismo populista antisistema, bolivariano o bolchevique -que tanto da-, o absolutamente incompetente y mentiroso -que es peor-. Éste último, además, es tan disgregador y antidemocráticamente rompedor de España como los secesionistas, aunque desde el disimulo.

El PSOE insiste en el mito de que la pugna derecha-izquierda es superior a los gravísimos problemas de Estado

Ninguna de esas alternativas corresponde a los patrones de cualquier democracia seria europea. A poca ética que al político español preparado e ilustrado le quede, comprenderá que no puede permitir la entrada en el abismo sin intentar oponerse a toda costa; es decir, tendrá que respetar las líneas rojas al intentar formar Gobierno. Ése es el problema, y no el fin del bipartidismo. Y esta situación, curiosamente, hace que en España sea más necesaria aún que en el resto de Europa la necesidad de una gran coalición patriótica de 254 diputados.

España tiene dos líneas rojas en vez de una (como por ejemplo Francia, con el lepenismo), pero la negativa del actual PSOE a darse cuenta de ello, acudiendo al casposo mito de que la pugna derecha-izquierda es superior a los gravísimos problemas de Estado que asuelan España, sólo puede prolongar una larga y dolorosa agonía.

Volviendo al inicio, si salimos de ésta a las terceras, cuartas o quintas elecciones, será el momento de ser lúcidos y evitar que una situación así se repita en el futuro. Será tiempo de acometer los cambios radicales en Educación, independencia de la Justicia (en particular del Tribunal Constitucional), reestudio de la cesión de competencias, tolerancia cero con la delincuencia separatista, ley electoral, ley de partidos, recuperación de la unidad de mercado, etcétera, etcétera. Si llegamos a tiempo...

*** Enrique Calvet Chambon es eurodiputado independiente adscrito al Grupo Europeo de los Demócratas y Liberales (ALDE).