Los reyes eméritos Juan Carlos y Sofía.

Los reyes eméritos Juan Carlos y Sofía.

Las preguntas de la semana

La triste historia de la cándida Sofía ¿y su marido desalmado?

Miguel Ángel Mellado

Sí. Siempre que no sé cómo titular un artículo o un reportaje se me viene a la cabeza el nombre sublime de uno de los libros mágicos de Gabriel García Márquez, La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada. Compuesto por siete cuentos y publicado como un tránsito entre Cien años de soledad y la prolija obra posterior del autor colombiano, está escrito “con un nuevo tipo de frase larga, envolvente, llena de ramificaciones…”, como lo presenta otro grande, Mario Vargas Llosa.

Cuentos, 100 años de soledad, largo y envolvente como una corona, lleno de ramificaciones, más el susodicho título… Me pregunto qué tiene que ver todo esto con la pregunta que quería hacer hoy: tras conocerse más detalles del escandaloso cuento erótico de Bárbara Rey con nuestro don Juan… Carlos, silenciado como se pudo con los fondos públicos; tras un reinado largo y lleno de ramificaciones y amigos tantas veces tan poco recomendables; con la reina de la soledad, Sofía, humillada ante toda España por su marido desalmado, el rey, ¿en qué situación se encontraría hoy la monarquía si Juan Carlos I no hubiera abdicado el 2 de junio de 2014 y siguiera siendo el Jefe del Estado? Esta era la pregunta dedicada, a modo de regalo, para Felipe VI, que mañana cumple 49 años sin ningún escándalo sobre la pechera; al menos por ahora.

Decían los griegos que nadie puede afirmar que ha sido feliz hasta el último suspiro. Y eso es, precisamente, lo que le está sucediendo al rey emérito, en gran medida debido a su mala bragueta y a su conciencia laxa, aderezada desde luego con grandes dosis de simpatía. 

Y eso que estaba muy advertido, incluso por la misma reina Sofía. En más de una ocasión, ella le afeó su liberalidad en temas de dinero y, sobre todo, de sexo, recordándole que “el trono y la monarquía podrían irse a pique por los escándalos y la falta de ejemplaridad del monarca”. Con estas palabras me lo comentó una persona muy próxima a la entonces reina. Hace tantos años que todavía no se había producido el escándalo protagonizado por su hija Cristina e Iñaki, duque de la “Urdanza”.

Don Juan Carlos estaba advertido incluso hasta por escrito. En un documento privado, en manos de este periodista gracias a un antiguo colaborador de Palacio, se le prevenía ya el 27 de abril de 1983 de todo lo que debía hacer y, sobre todo, no hacer para que su reinado no fuera el suspiro final de una institución reinstaurada por Franco y, luego, apoyada por los españoles.

Aquel 1983 no fue un año cualquiera: acababa de llegar al poder el PSOE y el autor o autores del documento titulado “Somero estudio sobre la situación política presente y las previsiones de futuro de España” temían que los ladinos Felipe González y Alfonso Guerra buscaran la caída de la monarquía y la instauración de la república de la manera más sibilina imaginable: facilitándole la buena vida al rey, sin poner obstáculos a todo tipo de desmanes privados.

En la página 15 del referido documento se escribe: “Rebajada hasta cierto punto la figura del Monarca o, más exactamente, elevada y aislada hasta que pierda contacto directo con la vida política cotidiana, el Gobierno socialista procurará proporcionarle todas las facilidades posibles para hacer su vida agradable, cómoda y hasta frívola”.

Y prosigue el autor -¿acaso se trata de Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey, con la supervisión de Manuel Prado Colón y Carvajal, correveidile, administrador y confidente del monarca en los 80?-: “No pondrá inconveniente alguno en que el rey y su familia disfruten de cuantas vacaciones les apetezcan; en que utilicen aviones DC-8, Mysteres, helicópteros y los medios más confortables para sus traslados; en que aparezcan en la prensa practicando los más caros deportes y visitando con carácter turístico los lugares más selectos, donde se alterna frecuentemente con esa especial sociedad internacional que constituye siempre materia propicia para llenar las informaciones y las páginas de las revistas especializadas”.

Este párrafo preventivo resume la historia oficial no publicada de la monarquía no tan modélica de Juan Carlos y su familia. Uno de los ejemplos de disipación en palacio es el lío de Bárbara Rey, mal tapado a base de transferencias millonarias a la vedette procedentes e los servicios secretos y desde el Ministerio de Defensa, con dinero de todos los españoles. Se habla de entre dos y tres millones de pesetas mensuales, cuando pocos españoles ganaban más de 200.000 pesetas al mes a finales de los años 80, 90 y principios del 2000.

Don Juan Carlos y Bárbara Rey.

Don Juan Carlos y Bárbara Rey. Gtres

De aquellos lodos vienen ahora las actuales inundaciones sobre el reinado de Juan Carlos I, cuya historia final está aún por escribir, sobre todo en lo relacionado con actuaciones económicas privadas.

Que la reina Sofía esté rota por la infidelidad de su consorte, como publicamos en un reportaje firmado por Juan Luis Galiacho, no dejaría de ser un episodio común y similar al que sucede en tantas familias. En cierta ocasión, doña Sofía, desesperada por las ausencias de nuestro don Juan, le preguntó a Sabino Fernández Campo: “Dime la verdad, ¿es la misma o son varias?”. La leyenda del amante máquina –decía Ortega que una cosa es el amor y otra los amoríos- la acrecentó el periódico británico Daily Mail al publicar que el rey de España podría haber tenido más de 1.500 amantes. Sensacionalismo. ¡Qué más da! Los asuntos de la cama no cuentan mucho. Los de la caja, sí.

Felipe VI celebra mañana 49 años. Cuando su padre cumplió los mismos, en 1987, en España pasaron muchas cosas. Algunas terribles, como el atentado de Hipercor o el de la casa cuartel de Zaragoza, en el que entre los 11 muertos había cinco niñas. También aquel año Mario Conde fue elegido presidente de Banesto. Al poco tiempo se convirtió en el lazarillo del palacio de la Zarzuela, sin que esté claro quien mandaba más en la súbita asociación, si el señor o el súbdito.

Felipe VI siempre ha estado más próximo a su madre que a su padre y no parece tener similar obsesión por las mujeres, por el dinero y por el mucho gratis de su progenitor y antecesor. Hace unas semanas se compró un Lexus híbrido 450 y descartó un coche de gama más alta, como el Porsche, firma tan querida por su padre. El rey actual pagó el vehículo de su bolsillo.

Si Felipe VI quisiera, estoy dispuesto a regalarle de cumpleaños aquel documento de 1983, “Somero estudio sobre la situación política presente y las previsiones del futuro en España”, actual porque la ejemplaridad no tiene edad. A su padre le habría venido bien leerlo en vez de pasárselo por el forro del armiño.

El cuento del rey desalmado y desarmado con el paso de los años aún no ha terminado. Una pena, precisamente cuando el próximo mes de abril se cumplirán 40 años de la legalización del PCE, operación fundamental en la consagración de la democracia, en la que Juan Carlos I fue decisivo junto a Adolfo Suárez.

¿UN VIOLADOR ANDA SUELTO?

SÍ. Y no es el de Pirámides, que también. Arlindo Luis Carbalho declaró el viernes, en una exclusiva a Andros Lozano y a El ESPAÑOL, que no necesita la castración química porque sabe contenerse. Por el mundo anda suelto otro violador mucho más peligroso, que sí necesita ser castrado democráticamente. En apenas una semana ha mostrado una pizca de todo lo que es capaz de hacer: de alterar tratados económicos con Asia, de triturar las relaciones con su vecino hermano, los Estados Unidos Mexicanos; de defecar en la cara de los Derechos Humanos levantando la prohibición de la tortura… Donald Colt 45 Trump ha demostrado en unos días de presidente que es un peligro público. Y para la humanidad. Tan es así que el simbólico reloj que controlan unos científicos y que marca el fin del mundo ha sido adelantado en 30 segundos.

El pistolero Trump tiene el gatillo fácil y sólo parece entender la ley de la violencia. Si Estados Unidos quiere aislarse, el resto del mundo civilizado debería hacérselo ver pronto.

Donald Trump.

Donald Trump. Kevin Lamarque Reuters

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