Sin soltar amarras

Cultura en Madrid

Madrid, que tiene cosas malas, tiene también alguna cosa buena, y la principal es, seguramente, su intensa vida cultural. Desde Madrid al cielo en un cóctel de museos, teatros centenarios, salas alternativas, hitos del patrimonio artístico y la baza incuestionable de una sociedad inquieta que ha dado oxígeno a la ciudad en los años más oscuros. Esa es la clave: en general, las personas que desde las instituciones han llevado la batuta cultural no han estado a la altura, quizá porque los políticos piensan que de cultura puede ocuparse cualquiera y reservan el cargo para dar sorpresas y hacer favores.

La alcaldesa de Madrid nombró concejal del ramo a Celia Mayer, cuya experiencia nada tenía que ver con la labor que se le encomendaba. Quizá por eso descansó la tarea de la programación cultural en Santiago Eraso. Mayer y Eraso han formado un tándem que parece destinado a ocupar las páginas de la antología del disparate: él diseña la cabalgata de Reyes alternativa con los magos vestidos de payasos de Micolor - que hicieron a muchos niños empezar a cuestionarse el tinglado de Melchor y compañía – , ella la razzia en nombre de la memoria histórica de placas y monolitos protegidos. La penúltima de Eraso y Mayer ha sido la sesión gore de títeres: un espectáculo infantil con violaciones, abortos y guiños a ETA. En un ejercicio de cinismo, ambos se lavan las manos y dicen que no sabían que sus contratados la iban a liar. Ahora preparan la próxima jugada: cesar al director del Teatro Español.

Pérez de la Fuente es una de las personas que más sabe de teatro de este país, y un profesional respetado fuera de nuestras fronteras, pero tiene una mancha en su expediente: tras ser seleccionado en concurso público por un comité de sabios, Botella dio el espaldarazo a su nombramiento. Eso es suficiente para que Eraso y su jefa prefieran tenerle lejos. ¿Para poner a quién? Se sabrá. Me anticipo y digo, a riesgo de que me llamen clasista cultural, que alguien cuya experiencia se reduce a dirigir una pequeña sala de un barrio no puede estar a cargo del teatro más antiguo del mundo. La destitución de Pérez de la Fuente sería una injusticia para el interesado, pero él no tardará en encontrar otros destinos. Las víctimas del desastre serán el Teatro Español y los aficionados madrileños. Veremos qué pasa. Por cierto, los titiriteros están en la cárcel, y Eraso y Mayer, responsables de haber programado su espectáculo, haciéndose el avión.