Un carnívoro cuchillo

A limpiar la cagástrofe

Me encanta descubrir palabras nuevas, sobre todo inventadas, sobre todo si las han inventado bien. Hallo el tesoro “cagástrofe” en una de las novelas de Leonardo Padura que empecé a devorar desde que ganó el Princesa de Asturias de las Letras. Cada día tengo más claro que la novela negra es una de las maneras más inteligentes que en nuestro tiempo perviven de hacer leer y pensar. Con la cucharadita de un crimen se endulzan tantos socavones trascendentes…Encima me ponen en suerte a Padura -vendrá a Libros con uasabi, el nuevo programa de libros de los domingos en la 2 de Sánchez Dragó, donde una también mete cazo y cuchara- y en su sigiloso vozarrón de crooner habanero oigo batir malecones de sabiduría.

“Ser cubano es lo único que se me ocurre que debe ser más estresante que ser catalán…”, se me ocurre largarle, al ver con qué exquisitez, ya tú sabes, aparta la maleza de la política para hablar de literatura y de humanidad, que en su caso son lo mismo. Padura es de esos escritores que no necesitan mezclarse estrechamente con la vida, como Hemingway aconsejaba hacer, porque la vida ya les corre sangre arriba y piel abajo como una estampida de búfalos. Es difícil estar más vivo y escrito que Leonardo Padura.

Su “cagástrofe”, el jocundo neologismo al que aludía, hace referencia a un morrocotudo caso de corrupción estudiantil en Cuba: se descubre una red para falsear los resultados y los éxitos en las pruebas de emulación –cuyo mero nombre ya da miedo…- de los estudiantes de preuniversitario de la quinta de Padura. La límpida mezcla de cagada y de catástrofe lo dice todo. Sólo el orgullo cubano es, en todo mundo, lejanamente comparable al español.

No todo el mundo se toma las cosas tan a pecho, claro. Sin ir más lejos, fíjense en esos señores, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que son al futuro de nuestro país lo que Fidel y Raúl Castro al de Cuba, me temo: una triunfal pasarela al pasado. Un tambaleante puente de cuerda que se cortará limpiamente en cuanto Indiana Jones lo haya cruzado y haya entrado por fin en el templo.

¿Que quién es Indiana Jones, Albert Rivera o Pablo Iglesias? Bueno, yo hace rato que he movido ficha y fe a favor del primero. Aún así, déjenme decirles que visto lo visto, oído lo oído, etcétera, me alegro infinito de que Pablo Iglesias exista. De que exista cualquiera que no sean los otros dos antes citados, nuestros Castro brothers particulares, nuestra cotidiana cagástrofe. Dios, que se vayan a emular a otra parte. Que nos dejen a los demás mezclarnos estrechamente con el futuro…¡y hasta poder desentendernos de la política porque esta ya va, ya funciona sola! ¿Cabe mayor felicidad?