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El barro y la miel

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Donald Trump es un animal de orden y no lo disimula; presume de sus aspiraciones policiales a cada rato. En su afán por limpiar el mundo de pobres, pretende organizar la sociedad como si fuera un panal de abejas. Bien mirado, sus palabras son tan irritantes como reveladoras, el síntoma de que el sistema económico capitalista no goza de buena salud.

En su campaña para llegar a ser presidente del imperio, Donald Trump viene a decirnos que al mundo le sobra gente. De esta manera tan burda, reserva el derecho de admisión para todos aquellos que no acumulan plusvalía ni tienen solvencia para acumular crédito. Huéspedes no deseados que traen un olor de herramientas y de manos; hombres y mujeres que buscan ser vendibles y que suponen un peligro para las gentes de orden; intrusos que atraviesan las fronteras del imperio y que, en su derrota, se dan cuenta de una verdad tan puta como que el trabajo es la única mercancía que baja de precio todos los meses.

Lo que sucede es que hay pocos pasos entre una verdad tan puta y el conflicto de clases que desencadena la revolución. De esa distancia tan corta le viene a Donald Trump un miedo que su metabolismo transforma en demagogia, ese fermento que tanto atrae a los más simples. Porque dentro de esa cabeza ofrecida a las masas, las ideas de Trump se relacionan entre sí de manera aparatosa, chirriando una oscura ortopedia. Es como si sus ideas imitasen la manera de caminar de un granjero recién bajado del caballo, con los andares bien abiertos y siempre en una única dirección; la misma que señala el camino del retroceso antropológico.

Podríamos seguir así un buen rato pero Donald Trump no deja acabar. Nos lo impide con el sonsonete nasal de sus palabras, lo más parecido a un enjambre de balas que sigue zumbando en las orejas aún después de ser traducido. En el fondo -y en la forma- Donald Trump es un pobre diablo con hechuras de emperador de cabras al que algunas rubias se arriman por ordeñar billetera. Un tipo así se suele contestar así mismo cada vez que sumerge el hocico en el barro de la desigualdad. Con todo, vamos a contestarle al tweet que colgó el otro día y, en menos de 140 caracteres, le vamos a poner:

Donald, no seas bruto ¡Acabar con la pobreza en el mundo no significa echar del mundo a los más pobres!