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El downsizing, una práctica que se verá afectada por la llegada de la norma Euro 6c

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El downsizing es una práctica a día de hoy realmente extendida en el panorama automovilístico, consistente en la reducción del tamaño de los propulsores -de su cubicaje- con el fin de mejorar las emisiones de CO2 de los mismos. Estas maniobras, no obstante, no han servido para reducir las emisiones de gases contaminantes como el NOx, o las partículas, sensiblemente más perjudiciales que el dióxido de carbono. 

Para ser justos, conviene destacar que, actualmente, un propulsor de pequeño tamaño, con inyección directa, emite bastante más cantidad tanto de óxido de nitrógeno como de partículas que un propulsor de mayor tamaño pero inyección indirecta. 

La expansión de esta práctica ha provocado una especie de "falseo" a la hora de superar las pruebas de emisiones de cara a la homologación de los propulsores, que gracias a la tecnología de inyección directa y sobrealimentación unida al pequeño cubicaje de los motores, conseguían superar con creces los test de laboratorio NEDC.

Esta tendencia puede estar llegando a su fin debido a la entrada en vigor, a partir del 1 de enero de 2017, de una nueva norma anticontaminación denominada Euro 6c, que sustituye a la actual Euro 6. La principal novedad de esta nueva norma europea es que, por fin, las mediciones de emisiones contaminantes se producirán en condiciones de circulación y no en un laboratorio, bajo condiciones específicamente medidas y controladas. 

Bajo estas condiciones cabe destacar la "silenciosa" presencia de Mazda, que a lo largo de los últimos años se ha ganado la condición de "bicho raro" gracias a la aplicación de una tendencia diametralmente opuesta a la del downsizing más extremo, con motores de hasta dos cilindros y cubicajes anormalmente bajos. 

Mazda ha creído desde el primer momento en la posibilidad de un camino alternativo, que ha materializado en la filosofía SKYACTIV, una serie de ingenios tecnológicos como el desarrollo de motores diésel de muy baja compresión y gasolina de alta compresión que han conseguido cifras de consumo similares a las de los motores más pequeños sin necesidad, en el caso de los propulsores de gasolina, de recurrir a la sobrealimentación. 

Pero aparte del consumo, este artículo trata sobre las emisiones contaminantes, donde Mazda puede sacar pecho sobre todo en el terreno del diésel, siendo el único fabricante a día de hoy que ha conseguido homologar sus propulsores de gasóleo sin necesidad de recurrir a sistemas anticontaminación como los filtros antipartículas o la inyección de urea. 

Es posible que la hasta ahora "rara" tendencia de Mazda sea imitada a partir de ahora por otros fabricantes, que vean en la firma nipona el perfecto escaparate en el que fijarse ahora que el downsizing parece que tiene los días contados.