Vladímir Ilích Uliánov 'Lenin'

Vladímir Ilích Uliánov 'Lenin'

Historia

Lenin después de 100 años: el revolucionario que transformó el siglo XX con el terror del totalitarismo

Su vehemencia, su sectarismo y su frialdad hacia las pérdidas humanas, consideradas “necesarias”, han dejado una huella en la política moderna.

21 enero, 2024 01:51

Cuando Vladímir Ilích Uliánov, que utilizó durante los últimos veinte años de su vida el pseudónimo Lenin, nació el 22 de abril de 1870, su ciudad se llamaba Simbirsk. Más tarde, en 1924, tras la muerte de Lenin, la ciudad pasó a llamarse con su apellido, Uliánovsk. Aún hoy, tras el hundimiento de la Unión Soviética, conserva ese nombre.

Su padre era un inspector de escuela, funcionario de prestigio, muy religioso y partidario de la monarquía. Pero todos sus hijos se vieron implicados en el movimiento revolucionario ruso. El hermano mayor de Lenin, Aleksander, participó en un complot contra el zar y fue ejecutado. Dado que la carrera de Lenin estuvo entregada a la acción política, solemos olvidar la importancia que tuvo para él la vida privada.

Siempre estuvo rodeado por su madre y sus hermanas y, más tarde, por su mujer, Nadezhda Krúpskaya, y su suegra, que vivió con el matrimonio durante años. En su trato diario, Lenin era cordial, risueño, sonriente. Pero también impertinente, impaciente, maniático. Era capaz de aplastar verbalmente a sus contrincantes políticos con una fiereza brutal y despiadada.

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Lenin comenzó su carrera política como un abogado socialdemócrata, en un momento en que el marxismo europeo estaba penetrando en Rusia. Lenin rechazaba el terrorismo que había marcado a los revolucionarios rusos de la generación de su hermano. Pero lo hacía sobre todo por cuestiones prácticas, no por consideraciones morales. Fue detenido varias veces, enviado a destierro, y huyó por fin al exilio.

Durante décadas, en diversos países europeos, organizó una pequeña secta de revolucionarios. Las circunstancias de la Primera Guerra Mundial, llevaron al partido a crecer. Tras el derrocamiento del zar y la revolución de Febrero en Rusia, Lenin, con una convicción de hierro, impulsó un golpe de Estado que fagocitó las instituciones revolucionarias. Luego dirigió de forma implacable la guerra civil y consiguió estabilizar al régimen.

Lenin era cordial, risueño, pero también impaciente, maniático y capaz de aplastar a sus contrincantes políticos con fiereza

El marxismo de Lenin se impregnó de las tradiciones rusas. La unión de los campesinos y los obreros fue una de sus principales novedades. El contexto de represión zarista era muy distinto del de los países de Europa.

Según las tesis marxistas, el socialismo era una época histórica que venía después de la época capitalista. Para hacer una revolución socialista hacía falta que hubiera un régimen capitalista que superar.

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Lenin desarrolló la tesis de que en Rusia ya se había dado el paso hacia el capitalismo y se había abandonado el feudalismo. Esto le legitimaba para hacer la revolución. En un juego de manos muy habitual en él, escamoteaba el problema leyéndolo de la forma más conveniente para sus objetivos.

El legado de Lenin es mucho más ambivalente que el de otras figuras terribles del siglo XX. Su vehemencia política, su sectarismo y su frialdad hacia las pérdidas humanas, consideradas “necesarias”, han dejado una huella en las formas políticas modernas.

Su manera de construir un Estado monopartidista abrió el camino a los totalitarismos y las dictaduras modernas. No hay duda de que, a izquierda y derecha, el modelo leninista representó la aurora de la destrucción que el siglo XX trajo a Europa.

Cronología

1870. 22 de abril. Nace Vladímir Ilích Uliánov en Simbirsk.
1871. Comuna de París.
1881. Asesinato de Alejandro II.
1886. Muerte del padre.
1887. Aleksándr Uliánov, hermano mayor de Lenin, es ejecutado.
1893. Se establece en San Petersburgo.
1894. Conoce a Nadezhda Krúpskaya, su futura esposa.
1895. Viaja a Suiza, París y Berlín.
1896-1897. Es detenido y condenado a tres años de destierro.
1900. Tras pasar 3 años en Siberia, Vladímir Ilích Uliánov se refugia en Suiza y se convierte en Lenin.
1904. Guerra ruso-japonesa.
1905. Estalla la primera revolución. Lenin vuelve a Rusia. Huelga general. El zar promete una Constitución.
1912. Lenin se instala en Cracovia.
1914. Asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo (28 de junio). Comienza la Primera Guerra Mundial (28 de julio). Alemania declara la guerra a Rusia (1 de agosto). Lenin regresa a Suiza.
1917. Revolución en Petrogrado (febrero). Abdicación de Nicolás II (marzo). Lenin llega a Petrogrado (abril). Armisticio germano-ruso. Golpe de los bolcheviques, que toman el poder.
1918. Guerra civil (mayo). Asesinato de la familia imperial (julio).
1922. Lenin, presidente del Consejo de los Comisarios del Pueblo de la URSS. Stalin es nombrado secretario general del Partido.
1923. Recomienda en una carta romper con Stalin. En marzo sufre su tercer infarto y pierde la capacidad de hablar.
1924. Trasladado al pueblo de Gorki, experimenta una leve mejoría pero el 21 de enero fallece.

Aunque Lenin era muy conservador en lo cultural y prefería el realismo, la época de su gobierno se relaciona con las vanguardias: incluso aunque se quejara de lo incomprensible que le resultaban las obras de Kazimir Malévich o de los constructivistas, tuvo la inteligencia de dejarles mano libre para plasmar sus ideas.

Así, la arquitectura, la pintura o la literatura de la época impactaron en Europa y ayudaron a crear la visión de una Rusia moderna y avanzada. Solo con la llegada de Stalin comenzaría la represión y el llamado “realismo socialista”.

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Pese a la riada de muertos que provocó su revolución, no es que Lenin fuera más violento que otros políticos de su época. Lo que sucede es que su objetivo era mucho más radical. A Lenin no le bastaba con crear un nuevo régimen, aunque fuera sobre la base de la dictadura. Quería cambiar el mundo.

La violencia de Lenin, su ferocidad implacable, no se explica porque fuera una roca sin sentimientos. Su vivo deseo de levantar un mundo nuevo no paraba en ninguna consideración moral. El fin siempre era la explicación y excusa de cualquier método.

Para hacer una revolución socialista hacía falta que hubiera un régimen capitalista que superar

Para comprender a Lenin en sus propios términos, hay que alejarlo del mito, insertarlo en su momento y lugar. El anticomunismo banal del tipo del Libro negro del comunismo ha perjudicado mucho a la historiografía científica: más allá de su lícita opción moral, examinar la historia como si fuera un juicio de la posteridad no añade nada a la comprensión de los hechos.

Pero tampoco la historia militante, defensora del bolchevismo, sirve para otra cosa que construir identidad entre quienes profesan una determinada ideología. Existe hoy un revisionismo leninista que es como una bofetada a las víctimas.

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Oculta bajo la capa de la frialdad de Lenin, había una utopía de modernización del imperio zarista y de construcción internacionalista de un mundo nuevo al que jamás se llegaría.

Si Lenin quería igualdad, justicia, hermandad y la libertad que siempre reclamaba de los Estados llamados burgueses, equivocó por completo el camino. La violencia no construye democracia ni solidaridad. El Estado social autoritario tiene tanta culpa de la destrucción del planeta como el capitalismo liberal desbocado.

José María Faraldo es historiador. Autor de Las redes del terror (2018). En marzo publicará Lenin (Catarata, 2024).