El Clásico

Ganar sin Sergio Ramos

El Madrid remató al Barça tras la expulsión del central sevillano, al que el árbitro regaló 59 minutos de juego. No alcanza su mejor forma y genera dudas con miras a la Eurocopa.

Sergio Ramos se retira expulsado del Camp Nou.

Sergio Ramos se retira expulsado del Camp Nou. Reuters

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Cuando el árbitro expulsó a Sergio Ramos, Casemiro ocupó su lugar. Modric y Kroos se afirmaron en el centro y la ‘BBC’ se le juntó lo máximo posible. Dos minutos después, el equipo le dio la vuelta al partido. El capitán merengue resoplaba: su salida, teóricamente, cortaba el mejor momento de su equipo en el Clásico. Había sido el peor de los suyos y además se iba en los instantes decisivos.

La ausencia de Varane limitaba las opciones de Zidane, pero la solvencia probada de Nacho hubiese aconsejado una discreta sustitución del central andaluz durante el descanso. Ramos fue el único madridista que ofreció señales constantes de debilidad, pese a su juego aéreo, y pudo haber dejado a su equipo con diez hombres en el minuto 24, en el 47 o en el 52. Del 83 ya no pasó el árbitro, que le mandó al vestuario por segar las piernas de Suárez en tres cuartos de cancha. Mostró humor el defensa posteriormente en zona mixta: “Me apena haber dejado al equipo con uno menos, pero si llego a saber que ganaríamos con la expulsión me expulso en el minuto 5”.

Falta de frescura

Ramos es el jugador que más faltas hace por partido en el Real Madrid y ofrece dudas desde inicios de temporada, lastrado por sus problemas de hombro y por la autoexigencia de un capitán que tras firmar en verano el contrato de su vida (y ocupar el hueco de portavoz dejado por Iker Casillas) sentía como su deber liderar al equipo. A resultas de ello se enzarzó durante los tiempos de Benítez en un ciclo de descansos e infiltraciones para jugar encuentros importantes, a veces con recaídas post-partido, que nunca le devolvieron la plenitud física. El 0-4 del Bernabéu en la primera vuelta fue la máxima demostración de que el andaluz, definitivamente, no estaba bien. La directiva lo mencionaba constantemente.

No gustaba nada, además, que el sevillano encabezase la rebelión de los futbolistas y baloncestistas blancos contra los servicios médicos del club, dirigidos por el Dr. Olmo (‘doctor Estiramientos’ para los jugadores).

Menos minutos y malos resultados

La relevancia de Ramos en el equipo muestra un descenso pronunciado. Recién cumplidos los 30 años, Varane le supera ampliamente en cuanto a central con más minutos en Liga: aunque juegue todos los minutos de las próximas 7 jornadas (excluyendo la próxima, sancionado por su roja en el Camp Nou), el andaluz apenas superará los 2.000 minutos, su peor registro en el club. 1.000 menos que en la temporada 2011-12 y 700 menos que hace dos años. La temporada pasada ya marcó un récord negativo.

El apartado disciplinario también sirve de indicador: Ramos encabeza la tabla, con dos expulsiones en 19 partidos (y 7 amarillas); ante todo, falta de frescura en un futbolista campeón y experto en jugar partidos trascendentales. No sólo Salah (Roma) le ha sacado varios metros en carrera este año. Su clarísima falta a Messi en el semicírculo del área en el minuto 24, cuando llevaba ya una tarjeta (fuese merecida o no), pareció impropia de un jugador de esta categoría.

La cercanía de la Eurocopa y el pálido juego demostrado por la selección en los dos últimos amistosos engorda el debate sobre el central, titular indiscutible en un equipo que adolece de recambios claros y en el que juega Bartra, casi inédito esta temporada con su club.

Los malos resultados del equipo habían disuelto cualquier velo de simpatía hacia la plantilla por parte de la afición, hastiada e interesada en la profunda renovación prevista para este verano. La victoria en el Camp Nou es la primera alegría importante de la campaña. El futuro de Ramos, Cristiano y otras estrellas depende de los próximos cuatro (o cinco) partidos de Champions. Una temporada comprimida en un mes que comenzó magníficamente en Barcelona, incluso sin Ramos en el campo.